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La delarruización de Milei

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Imagen: Asamblea de residentes en Plaza de Mayo | 1/10/2026

El informe del JP Morgan que confiesa el estado de recesión de la economía argentina no ha terminado aún de canalizarse en todo su tenor. Representa una aceleración política en el agotamiento del gobierno, sin que se haya constituido una variable de recambio. Si la presencia de Milei en la ONU levantó 200 puntos el riesgo país, el paseo de Kicillof por Nueva York hizo caer tres puntos en dos días la cotización de los bonos de deuda de la Provincia de Buenos Aires. Una encuesta acaba de sacudir, por su parte, al gobierno porteño: la opción “ninguno de los candidatos” (propuestos) le ganó por amplio margen tanto al macrismo como al mileísmo y el peronismo. 

La primera entidad que tomó nota de los alcances de la crisis no provino, sin embargo, de la bolsa de valores, sino desde la calle Azopardo. El paro general de la CGT que nadie esperaba que se concretara, finalmente, no se concretará. De hecho, convocó a una contramarcha opuesta a la universitaria. El régimen político, con la dirección sindical incluída, huelen a rebelión popular. El número de pobreza difundido por el INDEC se acerca a los niveles del segundo semestre de 2001. La inflación del 2,8 prevista para septiembre se transforma en la segunda más alta del mundo. La caída económica bimensual de agosto/septiembre supera con amplitud a todas las de la crisis de 2018/2019 e incluso las expresiones porteñas de la crisis subprime de 2008. 

La apertura del mercado del lunes con la noticia del aumento de los bonos que pagan a diez años en la bolsa norteamericana ahogó a Caputo. Los bonistas salieron a pedirle por lo menos una prima del uno por ciento mayor al mercado argentino, que venía emitiendo BONARES desde julio. Calculado a diez años, el gobierno iba a pagar al menos un 7 por ciento de intereses superiores a los que paga la bolsa norteamericana. Traducido: los bonistas se corrieron de la Argentina evaluando “condiciones de riesgo”, es decir, olfatearon default. El gobierno debe afrontar en 2027 pagos por 24900 millones de dólares mientras que se calcula un stock actual de 12600 a lo cual se le suman 1700 de giros del FMI, 1500 de privatizaciones (hipotéticas) y 8000 provenientes del SWAP con China sólo en caso de que se acuerde activarlos. Esto último es un dato geopolítico en sí mismo: transforma a China en el principal salvador de Milei. Esto explica el núcleo de las internas en el gobierno. 

Caputo salió el martes a protegerse alegando una contradicción internacional en términos cuando afirmó que en 2027 no aumentará la demanda de dólares, el mismo día en que todas las entidades financieras internacionales afirmaban lo que llaman un flight to quality, es decir, un retorno a “inversiones tradicionales”, es decir, los dólares. El contexto de ello es la suba del precio del petróleo que se comienza a combinar con una caída en las acciones de las empresas petroleras porque cae abruptamente la destilación mundial de petróleo, con epicentros críticos en Venezuela y Arabia Saudita, los principales yacimientos del planeta. En el primero, las inversiones en infraestructura no son redituables para extraer petróleo saturado en azufre; en el segundo arrecian los bloqueos por la guerra en Medio Oriente. El parate del entrenamiento de Open AI y la falta de perspectiva para instalar los modelos lógicos superiores de inteligencia artificial echan leña al fuego de la corrida financiera mundial. El capital rasca dólares en todo el planeta, lo cual explica que el bimestre actual haya sido el de menor compra en toda la gestión de Caputo Milei. El mercado argentino es, además, en perspectiva internacional, una gota en el océano, en el momento en que asistimos a una guerra mundial por el ofrecimiento más vanidoso de bonos de deudas soberanos entre Francia, Alemania, USA y Japón. Los bonistas se corrieron de los bonos de deuda en pesos a los que se habían acercado “políticamente”. Ante la falta de bonos nacionales en dólares vuelve a ser furor la tasa CER, o sea, atada a la inflación. La corrida tiende lentamente a huída. Nada menos que la Casa Blanca hizo saber ayer mismo que continúa exigiendo el “levantamiento total del cepo cambiario”. Como toda la última década, la perspectiva inflacionaria no representa una saturación de demanda sino, al contrario, la escasez de dinero, representación nominal del valor. La desintegración social que en el 01 hizo nacer al trueque ha vuelto en forma avanzada. Ha acumulado 25 años de recesión industrial, amortizamiento de maquinaria y derrumbe de infraestructura mediada por ascensos y descensos de crisis hiperinflacionarias como la que casi hace volar a Alberto Fernandez en un helicóptero de la Rosada. Como nunca se ha comenzado a manifestar la continuidad del parasitismo histórico de la burguesía nacional acreedora.

Siguiendo los mismos informes en cuestión se indica que “los riesgos del mercado argentino son mayormente locales”. Algunos diarios financieros se animan a ponerle cifras: “80 por ciento locales” (El cronista) (!). El primer “riesgo” viene de la suma del gasto real del Estado. A pesar de los recortes sociales sin precedentes, el ascenso de los intereses de deuda hacen que el gasto se mantenga en los mismos niveles que años anteriores. El derrumbe de la infraestructura nacional y el reviente de las paritarias, en términos del JP Morgan, han generado una “caída del dinamismo”. En el bimestre en cuestión el comercio digital (!) cayó un 5% (!). El consumo por el piso parece contradecir la mora en ascenso pero se combinan en el escenario de recesión. Un informe bancario afirma que el único capital en alza es el de refinanciamiento de deudas, o sea, capital ficticio. 

La cuestión de la recesión, económicamente hablando, no es menor. Entre el periodismo económico se repite la teoría vacía de la falta de “derrame”. Incluso Bullrich se hizo de esta tesis diciendo que “derramar ganancias era lo que le faltaba al gobierno para ser un éxito”. La base para ello es afirmar incesantemente un supuesto ascenso del mercado petrolero. Nuestra tesis, en cambio, es de un derrumbe ya no sólo en las condiciones de vida de la clase obrera sino también en términos del propio capital. Éste periódico ha sido el primero y casi el único en anticipar lo que esta semana ha comenzado a expresarse en números, cuando la suba del riesgo país fue acompañada por la caída en las acciones de YPF (-1,7%) y la caída estrepitosa de Tecpetrol (-7,2% en un sólo día). Las empresas de Vaca Muerta no han podido resolver cuestiones estructurales fundamentales como el tráfico de los millones de kilos de arena que se deben trasladar diariamente desde Entre Ríos a Neuquén para fracturar roca a seis mil metros de profundidad. Los pozos se paran permanentemente a la espera de los camiones mientras en los medios el presidente de YPF se pasea hablando de la excavación de otros mil pozos en un año, una utopía. En las condiciones de infraestructura actuales el costo de un pozo en Neuquén es cincuenta por ciento superior a un pozo en Texas. Empresas enteras han huído el último año de Argentina a Guyana (Exxon Mobil). Luego del auge del 2023, Vaca Muerta ha caído tanto en excavación como en extracción, sin contar las destilerías que se han cerrado en todo país o el gas residual de los pozos que se desperdicia por carecer las empresas de condiciones de licuefacción. Las petroleras crecen en comparación con el derrumbe general de la economía argentina pero de ninguna manera representan una etapa de tasa de ganancia en alza del capital. En una reciente charla en la UBA, con presencia de quien escribe, Paolo Rocca dejó asentado “que sin un cambio radical, Vaca Muerta volverá a ser un desierto”.  Esto explica que la nafta haya aumentado en Argentina más que el promedio mundial. Shell registra aumentos de hasta el cinco por ciento. La huelga imponente en los Toldos contra Tecpetrol se enmarca en los inicios de una recesión petrolera. El desarrollo socialista de su programa es elemental. Desafía toda la ingeniería de lucha de la clase obrera. 

El derrumbe industrial, una minería sin perspectiva y un agro que exige devaluar. La parálisis capitalista es el motor de la guerra y el avance de la oligarquía financiera internacional sobre las “tierras” del mundo entero, incluyendo, por supuesto, el territorio de la República Argentina. La corte suprema, que acaba de ser refrendada por todos los bloques políticos, del país acaba de eliminar los vetos a la liberalización de la entrega de hectáreas al capital extranjero. Para entregar la infraestructura ni siquiera fue necesaria la justicia o el congreso, ni tampoco el capital extranajero. Toda la secuencia de privatizaciones que ha llevado a cabo el gobierno libertario ha tenido como protagonistas a la burguesía nacional misma que firmó contratos con todos los gobiernos desde 2003 en adelante, que es la misma, a su vez, acreedora de bonos de deuda. Eurkenian, ex socio kirchnerista, continuará a cargo de los aeropuertos hasta 2049 (!) La clase obrera argentina vive asfixiada por un conglomerado internacional que incluye a la burguesía nacional, extranjera en su propio país. 

Políticamente, la clase obrera vive una etapa contradictoria. Ha vivido una relativa transformación cultural, sobre todo en lo relativo a los derechos femeninos y (aún más relativamente) sexuales. Sin embargo, una camarilla con intereses fascistas logró asaltar el poder de la mano de la decadencia del régimen político. Sucede que la transformación no alcanzó a la clase obrera. Le fue vetada hasta que las condiciones sociales comenzaron a descomponerse. Esto generó una crisis política abismal entre las organizaciones políticas de trabajadores, un derrumbe de sus direcciones y una situación caótica en general de su vanguardia. Sin embargo, la lucha política contra la descomposición de la izquierda es un evento típico de situaciones prerrevolucionarias, lo fue en la Francia de 1788, en la Rusia de 1903/1904 o en la Alemania de 1917. Lo que caracteriza a una fuerza revolucionaria es la combinación entre su inteligencia política y la tenacidad de combate. La inteligencia combina la capacidad de integrar los flujos de lucha y retroceso de la clase obrera con la comprensión de la estructura política y productiva. Por ello es una ingeniería en sí misma. Esa planificación distingue la planificación política del espontaneísmo de las situaciones del momento que frente a giros intensos pueden dejar a las organizaciones en la banquina. La tenacidad política implica, incluso, el combate contra la fragilidad humana. El espíritu amenazado por la catástrofe capitalista empuja a la depresión y eleva las condiciones de suicidios, crímenes y violencia. El organismo social constituye una unidad en todas sus facetas. La superación de las dificultades gigantescas que presenta una época de guerra abre el paso a la revolución social. Se trata de una tarea crucial en las perspectivas de un nuevo argentinazo. 

Al momento de publicar estas líneas, la Plaza de Mayo se encuentra totalmente ocupada por una asamblea de residentes: médicos recibidos en las universidades más prestigiosas del continente que denuncian trabajar jornadas mayores a doce horas diarias con salarios – rezan sus carteles – que equivalen a dos alfajores por día.