La instalación en 2011 de las PASO fue un acto de proscripción política. El conjunto de la izquierda tuvo que salir a conquistar las afiliaciones y avales necesarias para siquiera poder presentarse, provincia por provincia, quedando, en ese momento, sólo tres partidos habilitados para participar en la arena electoral. Aún pudiendo presentarse, las primarias imponían un piso proscriptivo para participar de las elecciones generales. El FIT se formó, no como resultado de la tan mentada “experiencia común en las luchas” sino del cagazo a quedarse afuera; no nos unía el amor sino el espanto. El activismo, sin embargo, recibió la conformación del FIT como un regalo del cielo, “al fin” la izquierda, y no cualquier izquierda, la izquierda troskista, única en sobrevivir a la cooptación de la década kirchnerista, iba en una lista en común a las elecciones en vez de canibalizarse entre sí. 

Saltemos en el tiempo, porque la historia ya la conocemos, en 2015, el FIT, que había participado en 2011 y 2013 con listas únicas hasta entonces, fue a las PASO. “Inesperadamente” el PTS le ganó la interna a la lista del PO e IS. La historia no sé volvió a repetir en las siguientes presentaciones, pero el fantasma de “si no podemos acordar los candidatos vamos a las PASO” quedó para las negociaciones sucesivas como una espada de Damocles (sobre el PO, cuya dirección, también “renovada y fortalecida” no tiene dudas de que en las primarias el PTS arrasa porque entendieron mejor cómo pegar en los medios y en las redes). En los cuatro años siguientes, los del gobierno de Macri, el FIT se arrastró hacia la insignificancia política, que no sabía cómo despegarse del kirchnerismo en la oposición. En vez de ir a la conquista de las masas que habían votado a Scioli y más tarde votarían a Fernández para realizar una experiencia en común en las luchas en curso, las direcciones del PO; el PTS e IS rechazaban plantear “fuera Macri”, «no fuera que reforzara una opción electoral k», entregando en bandeja a ese mismo activismo, que no tenía frente a sí ninguna alternativa de conjunto al macrismo, salvo que votar uno o dos diputados de izquierda califique como tal. Como era de esperarse, la performance electoral del FIT nunca pudo superar los guarismos de 2013 y 2015, pero peor aún, se consolidó (para alegría de sus integrantes) en una opción permanente de voto descarte.

¿Por qué se plantea nuevamente la posibilidad de que haya PASO de la izquierda en 2021? EL PTS (y luego el MST) plantearon esta posibilidad. Para el partido de Del Caño y Bregman, el FIT puede ser tercera fuerza, y como “no puede haber excusas para que no avancemos” invitan a los partidos que no forman parte del FIT a un “lista unitaria”: “podemos hacerlo mediante un acuerdo o mediante la utilización del mecanismo de las PASO”. Las PASO se presentan como un mecanismo para evitar que los votos se dispersen entre varias listas. De discutir programas, ni mu. La misma perspectiva de las PASO, pero en este caso negativa, tiene el PO oficialista (e IS): les preocupa que la disputa entre candidatos afecte la cantidad de votos o (peor aún) deje al PTS monopolizando las listas.

¿Es esto para lo que los trabajadores necesitamos un polo único de la izquierda en las elecciones? ¿Para que junten tres votos más y se obtengan cargos legislativos, cargos que para los que se necesita ir a internas porque quién los ocupe es la disputa principal entre los partidos?

En 2015, Altamira, en su balance de las PASO, planteaba que el triunfo del PTS era el resultado real de un estado estado de la conciencia obrera, es decir, incluso en la vanguardia de la clase, primaba, por el momento, una orientación democratizante, es decir, no un planteo revolucionario sino a la izquierda (incluso muy a la izquierda) del propio régimen. No se lamentaba ir a las PASO o haber hecho la campaña que hicimos. La dirección del PO recorrió el camino contrario. Para Solano el resultado era en algunas provincias directamente “inexplicable”. Del Caño simplemente había explotado mejor los medios. Y peor aún, el PO habría errado al no atacar al adversario sino al régimen y sus candidatos, cuando si Del Caño atacaba a Altamira, había que atacar a Del Caño. 

La perspectiva que de las elecciones en general y las PASO en particular tienen Solano y el PTS no difieren. Las elecciones son para conseguir bancas, no para hacer propaganda socialista, y las PASO, por consiguiente, sólo pueden servir para dirimir el reparto de los hipotéticos peldaños. 

Si al FIT se ha convertido en una colectora electoral de un rejunte de partidos sin perspectiva de poder (es decir, no revolucionarios) ¿por qué habríamos los trabajadores de un FIT-ampliado? La respuesta no puede estar desentendida de la presente crisis. Los trabajadores necesitamos una alternativa propia frente a los frentes capitalistas-fondomonetaristas en disputa. Una opción electoral que canalice la oposición al ajuste, al acuerdo con el FMI, a las paritarias a la baja, a la precarización laboral como base para la recuperación de la ganancia empresarial (pero nunca de las condiciones de vida del pueblo. ¿Y el programa? Justamente el ámbito de las PASO (y generales) es el marco ofrecer a los trabajadores un debate, en el marco de la independencia de clase, de una perspectiva de conjunto frente al régimen (algo muy distinto a un debate sobre quién encabeza la lista) y que lejos está del fratricidio temido y auspiciado por los integrantes del FIT. 

La izquierda debe ir a las PASO