La catástrofe de la educación formal en el gran Buenos Aires

Escribe Daniel Barca

Me inicie en la docencia como profesor de filosofía del último año de secundaria en el área de filosofía hace 6 años en distritos de zona norte del gran buenos aires. Era un contexto donde terminaba el mandato de Cristina Kirchner y Scioli en la provincia, las gestiones se encontraban por una creciente crisis del lado nacional por una devaluación cada vez mayor y una inflación que no bajaba por otro lado la gestión provincial con numerosas deudas. Desde la izquierda revolucionaria el Partido Obrero denominó a este último periodo de “bonapartismo tardío”. Algunos problemas constantes, desde ese momento al actual en la Provincia, van a ser la infraestructura escolar, los salarios bajos (de ese momento ahora, los salarios se subieron entre el 30% al 40% este Scioli 40%, Vidal 30% Kicilof 33% ), la deserción escolar, los que no estudian ni trabajan (los ni ni) y la desvinculación con la educación formal. Si bien cambiaron los gobiernos, los problemas centrales continuaron y se profundizaron, como bien dice la campaña actual del PO sobre que cambian los gobiernos, pero el régimen se mantiene.

El eje que quiero trabajar es el último que mencione referido a la desvinculación de la educación formal, que es algo que vengo notando como docente. Cada año que pasan los alumnos sienten menos interés en lo que hace educarse en una institución con los valores o la disciplina correspondiente. Mientras que antaño se consideraba como motor de progreso, la educación impartida por un instituto, quizás el ejemplo más popular, el llamado “mi hijo el dotor” o el más reciente impulso de la clase media de las décadas de los 80 o 90 para que el hijo acceda a un estudio universitario, al contrario, en el siglo XXI las nuevas tecnologías (como el acceso masivo a internet) y la pauperización creciente de las distintas clases sociales en Argentina cada vez más van desplazado esta búsqueda de conocimiento formal por otras formas educativas más flexibles y más indirectas. Es un proceso largo que es difícil fechar y dependerá también de los recursos de las familias y el entorno que se maneje, por supuesto no será lo mismo una familia en una villa que manda a su hijo que una clase media educada a nivel universitario.

No me voy a referir en extenso al proceso de las nuevas tecnologías. Simplemente marcaré como ejemplos algunas de las nuevas formas de cursos online o los llamados youtubers que ejercen cada vez más un rol educativo que desplazan a la institución clásica. Al problema que me interesa referirme es al problema de la pauperización creciente, que no es sólo económico sino simbólico. En los últimos días se conocieron los datos de que cerca la mitad de la población argentina vive en la pobreza, esta es una cuestión que afecta no solo en términos de ingreso sino en los propios valores del sujeto. Para ser mas concreto en mi análisis, lo que vengo notando es año a año el desinterés creciente por lo escolar, no importa las estrategias pedagógicas o la famosa calidad educativa que pregona Larreta con las nuevas universidades para docentes (en mi caso por ejemplo soy formado en la UBA). Terminar la secundaria es una mera obligación impuesta por el Estado, gran parte del estudiantado en los colegios públicos no hace los trabajos por ejemplo que se mandaron en one drive que era el método de enseñanza en numerosas escuelas durante la pandemia. Ante esto el gobierno de Kicilof tuvo la respuesta de extender el tiempo escolar, que los alumnos pudieran entregar los trabajos hasta diciembre 2021 pero que, aun así, lo único que garantizará será miles de estudiantes que no terminan el secundario (en mi aula solo 6/16 lograron los aprendizajes de mi materia solo por el hecho de entregar algunos trabajos, al menos)

La pauperización creciente afecta tanto a las clases con calificación educativa como a la más inculta y los trabajos no son mejor remunerados hoy en día por el hecho de estar mas calificados sino que depende de la lucha de cada gremio, por ejemplo camioneros o bancarios o FATE logran un mejor acuerdo salarial que gremios docentes. El paradigma es la lucha gremial y no estar mas calificado en un trabajo.

Estamos viviendo una transformación de valores educativos como la ciencia y el arte hacia valores como el pragmatismo y el estatismo. Las personas no se plantean una educación formal, sino enfrentar la vida como puedan una vez egresados o no del secundario, hay una dosis pragmática en todo esto y la otra salida es esperar respuestas del Estado vía planes sociales o algún tipo de renta básica ya que rige una desocupación estructural en el sistema.

Socialismo o barbarie sigue siendo la dicotomía que atraviesa este sistema fundado por la Ilustración, que hoy reniega de esos valores en una crisis que no es de a pasos pequeños sino catastrófica. Esto queda patente en un año que cierra con muchos alumnos que no terminan la secundaria y no ven como canal de progreso la educación formal impartida por institutos educativos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *