La modificación del impuesto al salario

Escribe Cata Flexer

El 25% de los trabajadores en blanco paga el impuesto a las ganancias, que se transformó en las últimas dos décadas en un impuesto al trabajo. Se discute hoy una iniciativa de Massa en el Congreso para elevar el piso de pago del impuesto, acordado con las burocracias sindicales. Sin embargo, la modificación, que llevaría el piso a $150.000 (de sueldo bruto, no en mano) retrotraería la cantidad de trabajadores que lo abonan a apenas los niveles de 2015, cuando ya era un reclamos de muchísimos gremios la eliminación del impuesto, habiendo dado lugar a varios paros generales durante el gobierno de CFK.

En sus orígenes (1973), se suponía que la “cuarta categoría” del impuesto, que se aplica a los empleados en relación de dependencia, sólo buscaba que los gerentes no evadieran impuestos sobre las ganancias empresariales en sus sueldos, pero hoy pagan el impuesto los trabajadores que apenas pasan el monto de la canasta familiar. La escalada se dió a partir de 2003, ya que durante años no se actualizó el mínimo no imponible ni las escalas (el porcentaje que pagan los que pagan) del impuesto, a pesar de que los salarios comenzaron a subir producto de la inflación. Así, de 500.000 trabajadores que pagaban en 2001 se pasó a 2,4 millones en 2013. En 2007 se había anulado la “tablita” de Machinea de 1999 y el mínimo se comenzó a actualizar, pero siempre por decreto y por debajo de la inflación, por lo que en los años siguientes nuevamente subió la cantidad de trabajadores que pagan este impuesto, no porque suban el nivel salarial sino porque los salarios suben menos que la inflación, pero más que lo que se actualiza el mínimo; desde 2018 se actualiza por RIPTE, pero una vez año, por lo que con los aumentos paritarios a lo largo del año más trabajadores se suman al pago. Así, en 2015 lo pagaban 1,2 millones y hoy 2,25. Durante estos veinte años además se limitaron todas las deducciones que puede hacer un trabajador, por ejemplo, sólo se pueden deducir hijos (de los cuáles se redujo la edad) pero no otros familiares a cargo como padres o hermanos).

El proyecto de Massa, sin embargo, no es un aumento del mínimo no imponible, sino que es un piso que se superpone con esta. Esto quiere decir que el mínimo no imponible se actualizará pero el “piso” que marca el proyecto no, es por única vez, y la inflación lo dejará rápidamente desactualizado. Efectivamente, el gobierno no miente cuando dice que 1,2 millones dejarán de pagar ganancias, pero no dice que con los aumentos de salario por paritarias (por más que queden detrás de la inflación) esos sueldos crecerán y volverán a estar gravados, más temprano que tarde. Tampoco se modifican las alícuotas, es decir, los porcentajes sobre los ingresos que se pagan dependiendo de cuánto se ganan. Lo que ha llevado a que muchos trabajadores calificados elijan no trabajar horas extra porque en vez de cobrar más cobrarían… menos, al verse afectados con mayores alícuotas.

De ningún lado de la grieta se discute, sin embargo, la eliminación del impuesto para todos los trabajadores en convenio. Mientras más de un millón de trabajadores seguirá pagando este impuesto sobre su salario, se exime de diversos pagos a los capitalistas, como es el caso de la reducción en un 95% del pago de las cargas sociales por la pandemia que desfinancia el ANSES, por nombrar uno de los tantos subsidios que fueron a ensanchar las arcas empresariales por el COVID, mientras se eliminaban los miserables subsidios IFE a los desocupados. Al fin y al cabo, ya lo dijo CFK con lágrimas de cocodrilo: no se puede aumentar a los jubilados porque hay que pagar al FMI. Hay que agregar: los trabajadores debemos pagar cada vez más impuestos, porque hay que subsidiar al capital.

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