Ya no hay vuelta atrás

De Puerto Rico a Argelia, de Israel a Hong Kong, de Santiago de Chile a Minnesota. La inteligentzia se ha volcado a servir de analista política de lo que denomina “el creciente conflicto social” que se le transforma en imposible de calificar más que como “descontento”, “debilidad de la democracia” y un sin fín de argucias retóricas para omitir que el colapso del sistema capitalista hace vibrar las placas tectónicas del régimen gestando movilizaciones revolucionarias a lo largo y ancho de todo el planeta. 

Se expresan de forma desigual pero constante. En algunas ciudades con huelgas obreras de alcance histórico y en otras con movilizaciones de masas contra los gobernantes de turno. El impasse político del régimen se manifiesta en la falta de autoridad de los estados para adoctrinar o contener a las masas. La crisis capitalista pone en jaque la propia lógica del consumo y quien no puede acceder al celular de última generación se lanza a la Plaza del Barrio a compartir experiencias con el resto. Migrantes que se ven expulsados de sus países se vuelven a encontrar en otros puntos del mundo con la mirada fija en decir basta. 

Los analistas políticos de la Prensa Internacional han vuelto en los últimos días a llamar la atención: cómo es que en el balance del 2020, preguntan atónitos, las empresas han omitido el crecimiento imparable de la movilización popular. Para desestimarlas, se lanzan a la teoría de que muchas de ellas son movilizaciones “fascistas” que “nada tienen que ver con los movimientos de los años sesenta”. El método de meter todo en la misma bolsa es más viejo que la propia “ciencia” política y ya fue desestimado hace un par de milenios por la filosofía helenística que descubrió la distinción particular entre cada uno de los átomos que forman el todo de la realidad. Las movilizaciones fascistas, nunca de masas y siempre impulsadas desde los capitolios del mundo, son la pobrísima respuesta a las revoluciones que, como en Chile, ya no tienen vuelta atrás porque han llegado para modificar de raíz las condiciones políticas en las que los oprimidos se lanzan a la vida política. Socialismo o barbarie, obsérvese, conlleva la cópula “o”, la de la distinción”, esto es, sólo uno de los caminos se podrá imponer. Como reza una famosa profecía de la literatura fantástica: “uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida”. Guerra a muerte a la reacción imperialista. 

Maxi Laplagne

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