Por un lado, la puesta en acto de la suspensión del derecho a protesta incluído en la reforma laboral, frente a las cámaras, a la fuerza, responde a una decisión política ofensiva por parte del tándem Macri/Milei, en específico, contra el movimiento obrero organizado. Las detenciones recuerdan a las razzias en las fábricas durante la dictadura militar. Ya la cacería contra la marcha universitaria del 15 de octubre había sido precedida por la detención de docentes porteños. Con más de 700 puntos de riesgo país, el tándem teme que la metástasis de la crisis social se transforme en una rebelión popular.
La avanzada fascista tiene su núcleo en el avance de camarillas empresariales enquistadas al Estado. Los trabajadores del subte denuncian el lavado de dinero que han implicado las obras del subte y la expansión de estos negociados mediante la construcción de nuevas líneas. Emova en el subte, Google en todos los niveles escolares, Remax en los negociados inmobiliarios.
Pero el operativo político contra la clase obrera, sin dudas, quedó en segundo lugar, justamente, por la respuesta contundente, histórica, de los obreros. La convocatoria inmediata a la huelga, los piquetes para frenar a los rompe huelgas, los cortes de calle, en menos de cinco horas dieron vuelta la escena política y trajeron a primera plana la historia combativa de la clase obrera argentina. Macri se fue a dormir con una derrota contundente, cuyos alcances son hoy el centro del debate en las salas de profesores, en las bocas del subte, en las esquinas donde barren los trabajadores municipales.
La clase obrera en acción sintetiza la combinación entre la infraestructura de la sociedad – al tomar nota de que de su músculo depende el funcionamiento – con la evolución de la consciencia política. En esto consiste el proceso de ingeniería de la huelga general que derrotará la avanzada fascista de Milei y los gobernadores.
Maxi Laplagne
