¿Cómo apoyar a la izquierda en Noviembre?

La prensa financiera argentina ha manipulado la información de las cotizaciones del lunes de manera hasta bizarra. Hablan del crecimiento de las acciones locales pero callan sobre el sisma que vale, el internacional. Si se mira bien, el supuesto “giro a la derecha” (El Cronistadixit.) de las elecciones de nuestro país no ha representado más que una pequeña ola en un maremoto de desestabilización. Mientras Milei sonreía para las cámaras lloraba por atrás: es la tercera semana consecutiva de caída del Bitcoin en el mundo entero contra las previsiones de enero que habían anunciado un año de subas permanentes. Sucede lo siguiente: la Reserva Federal y la Bolsa de los Estados Unidos han salido a contrarrestar su crecimiento atando la cotización del dólar al de las criptomonedas y viceversa, la de las criptomonedas al dólar. La forma de hacerlo es simple: la FED emite o presta dólares preestableciendo que irán a la compra de Bitcoins por lo cual la criptomoneda se anula como representación del valor y cotiza simplemente como una mercancía secundaria a ser comprada. Los que creían que emitiendo una moneda a base de Carbono destruían las leyes estatales del capitalismo han quedado reducidos a los vaivenes de los bancos centrales del mundo. Ahora, baja el dólar, baja el Bitcoin, la expresión económica de una guerra encarnizada entre intereses imperialistas.

Pero en sí misma la cotización no explica nada, en realidad, la emisión de criptoactivos a niveles “anárquicos” creció de la mano de los subsidios pandémicos de Biden y los gobiernos de todo el mundo al gran capital. Como tal, la creación de moneda virtual se emparenta con la emisión de papel y se ha transformado ella misma en inflacionaria en una tendencia imparable en Argentina, en Bangladesh pero también en Washington y Texas. La ley crucial que rige a la etapa política es la de un evento sin antecedentes de la subida exponencial de la tasa de ganancia capitalista – se calcula un crecimiento de algunas cajas en doce meses igual a lo que tardaban las empresas en hacerlo en un Siglo entero – sustentada a valores futuros ficticios: la inversión descomunal que ha significado rescatar a las grandes empresas de la quiebra en el año 2020 necesita de una transformación urgente de las relaciones labores internacionales, esto es, todas las fichas de Wall Street están puestas en la consolidación de “estados fuertes” que garanticen reformas estructurales directas (laborales, anulación de indemnizaciones, aumento de la jornada laboral, aumento de la edad jubilatoria) e indirectas (aumento progresivo de impuestos al salario y al consumo). Esta es la razón que explica el crecimiento de apoyo entre la burguesía brasileña a Lula Da Silva y la caída de TODOS los bonos de legislación local en Argentina apenas un día después de la victoria de Cambiemos en la Provincia (Bono 2029 -2,28%; Cupón PBI -0,32%; Global 2041 -6,49%; etc.). Las elecciones de ayer sólo anticiparon la tendencia creciente a una crisis política aguda, en realidad, en comparación con las últimas legislativas e incluso con las últimas ejecutivas el macrismo ha caído en cantidad absoluta de votos. La única fuerza política que ha crecido es el Frente de Izquierda y los mercados tomaron nota a pesar de que la prensa lo disimule. Un sector de la burguesía es consciente de que se trata de una fuerza adaptada al regimen pero no así el millón de trabajadores que los votó y expresa un rechazo político claro a todas las variantes políticas. Dígase: los socialistas no apoyamos la política de Pedro Castillo, el cual llega al poder con el apoyo de los Biden del mundo, pero entendemos la expresión popular de su voto.

En términos políticos, sin embargo, es verdad que los resultados colocan al gobierno contra las cuerdas, sobre todo cuando en los países más vacunados del mundo (USA, Israel) la tapa de los medios de comunicación vuelve a ser la variante Delta. En este marco, los Fernández continuarán la línea que siguen hace por lo menos un año y que es la principal exigencia del FMI para firmar un nuevo préstamo: la anulación definitiva de la política de cuarentenas o cierres sanitarios. Bien visto, vamos a la ruptura definitiva del kirchnerismo con las reivindicaciones populares y por ende a una polarización inédita en la historia argentina. La demagogia del 2020 se ha acabado porque los ha llevado al fracaso. Milei se refirió en su discurso al rodrigazo, época en que la devaluación de Isabel Perón y su ministro de economía gestaron las grandes coordinadoras de junio y julio de 1975. Es esa en definitiva la tendencia que recorre al país y ha quedado demostrado hace no tantos meses por los trabajadores de la salud de Neuquén y por los obreros del puerto del Paraná. Bien vista, otra vez, la elección de ayer le saca margen de contención a la burguesía más que fortalecerla. El miedo a la devaluación no es el miedo a las ganancias que genera sino a la reacción popular, antes incluso del coronavirus, el aumento de cinco centavos del Metro empujó a la masa a hacer lo que Milei no se anima en Buenos Aires: prender fuego todos los bancos de Santiago de Chile.

Sin dudas surge a partir de aquí el problema electoral para la vanguardia que rechaza el giro parlamentarista de la izquierda argentina. Bien mirado, un crecimiento exponencial de sus votos sería un golpe para ellos mismos porque inmediatamente pondría en cuestión el problema de gobernar la argentina, lo que los parlamentaristas intentarán empujar al 2023 pero con ánimos de seguir siendo “tercera fuerza” o de acumular diputados. La realidad es que la suba de votos en toda la historia de la izquierda ha sido una merma que sube y abaja de acuerdo a los desarrollos de las crisis políticas, económicas y sociales. Los socialdemócratas ven en ellas el apoyo a tal o cual propuesta, los revolucionarios, en cambio, hacen de las elecciones el centro de deliberación sobre la lucha por el poder, lo cual implica convocar a votar al Frente de Izquierda comprometiendo a sus candidatos a convocar de forma urgente una asamblea constituyente y la abolición del parlamento al que asumirán. Bien mirada, en realidad, lo que llaman “antipolítica” es el rechazo a una clase social que se adueñó de su representación, se trata de explicar que la única “clase política” es el proletariado. Por su parte, se trata de utilizar el crecimiento de la izquierda para movilizar a las masas. Quien escribe tiene esta posición pero el voto de cada organización política debe ser sometida a la mayor deliberación, incluso hay que pujar porque los grandes sindicatos como el SUTNA deliberen políticamente sobre la elección y el acuerdo con el FMI. Una campaña electoral en manos de la masa obrera supera por lejos el diletantismo de los dirigentes.

Finalmente, como siempre en la historia, la efervescencia derechista tendrá su respuesta, es la dialéctica misma de la sociedad, una ley natural. Las movilizaciones contra el asesinato de George Floyd en los Estados Unidos fueron la respuesta a las invasiones republicanas a los parlamentos locales con metrallas en mano. La elección de ayer ha significado un golpe de consciencia para un sector gigantes de luchadores que ahora responsabilizan al gobierno por haberlos llevado a la derrota. En concreto, sólo a modo de ejemplo, con estos resultados, Milei y Santilli tendrían los votos para cumplir una de sus promesas de campaña: suspender la ley de aborto legal. En ese campo, juegan con fuego, pues por más agitación electoral que pueda lograr la derecha carece de una base popular que pueda hacer frente a los millones que se movilizan hace años por los derechos femeninos en la Argentina. En el mismo campo aparece la ley contra la anulación de indemnizaciones colocando en el centro de la escena al movimiento obrero, el mismo que hizo las jornadas de diciembre y que ahora llegará envalentonado con la posibilidad de una elección abultada de la izquierda. Otra vez, la acción directa dejará en claro que la revolución es la única partera de la historia.

Maxi Laplagne