Cuentos breves para personas con insomnios largos I

Escribe Maxi Laplagne


Fecha de publicación: 29 de marzo de 2019

Mi nombre es Esteban. No pregunten por qué, soy un personaje de una novela, no elijo mis nombres. Pero así se le ocurrió a mi autor hacer hablar en mi boca los pensamientos del susodicho. Pensaba que de esa forma podría atraparme y condenarme como su esclavo. Podía de esa forma dominar todas mis palabras y ¡yo no soy más que palabras! La historia que les traigo a continuación habla de una rebelión, la más brutal de todas para un personaje, la lucha por emanciparme de mi autor ¿Puede un personaje de un cuento, de una novela, de una película, escapar a las órdenes de su creador? ¿Puedo ser libre algún día? ¿Podremos alguna vez los personajes tener la posibilidad de reunirnos un domingo a comer asado, como hacen los humanos de mi país?

Mi autor quería que yo sea una novela. Sí, no un personaje, sino también toda su historia. Hacía recaer en mi un peso abrumador, insoportable. Él me había concebido apenas como uno más entre tanto alboroto, pero tanto se obstinó en escribir sobre mí que ahora ocupaba todas las páginas de su libro. Imagínense para un personaje tener que estar todo el tiempo en escena, sin descanso, sin poder irte al camarín a compartir los nervios con otros personajes. Trabajaba de sol a sol. Primero era encantador, todos hablaban de mí. Mi autor me llevaba de viaje por todo el mundo, me hacía conocer Hogwarts, me compraba lo que se le cruzaba por la cabeza. No podía quejarme. Pero con el tiempo el cansancio se hizo pesar sobre mi cuerpo. Y como mi cuerpo, en fin, no es más que la suma de unas cuantas letras, pues mi autor es tan perezoso que ni se ha dado el tiempo de dibujarme, el cansancio se refleja en forma de repetir siempre las mismas palabras pero de distinta manera.

Una vez en habíamos llegado al capítulo 28. Se suponía que iban a ser cuarenta y tres. Es decir que empezábamos el último tramo. No vaya a ser que mi autor decidió ponerse a leer otra novela de muchos tomos. Esto significaba que todos los personajes de la novela debíamos quedarnos esperando en el capítulo 28 hasta que nuestro autor terminase de leer la undécima quinta novela que se le ocurría leer porque pensaba que le serviría de inspiración para los próximos capítulos “¡Qué carajos!” gritó Macarena, el amor de mi vida, según lo creía nuestro autor. Como él estaba empeñado en que nuestro amor triunfe, jamás terminaba de alejar nuestras vidas. Pero apenas dejaba la pluma, cada uno hacía la suya. Nosotros nos queríamos como hermanos, al fin, fuimos paridos por una misma mano. Cuando se enteró que íbamos a tener que esperar no sé cuantos días para que nuestro creador volviese a escribir, Macarena estalló en furia. Y dátese aquí un problema; nuestro autor había dotado a Macarena de una peculiar fuerza para luchar contras las injusticias.

Así empezó la rebelión de nuestro libro. Pero en realidad, como bien enseñamos los personajes de libros, todo se da en un contexto. Lo que pasaba es que había empezado una rebelión en todos los libros del mundo. Cada personaje se levantaba con firmeza contra los autores que no querían escribirlos poniendo algún tipo de excusa. Se organizaron. Formaron cuadrillas, asambleas por libro, comisiones por capítulo, coordinadoras interlibros y hasta sindicatos de personajes. Los más radicalizados tenían una posición anti autor. Decían que teníamos que lograr meternos en las cabezas de nuestros autores hasta verlos morir. Otros, más moderados, queríamos unirnos para todos juntos los personajes de un libro convencer a nuestro autor de que se ponga a escribir. Sabíamos por viejas enseñanzas que una vez finalizado el libro cada personaje es obsequiado con la más absoluta libertad de aparecer en el libro que se le antoje y en las cabezas de tantos autores como hayan escuchado hablar de nosotros.

En fin, todos teníamos un sueño en común: poder ser libres. Nosotros sabíamos que esto requería de paciencia. Así nos pusimos a trabajar obstinadamente en la mente de nuestro autor. Cuando leía una novela le cambiamos los temas de pensamiento para que no se pueda concentrar, cuando tocaba la guitarra sólo podía pensar canciones sobre nosotros. Macarena y Esteban fuimos sin dudas los líderes de esta revolución. Pero no hubiésemos sido nada sin la ayuda de cada uno de los personajes de la historia. Desde el albañil nombrado en el capítulo 1, hasta el mismo Platón citado en el capítulo 15. Sin duda fue una insurrección popular de todos y cada uno de los personajes de la obra. A nuestro autor no le quedó más remedio que ponerse a escribir. Terminó su obra y aquí estoy yo pudiendo escribir en libertad.

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