diario obrero

La crisis de endeudamiento, una visión general

La crisis de endeudamiento, una visión general

Category:

By

/

7–11 minutos

read

Demócratas, republicanos, peronistas, la izquierda y los libertarios en rescate del régimen bancario. 

Es típico de la economía oficial hacer un discernimiento entre diferentes aspectos de la agenda. Nuestra postura, en cambio, engloba la evolución crítica del endeudamiento de la clase obrera argentina en el marco de agotamiento del régimen de producción social.

La existencia misma del crédito para el obrero supone la imposibilidad espontánea por parte del capitalista de hacer frente a la reproducción de los medios de vida de su “capital humano” y, por ende, de la producción de mercancías. Presentada como un estandarte del capital, en realidad, la masificación de la tarjeta de crédito forma parte de su decadencia y coincide con los intentos de reactivación posterior a las grandes crisis inflacionarias de los setenta/ochenta/noventa y supuso en sí misma el aplazo de la circulación del dinero proveniente de salarios en el mes en cuestión y lo transformó en una suma especulativa que supone al obrero continuando en funciones a futuro y, por ende, con el costo de su reproducción atado a los vaivenes del mercado, en particular, la inflación. El resultado de ello es la aparición inmediata del interés crediticio. Su evolución supone, a la vez, la absorción del salario por parte de los bancos y, en consecuencia, la aparición de las cuentas sueldo que atan el salario a las fluctuaciones del capital financiero. Si se observa el proceso con lupa se verá que una crisis salarial generalizada supone el desmoronamiento del esquema bancario en general. 

La crisis salarial es apenas una representación del cuerpo orgánico en general. Los 40 billones de dólares de deuda del estado norteamericano crecen de forma exponencial atado al interés creciente que le imponen los fondos de inversión, que son sus principales acreedores. Así, una crisis crediticia hace las veces de concentración de capital por medio de sectores cada vez más reducidos de la burguesía internacional. Esa es la función histórica de la Bolsa de Valores. La puja por la monopolización de los valores de las deudas soberanas es la base del conflicto internacional que acentúa la guerra mundial. La serie continua de los impagos, “reperfilamientos” y refinanciamientos impulsa la parálisis capitalista de Europa, Estados Unidos y Japón. Los bombardeos, fundamentalmente en zonas petroleras, reemplazan la escasez de capital por la inflación de la producción aunque está se reduzca. Baja producción a precios exorbitantes es la ecuación de la etapa. En el caso argentino los holdings de Vaca Muerta acaban de reunirse con el Ministerio de Guerra estadounidense que les garantizó un precio en alza del petróleo como garantía de inversiones. La extracción petrolera no aumenta en expansión, ni en calidad ni en infraestructura; solamente en costo del barril (La aceleración de la excavación en Neuquén pasó de un 74 por ciento en 2023 a un 33 en 2026, es decir, desacelera) . Si esta actividad – los bombardeos – la llevan a cabo los ejércitos, la otra tarea sucia la deben cumplir los “estados” reventando salarios, lo cual explica la unidad política creciente entre demócratas y repúblicanos estadounidenses, petistas y fascistas brasileños, pinocheistas y frenteamplistas chilenos o peronistas y liberales argentinos en orden del copamientos de las organizaciones obreras y su reviente general. 

Continuando con la crisis crediticia debe decirse que la crisis actual rompe los esquemas de análisis de la economía tradicional e incluso de los clásicos del marxismo que no tuvieron posibilidad de observar la peculiaridad del Siglo XXI. La crisis de crédito había sido históricamente analizada como consecuencia inevitable del ciclo de expansión de la producción, como lo fue por ejemplo el auge de la industria química de principios de Siglo XX. La producción creciente suponía la expansión de crédito que lentamente aletardaba los tiempos de circulación hasta generar una caída abrupta de la cadena de pagos. Caída luego de un enorme ascenso. Pero la crisis actual no es fruto de las desproporciones del auge productivo. El “ascenso” de capital que permitió la inyección de créditos proviene, a su vez, de préstamos para saldar deudas de préstamos preexistentes imposibles de pagar. Así, la inflación ascendente no es fruto del auge de la demanda sino de la especulación de los créditos provenientes de los préstamos del Fondo Monetario, el recorte abusivo de gastos sociales y el ascenso de precio del petróleo como consecuencia de la guerra. Entonces, caída como consecuencia de caídas previas. Esto explica que ya no asistimos a la época de la aparición de las tarjetas de crédito sino de la mora en sus pagos y la aparición de los métodos de refinanciación, como los montos mínimos que elevan sucesivamente los intereses o las transferencias bancarias por préstamos para saldar deudas anteriores mediante la emisión de nuevo interés. 

La circulación de capital incobrable adquiere la forma de especulación ficticia, no sustentada en trabajo ni mercancía. Este elemento central dio lugar a la evolución de las criptomonedas, billeteras virtuales e incluso a la Inteligencia Artificial. Pero la matemática computarizada no tiene aún una industria en la que instalarse ya que sus centros de operaciones cuestan cientos de miles de millones de dólares, además de consumir níveles de energía no renovable inéditos para la historia humana. Sigue siendo más barato endeudar obreros que endeudarse a sí mismo para transicionar una producción sin sustento material. De esta forma la IA recibe cuatro únicos impulsos, propios de un régimen en descomposición: el ocio (que no reproduce capital, además de generar adicción y trastornos de salud mental), la educación (como método de recorte presupuestario), la infiltración en es espionaje y los sistemas judiciales (Palantir) y – fundamentalmente – la guerra, mediante la producción de drones y planeamiento estratégico de ataques. Como se ve, todas las coordenadas del régimen apuntan en la misma dirección sea cual sea el punto de partida del análisis. 

La burocracia sindical, que en la Argentina ha apoyado la destrucción de las paritarias, la reforma laboral y el salario más bajo en la historia reciente, debe ser ubicada en la evolución de este marco general, cómplice y protagonista, impulsora de la destrucción de la vida del obrero. Este contexto explica la política que vocea la oposición de izquierda a derecha en el Congreso por el “refinanciamiento” de las familias endeudadas o el impulso a los préstamos metiendo manos en los fondos jubilatorios (proyecto presentado por el bloque de Unión por la Patria). El impulso al préstamo representa un salvataje a los bancos mediante la recreación del capital ficticio. Se trata del sostenimiento de la reproducción financiera ad infinitum, lo cual tiene también su expresión política y es la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central que eterniza a su directorio en el cargo.  

En el caso de la “izquierda” argentina (para nosotros, entre comillas) es necesario explicar un giro retórico y vacío al que se ha lanzado presentando denuncias judiciales contra Marcos Galperín, lo cual recuerda a los ataques kirchneristas desde el gobierno, en abstracto, a “las corporaciones”, mientras refinanciaban deuda externa incluyendo en las mesas de negociaciones a los Fondos Comunes de Inversión ¿Por qué denunciaríamos sólo a Marcos Galperín y no a los bancos oficiales o incluso a Caputo y el Banco Central? El apuntar en una sola dirección es típico de fuerzas políticas que buscan recovecos o ya se han instalado en bloques políticos patronales. En este caso se trata de lavarle la cara a los bancos estatales y, de fondo, a Milei y Kicillof. Que la crisis financiera ha conformado una unidad política detrás del capitaneo de Milei lo dejó asentado el diario La Nación mencionando la reunión privada de “felicitaciones” entre el equipo económico de Kicillof y el de Milei por la política “populista” (“justicia social”) de prestar capital del Fondo de Garantía jubilatorio. Los préstamos, ahora sabemos que no estarán a cargo de la ANSES sino de los bancos con los fondos de la ANSES. Un regalo para ellos, incluidos, claro, los Bancos Ciudad y Provinvia de Macri y Kicilof. La frutilla del postre se cerró con la votación unánime de los jueces que sostendrán la impunidad de los Milei y los robos que el FMI exige a los jubilados. Recientenemente un bloque de 133 diputados, entre los que se cuentan desde los “dialoguistas” Jalil hasta la izquierdista Myriam Bregman refirieron que presentarán proyectos de refinanciamientos de deuda “sin tocar el déficit fiscal”. La política del refinanciamiento con intereses mediante es internacional por parte de progresismo, el alcalde “socialista” de Nueva York, Zohran Mamdani, recibió un préstamo de 7600 millones de dólares provenientes con la condición de aplazar hasta 2037 los fondos de pensiones municipales de los que dependen 750 mil trabajadores neoyorquinos. El progresismo es un ala esencial del capital financiero.

Aunque el régimen político tienda a la unidad homogénea, la realidad es que sus bases sociales se resquebrajan. La crisis crediticia es la manifestación de una crisis social imparable, también en la Argentina. En 2026 la recaudación del IVA cayó un 6,1%, lo cual se explica por la debacle general del consumo y la morosidad en aumento, mientras que la recaudación en Seguridad Social se manifiesta en caída libre como consecuencia de la pérdida abusiva de puestos de trabajo. Es el bucle de la crisis el que unifica a las variantes políticas de régimen, retuerce la vida de la clase obrera y acelera la guerra internacional.

La demagogia del gobierno y de Trump en nombre de Malvinas no quedan exceptuadas de esta política. Se trata de la excusa perfecta para acabar de transformar a la Patagonia en una plataforma bélica de la OTAN, en momentos de tensión, incluso, con la Unión Europea. Independientemente de la forma que adquiera la agitación cotidiana es esencial una comprensión general de la evolución de la crisis política, que tiene como un episodio fundamental la crisis de familias endeudadas para subsistir. Nuestro planteo es la lucha por el salario igual al valor del costo de vida y el pase a formalidad de los millones de trabajadores en negro, con reconocimiento de su seguridad social, mutual y jubilatoria. En cuanto a la actividad, es necesario diseñar la ingeniería de la huelga general, su marco general, para encausarla cuando la situación social ya insoportable pase a colapsar. 

Maxi Laplagne