Hot Sale de la CGT

Por televisión, Pablo Moyano insultaba a Marcos Galperín, CEO y dueño de Mercado de Libre porque los trabajadores de su planta central de entregas han quedado por fuera del convenio laboral de Camioneros. Cierto. Los obreros de carga y descarga de las plataformas digitales han sufrido una reforma laboral de hecho sin nunca haber sido aprobada. No existe en Mercado Libre el respeto a la jornada laboral de ocho horas, ni los descansos de fin de semana ni el derecho a huelga.

Por zoom, en cambio, los representantes de la CGT se reunieron con Galperín para ponerse de acuerdo en exigirle al gobierno un acuerdo inmediato con los acreedores de la deuda externa. Fue en el marco de la reunión entre la mesa chica de la Confederación General del Trabajo  y la Asociación Empresaria Argentina con otras destacadas presencias como las de Héctor Daer, Carlos Acuña, Paolo Rocca y Héctor Magneto. Para poder pagarle hasta el último peso a Black Rock y el FMI la reunión planteó la necesidad de “formular consensos básicos para favorecer el empleo registrado”. En fin, la reforma laboral que ya aplica Galperín.

Que Martín Guzmán coincida con los deseos de los usurpadores de la CGT no significa, ni de cerca, que tenga condiciónes para realizarlos. Aplicar una reforma laboral a fondo significaría reventar las conquistas y convenios laborales de los trabajadores que se levantaron en masa cuando Macri quiso reformar las jubilaciones. Es la misma clase obrera que en las fábricas de todo el país están parando y organizándose en masa por protocolos sanitarios para enfrentar el COVID. Son los marineros de Puerto Deseado en huelga, los operarios de Unilever, los docentes de Chubut.

La CGT tiene esto más claro que nadie y su alianza con los grandes empresarios del país debe interpretarse como el mensaje al gobierno de que si no puede ir hasta el fondo no tendrá problemas en apostar a un recambio.

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