Expropiemos YPF (que Guzmán se la regala a Black Rock)

El acuerdo de Guzmán con los acreedores internacionales en el 2020 no significó solamente el toma y daca que ponga en orden la administración del Banco Central. Al contrario, el sometimiento eterno a la tasa de interés internacional representó la declaración final de un gobierno que estaría dispuesto a orientar todos los hilos productivos de la nación argentina a la solvencia del capital financiero internacional. Así como Fintech era la palanca de empuje para acordar con el FMI, el canje de bonos fue el puntapié para iniciar el remate del PBI y la reestructuración general de las condiciones laborales en nuestro país, esto es, paritarias a la baja inflación y devaluaciones mediante, reviente de convenios colectivos como en Vaca Muerta y remate definitivo de los haberes jubilatorios. Los mismos dueños de la deuda externa argentina son los dueños de las deudas de YPF, ¡oh casualidad!

Al vencer los recientes bonos de deuda de YPF, el ahora ex presidente Nielsen había ofrecido el pago en dólares líquidos provenientes del Central. Pero el plan Nielsen no se rechazó en nombre de la economía nacional sino, solamente, de su imposibilidad. Los nuevos acuerdos que según la propia prensa oficial lo tienen a Guzmán a la cabeza aumentan la tasa de interés a pagar sin descontar enormes pagos en efectivo. Endulzados por la bancarrota nacional, los grandes fondos se han dado el gusto de rechazar la oferta conociendo que existen condiciones para avanzar por todas sus acciones y apropiarse, todavía más de lo que ya lo hace mediante la posesión de acciones del 49% privado de YPF, de los hilos del mercado petrolero de la Argentina imponiendo todavía mayores aumentos de tarifas que deberán pagar los usuarios finales. Ante esto, bajo ningún aspecto el gobierno ha convocado a la militancia nacional y popular a plegarse masivamente en defensa de YPF, sino, al contrario, ha señalado desde el Banco Central que se permitirán endeudamientos de nuevo tipo para poder abordar todos los pagos requeridos. Sin conocer el resultado final de esta jugada, ya manifiesta un sometimiento político sin parangón que ilustra cuatro décadas de la industria petrolera rifada al mejor postor internacional. El último episodio lo tuvo como protagonista al flamante gobernador Kicillof cuando pagó doce mil millones de dólares a Repsol por la “expropiación”. Por su parte, la extorsión de los fondos internacionales prepara las condiciones para acuerdos también sumisivos del gobierno con el Fondo Monetario Internacional. 

Mientras la pandemia crece, las vacunas no llegan, los precios suben y los salarios se licúan, el gobierno ha basado toda su estrategia en el acuerdo con el capital internacional, no importa sin con Trump o con Biden a la cabeza. Pero las huelgas que ya crecen en todo el país tienen el potencial de que, cada una de ellas, pone en eje una cuestión crucial del sistema de producción nacional, desde los médicos contra el sistema capitalista de salud, los docentes contra la organización educativa criminal en pandemia o los aceiteros de Santa Fé poniendo en jaque el puerto y haciendo caer la bolsa de Chicago. Un gobierno de trabajadores que emerja de todas estas luchas, de forma inmediata, expropiaría YPF y todos los pozos petroleros privatizados para desarrollar una industria nacional planificada por la clase obrera que no tendría parangón histórico en los progresos que alcanzaría en pocos años. 

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