Cuando todavía en la Casa Rosada confiaban enteramente en una victoria de Bolsonaro, de acuerdo a La Nación, ya había comenzado un «arduo debate interno». «Hay funcionarios que piden políticas de reactivación, como podría ser relantizar el esquema de quita de subsidios». Luego de que por primera vez en tres años el presidente aclarara que «los indicadores no están evolucionando como esperábamos», un informe del reconocido economista Fernando Marull para El Cronista afirma que «la probabilidad implícita de reelección del presidente desdendió 20% en una sola semana».
Después de conocidos los resultados, el núcleo de las discusiones se transformó en uno solo: eliminar las PASO. En La Nación se afirma que funcionarios del gobierno admiten, finalmente, que «el objetivo de ello no es solo político, sino, sobre todo, económico: evitar un escenario como el del 2019 tras la paliza sufrida por Macri». Caputo, otrora purista, se muestra como el más empeñado en sellar un acuerdo con los gobernadores que, dicho sea de paso, «se han independizado económicamente, creando sus propios RIGIS, acuerdos con mineras internacionales, incluso con chinas» (Cronista).
La caída de las acciones brasileñas, «la más alta de la historia en un sólo día» (Julián Soyotivich, financista) arrastró a los «unicornios argentinos». Mercado Libre se derrumbó 11 puntos porcentuales, arrastrando a bancos y fintechs en general. Pero la base del derrumbe está en los bonos de deuda que asumen un default, no tanto por Brasil sino porque faltan dos semanas para que las elecciones norteamericanas que anuncian un desplome de Trump y la pérdida de la mayoría en las cámaras, las mismas que habían tenido acalorados debates acerca del rescate o no a la Argentina en la crisis de deuda del 2025.
El gobierno argentino encara un default, no después de reventar cash en gastos públicos, sino de recortes masivos, anulación general de paritarias e inflación ascendente. Lo hace ahora con un derrumbe en la credibilidad y con datos políticos internacionales desfavorables. Cuenta aún con un único respaldo: los gobernadores de todas las provincias que contienen una sublevación nacional y la burocracia sindical que, de izquierda a derecha, opera para evitar la focalización de una lucha decisiva.
Cuando el oponente está contra las cuerdas el peor pecado es no dar el golpe final.
1917
