En primera persona | Laura, enfermera del Hospital de niños Dr. Gutierrez

Con el siguiente artículo damos lugar a la sección En primera persona donde compañeros que se desempeñan en diferentes lugares de trabajo, desde los hospitales hasta las fábricas, pasando por el campo, el transporte, las universidades o cualquier otro ramo cuentan sus experiencias laborales desde sus propias vivencias.

Hola. Mi nombre es Laura. Soy enferma del Hospital Gutiérrez donde me desempeño en el área de cirugía cardiovascular.  En mi hospital siempre hubo faltante de personal en el sector enfermería. En la pandemia se dieron licencias que eran necesarísimas de dar (¡muy necesarias!) para evitar los contagios en las familias o los fallecimientos que vimos por las licencias negadas. En mi turno muchas compañeras se tomaron licencia por riesgo y, aparte, como muchas somos franqueras y somos de áreas cerradas se considera insalubre trabajar más de seis horas en estos sitios supersensibles. Como igual nos hacen trabajar doce horas hay algunas medidas como las cautelares donde se obliga a la empresa a que se decrete tu jornada de seis horas. Pasa mucho, sobre todo los fines de semana, que no completamos el personal porque los reemplazos no se designan.

 En mi sector, herramientas de trabajo siempre hay porque es mucho más cuidado que otros pero siempre de la terapia vienen a pedir elementos. En la terapia pasa siempre lo mismo: hay re poco personal atender situaciones que son muy graves. Sé que en otros hospitales también están sobrecargos, me lo cuentan mis compañeras. En muchos hospitales no recibieron aún vacunación, por ejemplo, los pacientes del Borda. En el Moyano los compañeros se enteraron que habían vacunado a un montón de personas pero a nadie del personal. Hicieron una asamblea y fueron intimidados por la policía. Al principio de la pandemia nos querían dar un barbijo cada doce horas, incluso a personas con masters en infectología. Los N95 fue difícil conseguirlos. En varios hospitales los compañeros se quejaban de los materiales horribles con los que atendían y de la poca cantidad que había. Con el cuidado correspondiente salimos mucho a cortar las calles en la puerta de los hospitales porque nos íbamos a morir. En muchos lugares las compañeras se hacían ellas mismas los tapabocas porque a veces directamente no había insumos.

Es terrible lo que se ha silenciado este tema. En la Provincia de Buenos Aires fue peor aún. Con un grupo de enfermeras nos empezamos a agrupar como esenciales del AMBA porque cuando fuimos a recorrer hospitales de provincia vimos que la estaban pasando peor que nosotras. Organizarnos nos hizo sentirnos mucho mejor. Hoy formamos parte del acampe de esenciales frente al Ministerio de Salud donde se han sumado médicos, hemoterapeutas y camilleros. Queremos que nuestro salario sea igual a la canasta familiar para dejar de tener varios trabajos a la vez, que se pase a planta permanente a todos los monotributistas y que se implemente la formación para acabar con las situaciones de violencia de género en el hospital.  

Trabajar en el 2020 fue trabajar con miedo. En mi caso me preocupaba muchísimo que no se atendiera correctamente a los pacientes por el tema de que no había la cantidad suficiente de elementos personales que debería. Más allá de los protocolos que se bajaron, no hubo una reflexión del cuidado que teníamos que dar porque para eso había que tener buenos elementos. Pasó que en un momento teníamos un caso sospechoso de COVID y el bebé había caído a nuestro servicio porque tenía una cardiopatía pero tenía ocho días y era un bebé saludable. La madre había tenido gripe, la mandaron a hisoparse y al bebé lo querían como complejizar cuando tenía que tomar la teta.

En el hospital no existe el aislamiento, hay aislamientos abiertos. En ese lugar no hay baño para que vaya la mamá o para que tenga la mejor contención posible. Estructuralmente no estábamos preparadas para esta situación. Todos conocen los hospitales. Otro caso fue el de una paciente de la villa 31, donde murieron ella y su hija. No la querían atender porque justo había un foco de contagio en ese lugar y nosotras en particular, en el Hospital Gutierrez, teníamos compañeros que trabajaban en cirugía cardiovascular en otros lugares como el Garraham donde contaban que tenían cinco pacientes a la vez, nosotros llegamos a tener dieciocho. Nunca llegaron los refuerzos y menos las buenas remuneraciones.

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