Entrevista al Dr. Luis Trombetta, jefe de infectología del Hospital Muniz

Entrevista realizada y editada por Cata Flexer

A un año del inicio de la pandemia en Argentina, entrevistamos al Dr. Luis Trombetta, infectólogo y co-director de la unidad COVID del Hospital Muñiz. Durante un año, Trombetta retrató el día a día de la pandemia desde su página de facebook en un diario que se dió a llamar Almagro Insurgente que remite a las épocas en las que los cortes de luz en el barrio eran moneda corriente o al famoso libro México Insurgente de John Reed. Luis nos ofrece un análisis propio acerca de la pandemia de coronavirus así como su gestión por parte de los diferentes gobiernos,  la producción y distribución de vacunas hasta su análisis de la salud bajo el capitalismo. Ofrece algunas reflexiones para un planteo socialista en la medicina. 

P: Conocemos los reclamos salariales, de infraestructura y presupuestarios en general. ¿Qué nos podrías agregar vos sobre la organización misma del sistema de salud?

R: En primer lugar, el stalinismo se ha encargado de crear modelos, como el arte socialista o la forma de ser, si vos querés, que tuvieron que ver justamente con esa idea de formatear un futuro absolutamente autoritario. El propio Guevara, con la idea del hombre nuevo, cae en lo mismo, desde el punto de vista tiene este mismo problema también, crea el “hombre nuevo”. Es una teoría difícil. Yo estoy de acuerdo, la ruptura con este modelo social que lleva doscientos años, va a generar algo nuevo, pero es algo nuevo a por venir. Lo verdaderamente revolucionario sería eso. ¿Y cómo será? 

Cómo va a ser, no lo podemos saber, lo que sí podemos saber o podemos considerar como una perspectiva es que el sistema de salud es parte del negocio capitalista de la salud. Cuando uno arranca de que hay un negocio capitalista de la salud, está hablando de que hay extracción de un excedente a partir de una determinada forma de producción y de la elaboración de un producto. El producto salud es muy difícil de categorizar. Es muy difícil, uno podría decir que el producto de salud es la no enfermedad, uno podría pensar que el producto de salud es una persona sana, pero uno podría decir también que hay enfermedades que no se curan, entonces tenemos un problema ahí, también tenemos enfermedades crónicas. Los egresos de internación, sí, pero la mayoría de la gente no se interna, la verdad que la vida pasa por otro lado. Entonces podríamos pensar en algo mejor desde este punto de vista, que es el reintegro a la producción. La salud lo que viene a hacer es limitar estos problemas que limitarían o traerán inconvenientes en la producción. Dicho esto, el problema está en que la salud está dirigida hacia la obtención de una ganancia. Vos lo escuchas a Belocopitt (dueño de Swiss Medical), el tipo dice “nosotros estamos bancando la pandemia en el sector privado, no nos alcanza la guita”. Él dice, “yo tengo un modelo de negocio con determinada ganancia y se me está achicando”, la hace simple, honesto y sincero.

Argentina tiene un sistema de salud muy particular, que tiene tres segmentos bien definidos, y otros tantos que desconocemos. Está el hospital público, la obra social y el sector privado. Pero el problema es el siguiente, esa segmentación que ha sido clásica omite que este es un país federal, y que cada jurisdicción, aún las más pequeñas, toman sus propias determinaciones y tienen sus propias instituciones. Primera cuestión. La segunda cuestión, dentro de este federalismo, para mi, mal planteado en Argentina, es que una provincia, una jurisdicción, una legislatura, un ministerio de una provincia, puede no acatar una ley nacional. Esta semana me escribe un compañero de Misiones y me dice “¿a vos qué te parece?, porque acá en Misiones están usando para COVID medicamentos que en otros lados ya no se usan: ivermectina, hidroxicloroquina…”, mirá, no, ya no se usa más eso. No hay respaldo académico. Y ellos lo usan igual, eso significa que el Ministerio de Salud de la provincia adoptó una determinada elección que no es la del Ministerio de Salud de la Nación. Eso define lo que es la anarquía del sistema. 

¿Cómo sería de otra manera? Nosotros hemos dicho durante mucho tiempo “hacia un sistema único de salud”. Hoy yo lo reviso. Porque el sistema único ya existe, y esto es la parte sorprendente. Por ejemplo, después de la desregulación de los ‘90, vos en la obra social te podés pasar al sector privado, hay una comunicación legal por la cual vos podés tener la obra social de capitanes de ultramar, que a la vez tiene convenio con Swiss Medical, y vos pasás a ser, de acuerdo a la categoría salarial, o con un plus, Swiss Medical. Después tenemos el caso de las obras sociales que crearon sus propias prepagas, Unión Personal/Accord Salud. Después tenés dentro del sistema público sectores privatizados, tercerizados o que combinan, entonces ya los límites entre estos tres sistemas no son tan claros. Tenemos un sistema que tiende a compartir de alguna manera poblaciones, administrado desde diferentes lugares. Entonces yo lo que creo es que habría que pensar en la administración central del sistema de salud. 

Por otro lado, las obras sociales y la seguridad social han sido siempre consideradas como un avance de la organización de la clase trabajadora aunque después hayan quebrado, que la burocracia haga de esto parte de su fortín (la parte fuerte de una burocracia es eso). Entonces qué pasa, uno no podría destruir las obras sociales, es como pensar en destruir un sindicato, uno lo que tiene que pensar es bajo qué dirección o conducción funcionan las obras sociales.

Hoy a los 65 lo que estoy pensando, esto que hablábamos antes, es que esta idea de la consigna, es superficial. La clave es que todo debe modificarse, no sabemos cómo va a ser, no sabemos quién lo hará, pero sí es seguro que así no camina. Así queda mucha gente afuera, mucha gente en el camino y no sirve. Bueno, sirve porque sino estaríamos todos muertos, pero está visto que partimos de la idea del negocio capitalista, tenemos que terminar con el negocio capitalista, después vemos cómo hacemos, cómo lo reorganizamos. 

P: Hasta ahora hablamos del sistema sanitario en general, pero estamos en un momento crítico ¿Cómo respondió el sistema de salud frente a la pandemia? 

Bueno, con las características que tiene. Con la anarquía de la producción. Yo estoy encargado, en el Hospital Muniz, de la co-dirección de internación moderada. Soy jefe de división, fijate que remeda a la estructura militar, tengo a mi cargo cuatro unidades, cuatro salas. La cuestión es que viene la pandemia y el gobierno de la ciudad propone, pregunta, qué puede hacer cada uno (de los hospitales). Entonces nuestro director dice “tenemos un lugar, el Pabellón Koch, pero hay que remodelarlo, porque está muy mal. Tiene dos pisos, capacidad para doscientas camas ya, pero bueno, no tiene oxígeno central y otras cosas. Acá tenemos ya para doscientas camas, tenemos pocos baños, etc. pero si se viene la crisis hasta en los pasillos ponemos doscientas camas más”. Y el gobierno compra, va y pone la plata. Nombran dos coordinadores, otro compañero y yo. Hoy me nombraron coordinador del comité de crisis. 

P: ¿Se viene una crisis entonces? 

R: Si, claro que se viene. El gobierno diseña en la ciudad esquema de círculos rojos, que dice, tales hospitales integran la primera línea. El Hospital Muñiz es como la proa. Está el Argerich, el Ramos Megía, y con eso tenemos cierto volumen de camas, porque además tienen que tener terapia intensiva. Y en el Hospita Muñiz nosotros tenemos un departamento de terapia intensiva infecciosa que tenía capacidad para veintipico corto de pacientes, ponen la plata, se terminan creando cinco unidades de terapia intensiva, con capacidad para poner cincuenta camas. Ahora, cuando escuché esto me empecé agarrar la cabeza, a ver con qué gente contamos. Pero tenemos un plan estratégico, tenemos las cinco unidades de terapia, tenemos el pabellón Koch con cuatro salas de 35 camas cada una, llegamos a tener 120 pacientes internados. Tenemos un área que no está del todo refaccionada pero que podemos poner más camas, ahora tenemos oxígeno central (porque claro, no había, trabajamos con tubos de oxígeno, llegamos a tener cientos de tubos de oxígeno, hubo que contratar gente para llevar los tubos, 25 personas, ahora tenemos central, un tanque gigante). Necesitamos organizar planteles. Nos dieron la libertad de cerrar otros servicios, organizamos un turno de la mañana, un turno de la tarde, y turnos verticales, guardia del pabellón. Se cerraron dos salas comunes para transformarlas en covid. Se contrató gente, con contratos precarios. Nosotros pasamos de Hospital Muñiz a Hospital COVID, hay cosas que las destruímos, teníamos una sala de hepatología, la transformamos en una sala de sospechosos febriles. No se colapsó, no, pero se trabajó en los bordes, sí. ¿Cómo nos fue en el Muniz? ¿Se nos moría la gente en los pasillos? No ¿Tuvimos problemas con los trabajadores? Sí. En septiembre/octubre empezó a bajar, noviembre fue menor, diciembre hubo un amague de crecimiento después de manifestaciones, actos, Maradona, etc, y hubo un relajamiento; y nosotros perdimos contratos, gente que por distintos motivos se fue, el gobierno de la ciudad prometió reponer esos cargos, y no sucedió. Yo no puedo decir que en el Hospital Muniz haya habido una política equivocada, pero ahora hay un claro ajuste. Al principio se financió mucho, me parece que atemorizado por lo que podía pasar, después cuando empieza a disminuir ajustó. 

P: Durante 2020 se desarrolló en el mundo una especie de carrera por la producción de una vacuna, ahora sigue, pero estamos ya frente a una guerra por el reparto. ¿Se podrían fabricar masivamente las vacunas en Argentina si se liberasen las patentes? ¿Qué opinás de la campaña de vacunación?

Nosotros no tenemos ni escala ni condiciones para producir las vacunas. Te voy a decir algo que te va a resultar difícil tal vez, que va a producir ruido, que es que cuando se mezcla la política con la salud sale mal. Cuando yo le pongo contenido ideológico o adelanto un contenido político como fue lo que dijo el presidente, como que en diciembre íbamos a tener tantas vacunas, ya arrancaste mal, porque no las tenés. Ahora, una cosa es decir “nosotros apuntamos a tal cosa”. Además estás leyendo mal la realidad. Te diría de la misma manera en que Carrió dijo que la vacuna rusa era veneno. Fijate vos que la vacuna Sputnik es la que mejores laureles lleva, ha soportado todas las críticas. La de Astra-Zéneca quedó fuera de campeonato en algunos países porque encontraron efectos adversos. No la pueden terminar de fabricar, anunciaron que la Argentina fabricaba vacunas, que el convenio con México, las mandaron a México, en México no las pueden envasar. Esta idea de que yo tengo una planta en Villa Adelina y la casa matriz la tengo en San Martín y Bartolomé Mitre. No es así, es México. No solamente eso. La Sputnik se fabrica en la India. ¿Y en Argentina no se podría fabricar? El laboratorio Richmond tiene que construir la planta. En todo caso, no es para ahora. Escuché algo que es más razonable. Que si se construye algo y se produce en Argentina dentro de un año, bienvenido, porque se cree que va a ser una vacuna estacional, que va a haber que seguir repitiendo.

Entonces hoy se ven los efectos de esas promesas demagógicas, en nuestro medio, en vez de haber dicho, muchachos estamos complicados, estamos en la cola. Y además la campaña de vacunación tiene generar en la gente la necesidad de ser vacunada. Vos tenés que generar el deseo de que te vacunen no la preocupación de si la vacuna es buena o mala o si te va generar no sé qué cosa. Entonces para eso tenés que montar una campaña de propaganda y de captación. Si vos en ese camino ponés cada quinientos metros en la calle un puesto y todos los días diez minutos de televisión a favor de eso, y no al estilo cristina cadena nacional, no estos chantas que han aparecido como asesores que algunos no pueden asesorar sobre nada. Y pero claro, por supuesto, son pronosticadores, son peores de los que hacen el horóscopo en el diario. 

Y volvemos al negocio de la salud. Los consorcios que se armaron involucraron estados, capitalistas, laboratorios y ya antes de fin de año, antes de que hubiera vacunas, ya se empezaban a cotizar. Es sensacional, ya había timba antes de que tuvieran el primer frasquito. Y además algo que va de suyo, que es que el que puso la plata quiere que le den la vacuna, a ver si te voy a financiar la tuya. De hecho Putin lo dijo, la producción es primero para Rusia. Los americanos han triplicado la cantidad de vacunas necesarias; Canadá tiene para vacunar a dos países. Ahora, cuando uno piensa en al planeta, a la humanidad, frente a una catástrofe estamos como en la película 2012. Una es Armagedon, una película en la que hay que destruir un asteroide que amenaza la tierra, entonces van astronautas rusos, americanos, son todos buenos, se olvidan de todos los problemas. Armagedon es la comunidad ante el peligro de destrucción de la humanidad. ¿Y 2012? Se viene el final del mundo y un grupo organiza el salvataje en unos transatlánticos especiales y los demás se quedan afuera. Dentro de esas dos naves están los que tienen el poder. Entonces uno piensa, ante la pandemia, qué había que hacer, un consorcio internacional. Hubiera sido lógico, incluso dentro de la sociedad capitalista. Hagamos una cosa, juntamos a los cincuenta tipos que pueden hacer esto y los ponemos en el mejor laboratorio, muchachos, de acá adentro hasta que salga la vacuna.” Y una vez que tenemos una fórmula la producimos en masa, no sólo el laboratorio que la desarrolló. Frente a una catástrofe humanitaria, aún en el régimen social en el que vivimos, podrían haber dicho, por quince días nos olvidamos, pero no lo hicimos. 

P: ¿Qué opinás de la vuelta a clases?

Tenemos una generación de padres saturada de estar con los hijos. En un escenario, además, de pobreza. A los pibes hay que darles de comer. Para eso está el colegio. Y en el colegio está la maestra, la maestra ya no los alfabetiza, les da de comer. A ver, lo necesitamos. Sí, hay que darles de comer a los chicos, pero no me digan que el problema es la educación, el problema es qué hacemos con los pibes adentro de casa. Esto sería un prejuicio mío. Pero después algunos van a laburar y quién se queda con las criaturas, la maestra. El colegio es merendero, el colegio es comedor, el colegio es el sitio donde familias han decidido que deben formar a sus hijos. No, los chicos se forman en el núcleo familiar, el colegio alfabetiza, socializa. En esto no importa la composición de la familia, si es la tía abuela y los primos putos, no hay problema, si son dos madres lesbianas, pero hay una organización familiar que es la que conduce a los cachorros, hay que bañarse (en un sentido ideal, porque muchos no tienen canilla), a determinada hora comer, a las 11 apagamos la televisión que mañana tenés que ir al colegio. Pero quiero decir, si vos me decís qué es la familia, la familia es un modelo de organización, punto. Cuando se dice en el discurso público que el colegio es el responsable se equivoca, el colegio no está para eso. El colegio alfabetiza, el colegio abre las perspectivas del pensamiento, enseña a pensar, si vos querés, prepara al individuo para enfrentarse a la vida de la producción. Entonces tenemos este problema: los padres que no se los aguantan, la guita que no alcanza, hay que ir a laburar, quién se queda con los pibes, entonces, se abren los colegios. 

Si el contagio fuera sexual (mirá lo que te voy a decir) como pasó con el SIDA, el tema sería no coger y se acabó el problema. Pero como respirar, respiramos todos, no podemos limitar el intercambio. Uno puede decir “pónganse a distancia”… eso dura un minuto. Entonces la apertura del colegio es una necesidad que no surge de una valoración del problema educativo sino que surge de las condiciones sociales que han determinado todo lo anterior. 

Este fenómeno histórico novedoso, hay que interpretarlo como una situación planetaria. Con las desigualdades y los procesos particulares, si vos querés. Yo estoy diciendo, teníamos una situación de riesgo, desconocida, al día de hoy no sabemos cómo se maneja esto, cortemos por lo sano. Evitemos el subte, las aglomeraciones. Entonces digo, ¿a qué responde? ¿a una estrategia? Tal vez sí. Pero no es la que yo comparto. 

La Sociedad Argentina de Pediatría y muchas corporaciones han dicho que si los chicos no van al colegio se boludizan. Y tienen montones de síntomas, no sé qué cosa. Mirá vos. Así que si no van al colegio vamos a tener una generación de tarados. La Segunda Guerra Mundial. Inglaterra bajo bombardeo. Todos los días Hitler les tira todo lo que tiene. Se produce la Batalla de Inglaterra, la batalla aérea más importante de la historia. Los hacen mierda. A los chicos los mandan al campo ¿con la familia? No. Los mandan al culo del mundo para salvarlos de los bombardeos. Che, qué mal que les fue a esos pibes, hoy esos pibes son la dirigencia de setenta u ochenta años que están hasta ahora. Esos chicos estuvieron cinco años bombardeados, después la reconstrucción. Alemania. No quedó nada. Berlín, Dresden, Hamburgo, nada. Y Alemania es hoy la primera potencia industrial del mundo, los chicos salieron re boludos. ¿Y acá porque tenemos un año de pandemia y no van al colegio se habla del retroceso socio-cultural de los niños? Es una exageración. 

Eso es lo que yo pienso de la vuelta a las clases, es un riesgo, no comparto el soporte ideológico de distintos sectores de la burocracia, el problema es otro, no podemos juntar gente, los colegios no están en condiciones, no hay baños, no jodamos, es una cuestión sanitaria. Me dijeron que la ministra de Ciudad dijo que los chicos se pueden sacar el barbijo en el colegio. Lo peor es que siguen diciendo que los chicos no contagian. 

P: ¿Qué diferencias hubo en el abordaje de la pandemia en Argentina y Brasil, Fernández y Bolsonaro?

Vamos a suponer que Fernandez creyó que si juntaba a un grupo de asesores, algunos que no pueden asesorar nada (pero no importa), él consideraba que creaba un estado mayor sanitario, podría ser una buena idea. Pero era al revés, los que están ahí son kirchneristas, más de uno está disciplinado a la política, lo que te decía antes, primero somos del palo. Cuando promete vacunar, genera expectativas falsas. Cuando baja línea en el congreso para modificar la ley y que Pfizer sea beneficiado, se equivoca de nuevo. No se puede tener ingenuidad en esto. Cuando saca las cadenas nacionales estoy de acuerdo; cuando habla como si estuviera dando clase se equivoca, porque el auditorio es todo un pueblo, no un curso. Cuando la pone a la payasa filomena, es el desbarranque absoluto. Ahí yo dije “este gobierno lo dirige filomena”. Y cuando comienza a sentir las presiones de una economía que venía en crisis y que los sectores de capital más concentrado (porque el que reclamaba no era sólo el almacenero de la esquina, era la UIA) exigen, claudica. Es como Vicentin, amaga y al final en vez de pegar, cobra. Entonces de una situación de pánico, mirando lo que pasaba en Europa quiso darle un contenido de seriedad habló, abusó de ese lugar, le fracasan las vacunas, tiene la propia interna vacunatoria, habla de que no es un líder que domine la escena. Eso es Fernández para mi. 

Vos me decís Bolsonaro. Bolsonaro es un psicópata. Un sociópata. Un tipo que hace sufrir. Esto que es un juicio apresurado tiene que ver con el desprecio que manifiesta frente al dolor social que producen los miles de muertos. Y que a la vez niega la ciencia. También detrás de un posicionamiento político. El tipo, igual que hizo Trump, dijo “acá no pasa nada”, espero que se mueran tantos miles y después se vaya solo, y al final de cuentas me van a dar la razón porque seguimos manejando la economía, más o menos sobrevivimos. También en una sociedad donde los estados federativos hacen lo que se quieren. En donde además hay movilizaciones a favor, hubo una movilización hace unos días de anti-vacunas. Entonces es muy temerario decir que el tipo está solo y es un loco. No, tiene una base de apoyo sostiene una posición que sacrifica a sectores sociales y al mismo tiempo consolida su base social. 

Pero me parece que son son polos opuestos, son diferentes formas de la administración capitalista de la pandemia.

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