Campaña golpista contra Victoria Donda

Escribe Maxi Laplagne

No pasó una semana desde que La Nación definió como un ajuste (¡!) el aumento de salario para los empleados domésticos. Sin embargo, ahora han querido transformarse en sus defensores difundiendo con desespero la denuncia realizada por la empleada de Victoria Donda, según la cual la funcionaria le ofreció un plan social a cambio de su renuncia. Sin que se conozca de versiones oficiales al respecto, el diario de los Mitre exige al gobierno nacional su renuncia. Un descaro. Si fuese por el desprecio a los obreros, deberían irse todos, empezando por los grandes empresarios de la comunicación que pujan de forma permanente por salarios a la baja de sus empleados o hasta lanzan editoriales fascistas sin el aval de sus planteles de periodistas.

El regimen capitalista todo se acuesta sobre el maltrato y la denigración a quienes se ven obligados a tolerarlo para no perder sus fuentes de ingreso. La entrega de planes sociales a dedo, por caso, es la norma en las barriadas. Los punteros políticos no son exclusivos del kirchnerismo. Los cuatro años de gobierno de Macri se han recostado en este método, cooptando organizaciones sociales de todo tipo, entre las que se cuenta, claro, Barrios de Pie, la ex organización de Donda que se encargó junto a la Corriente Clasista Combativa, el Movimiento Evita y el Polo Obrero (fracción Gabriel Solano) de contener la movilización popular de los desocupados en los últimos dos años de gobierno de Macri. Pero, justo, horas después de la aprobación del aborto legal, el diario de los Mitre (del cual el propio Macri ha comprado el 15% de las acciones) parece tomar nota de la barbarie que ello representa. El ataque a Donda, claro está, señala con el dedo a los cientos de miles de trabajadores que se movilizaron al Congreso. Atacando a una funcionaria, pretenden defenestrar a un imponente movimiento para el cual la conquista del aborto legal ha sido, apenas, una primera victoria.


Por su parte, claro, Donda es presa de su propio derrotero, que va desde su bautismo político en lucha por la memoria hasta la integración a las listas de Hermes Binner, responsable de incontables asesinatos y desapariciones en las villas rosarinas a manos de la policía santafesina cómplice del narcotráfico. Ahora, luego de haber sido vocera de los cacerolazos contra el cepo cristinista en 2012, al transformarse en funcionaria del gobierno de los Fernández y Guzmán, Donda pagará los costos de un gobierno desprestigiado por haber dedicado todo su mandato al rescate del gran capital, los subsidios millonarios a la gran empresa, el pago infinito a los acreedores internaciones y, por supuesto, ser el primer responsable de la reapertura indiscriminada que ya gestó la segunda ola de COVID, mientras los trabajadores de la salud continúan sin aumentos de sueldo. La defensa de Donda implica, necesariamente, la tenaz denuncia contra el gobierno del que forma parte.

Finalmente, Donda no ha sido elegida por el pueblo. Pero, claro, es apenas un único caso de los cientos y cientos de funcionarios públicos que son elegidos a dedos por la “democracia”. Los ministerios, las embajadas y, en este caso, el INADI, son ocupados por funcionarios seleccionados a dedo por el gobierno pero, sobre todo, por el gran capital que impone funcionarios de acuerdo a los intereses que defienda en las respectivas carteras. Es el caso, claro está, de Nicolás Trotta, nuevo “coequiper” de Donda, ministro de educación elegido por la burocracia sindical y las universidades privadas reconocidas por hacer cotizar en la bolsa de Nueva York la prestigiosa educación pública argentina mediante la venta de cursos de posgrado de todo tipo. Al contrario, un gobierno de trabajadores sometería a la deliberación popular todos los cargos ocupados, designándole a los funcionarios salarios obreros, lo cual los transformaría de funcionarios a verdaderos representantes de los intereses de las masas. La revocabilidad de los cargos, en ese caso, quedaría también a merced de la mayoría popular y no de las arbitrariedades del ejecutivo. Allí vamos.

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