Entrevista, escribe y edita Maxi Laplagne.

No sea cosa que iba en el bondi re tranqui y pum, un piquete cortaba el acceso que llevaba a los visitantes vivos – según rezaba el cartel – del Paraíso. El Señor me había citado a las 16:00 horas y ya eran las 15:45. Desesperado pregunté al resto si sabían qué pasaba y me dicen que los receptores de espíritus estaban de huelga porque hacía meses trabajaban sin parar. Una catarata de almas hacía cola a lo lejos, exigiendo se le abran con urgencia las puertas del Cielo. San Pedro hacía meses que no pegaba un ojo, pobre tipo la crisis del Coronavirus lo arruinó.

Cuestión es que me quedaban quince minutos para llegar a ver, no al Muñeco Gallardo, no a Jorge Altamira, no a mi abuelo santísimo herrero que Dios me lo guarde en la memoria, sino que me esperaba Dios. Imaginate, una locura y yo llegando tarde por un piquete. Que encima lo tenes que defender el piquete viste, porque sos de izquierda, los bancas a muerte, estas con ellos hasta las últimas, pero amigo, tengo que ver a Dios por favor dejame pasar y después me quedo cortando la calle con vos todo el día.

Me dejaron pasar a fuerza de ruego.

Corrí como un desesperado por las rutas del Cielo y a las cuatro de la tarde en punto le toqué timbre al señor. Cuando me recibe, me pregunta si era yo y le digo que sí.

¿Vas a grabar? Me pregunta. Acaso ya los jóvenes de hoy no son como los de antaño cuya memoria era capaz de reproducir exactamente los aedos más bonitos.

Si, pongo el celu si no te jode.- respondí.

Mandale cumbia.

Preguntá, dale.

¿Qué pensás de la evolución de las especies?

Ah, pero más trosko no se consigue.

¿Por qué trosko?

Me mira mal. Cómo diciendo, dale chabón, soy Dios, que me venís a geder a mí.

La evolución de las especies es una tarea biológica magnífica. Fíjese que digo una tarea, pues la infinitud del mundo natural deshace cualquier «teorización». En el mundo natural que yo he creado las especies compiten unas con otros por su supervivencia pero, sobre todo, compiten contra su propia cultura. Todo el tiempo, las especies necesitan adaptarse a formas nuevas de vivir, tal cual las plantas que son tapadas de raíz, por un lado, siguen creciendo por el otro. Las abejas sobreviven millos de años porque logran asociarse y distribuir una tarea tan inmensa como es la de polemizar a todo el resto de la vegetación mundial. Esto es, las especies necesitan agruparse para sobrevivir a los tiempos. Caso contrario, las lluvias, los vientos, las pestes y las guerras pasan por encima de esas especie y las extinguen. Otras especies que logren adaptarse a los desequilibrios de la naturaleza – que me son imposibles de ordenarlos del todo, imaginate que siempre algo se nos va – sobrevivirán. Caben en nuestro mundo especies extinguidas de todos los tiempos.

¿Y qué onda el COVID Diosito, ya nadie entiende nada?

Existen especies en el Planeta Tierra que pasan su vida entera analizando en silencio la naturaleza, la cual esconde los más infinitos misterios. La naturaleza no tiene leyes naturales, pues ella misma es las leyes naturales. Se trata de una fuerza que impone. Del Big Bang al ser humano, cuánta materia ha corrido por el espacio. Y siempre, una y otra vez, las condiciones que impone la naturaleza en determinada época cósmica ordenan la forma que luego adopta el mundo.

¿Es decir que no podemos hacer nada contra la naturaleza?

Yo no dije eso.

¿Entonces?

Lo que digo es que el ser humano es él mismo parte de un recorrido que la naturaleza eligió.

En la Facultad de Filosofía y Letras se enseña que en determinado momento de la Modernidad el hombre comenzó a conducir las leyes de la naturaleza.

Bueno, en las facultades se dicen muchas cosas –se ríe. El término que nosotros utilizamos como cultura lo tenes en el latín humanitas. La «humanidad» es un logro de la lucha contra la naturaleza, contra las condiciones climáticas que le hicieron adversas las caminatas infinitas a aquellos que del Africa a la América iban.

¿Y cómo se lucha contra la naturaleza?

Bueno, ese es el dilema. No te queda otra que dejarla ser. Ustedes los marxistas se la pasaban diciendo que las revoluciones burguesas habían cambiado para siempre las relaciones sociales de producción y que ahora la producción del hombre no dependía de las condiciones de la naturaleza. Bueno, ahí la tenés a la naturaleza. Mierda, los está haciendo.

Seguís sin responderme

Bajá un cambio, nené. Estoy todo el día atento a lo que pasa en el mundo. Además, parece que tardas en procesar los pensamientos, lo que hace que tu erudición sea totalmente falsa. Ya te he dicho que la humanidad es un progreso propio de la naturaleza. Pues, coño, lo que debes hacer para ganarle a la naturaleza es ser más humano.