Estudiantes: si los obligan a ir a la escuela, ¡tómenlas!

Escribe Maxi Laplagne

Si hay un sector de la sociedad al que los gobernantes han dejado por fuera del debate sobre la vuelta a la presencialidad, estos son los millones de estudiantes de todo el país. De hecho han sido dejados a la deriva desde el propio inicio de la pandemia porque, a pesar de los relevamientos oficiales afirmando que nueve de cada diez estudiantes carecía de conexión adecuada para la educación virtual, el gobierno no repartió ni una PC, no se liberaron los datos para conectarse y, aunque tanto se habla de los problemas de salud mental generados por el encierro, a ningún joven de la Argentina se lo asistió psicológicamente. Varios informes anuncian que en el 2020 creció a niveles inéditos el trabajo de menores de edad en fábricas y comercios. Ahora, en una improvisación total, el gobierno manda a los jóvenes a las escuelas a contagiarse porque la realidad es que las burbujas no existirán ya que los docentes recorremos más de cinco escuelas por semana, viajamos en transporte público y depositaremos el virus en las aulas. A los estudiantes ¿qué se les pedirá? ¿Que vayan a la escuela pero no salgan los fines de semana, no hagan deportes, no tengan sexo, no se junten con amigos, no hagan cursos extra escolares?

Para la organización estudiantil, el 2020 ha sido un golpe porque los centros de estudiantes se desarmaron y las grandes marchas históricas como las del 24 de marzo o el 16 de septiembre no pudieron realizarse. Pero ahora la cosa será todavía peor. Los secundarios deberán ir a la escuela pero, por protocolo, no tendrán permiso para hacer reuniones, asambleas ni eventos culturales. Los centros de estudiantes no se podrán formar ya que el reglamento establece que sólo se puede asistir a la escuela en burbujas. De esta forma las arbitrariedades contra los estudiantes crecerán. Las jóvenes que luchaban contra la violencia de género de los directivos y burócratas serán silenciadas, la lucha por la separación de la iglesia y el Estado dirán que queda para otro momento mientras la iglesia avanza descaradamente en aplicar restricciones a la ley de aborto legal. La escuela intentará formar parte de la desorganización estudiantil pero se transformará en su contrario.

Cuando los estudiantes se organicen, los directivos dirán ¡Se están exponiendo al virus! Pero… ¿¡Con qué cara lo dirán luego de reabrir las escuelas de esta forma?! La llegada masiva de secundarios a las aulas será un factor de movilización político sin precedente porque todo el balance de lo que fue el 2020 llegará a los colegios. Es lo que está pasando actualmente en las aulas, cuando un docente empieza a dar un tema “X” inmediatamente se da cuenta de que es imposible teorizar en una nube sin dar cuenta de la realidad en la vivimos ¿Cómo enseñar la lógica aristotélica mientras un alumno cuenta que su familia sufrió perdidas gravísimas por el virus o que acaban de ser desalojados por tener que tomar terrenos (esto último me paso ayer)?¿Quién puede naturalizar estar en una escuela con un barbijo puesto? Ojo, no es que no haya que usarlo, pero de “normalidad”, ello no tiene nada. De hecho, la burguesía ha agitado entre los jóvenes la credibilidad del barbijo y, ahora, los obligará a taparse la boca a la fuerza. Las escuelas han sido reconvertidas en especies de hospitales en los que los pasillos sirven solo para transitar, reina el silencio y el miedo con protocolos que restringen la circulación. Los estudiantes no tienen permiso ni para ir al baño para no cruzarse con otras burbujas. Los directivos piensan que de esta forma se generará un enfrentamiento entre docentes y estudiantes, pero no, al contrario, generará una solidaridad histórica sin precedentes en nuestro país.

Argentina, se sabe, no es una isla y, debe decirse, los gobernantes han llevado a cabo un cálculo muy erróneo sobre el momento en que eligen atacar de esta manera a la juventud. Las rebeliones estudiantiles crecen en todo el mundo. Fueron los secundarios saltando subtes los que gestaron la revolución en Chile y, la cultura del rap que ha impregnado masivamente en las plazas de la Argentina, ha despertado a la juventud española en la lucha contra el Estado, la monarquía e, incluso, la falsa izquierda. Con el correr de los días los relatos se caerán y se vendrá abajo el discurso de que la escuela capitalista es un lugar de encuentro y amor para demostrarse que, en realidad, no es más que el lugar de represión masiva a la juventud desde las escuelas públicas donde se expresa la discriminación y el estado material de los jóvenes hasta las escuelas privadas donde los uniformes de pantalones largos y camisas serán factores de contagio de estudiantes y docentes.

Contrariamente al plan del gobierno, la escuela se transformará en los próximos días en un lugar de deliberación. No me extraña que, contraria pero dialécticamente, sea el terror a una rebelión estudiantil la que le de fin a la presencialidad en pandemia.

Estudiantes, si los obligan a contagiarse, tomen las escuelas.

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