La lista para garcharse a Kicillof

Bien mirada, la Provincia de Buenos Aires ha pasado desapercibida de la campaña electoral. En todo caso, se habrá hablado mucho de los garches de Tolosa Paz, una movida mediática para tratar de levantar a una cheta de los countries de La Plata.

En la provincia de los peronistas, garchar es un privilegio. Las condiciones de hacinamiento de miles de padres que viven con sus hijos en pequeñas habitaciones no son las prósperas para las libertades sexuales. Cuando no, las clases medias también viven envueltas en prejuicios heredados de la estructura familiar del capitalismo. La falta de sexo es la base de las enfermedades mentales, de la depresión, de la ansiedad y de las posteriores reacciones psicopatológicas como las violaciones. A medida que crece la pobreza, más se ve golpeada la sexualidad del pueblo.

Los que sí nos viven garchando son los políticos de siempre, radicales y peronistas por igual viven aislados de la sociedad porque han acumulado mansiones e inmuebles por hacerse amigos del poder. Los Kicillof son jóvenes que se decían a sí mismos militantes pero fueron cooptados a la corrupción del sistema y ahora, como Milei, en lo único que piensan es en cómo sostener sus cargos en el Estado. Los votos les garantizan poder para negociar con las grandes empresas y con los financistas, el que más guita pone se lleva los voto del Senado y del Congreso.

Por supuesto que nadie puede poner más dólares que el FMI. A cambio, lo que pide es simple: baja de salarios, reforma laboral y la promesa de que no existirán medidas sanitarias llegado el caso de una nueva ola. Larreta, Alberto Fernández y Kicillof, los tres, están entregadísimos. En definitiva la clase política es la que más se lleva el dulce, si hasta ellos mismos pasan a tener bonos de deuda externa.

Un grupo de multimillonarios se cree dueño de la Argentina y cada vez más agita posiciones derechistas y antipopulares desde sus medios de comunicación. El repudio que recibirán en las elecciones no tiene parangón, se verá un país disgregado, sumido en el caos político. Muchos piensan que hay que votar en blanco.

En nuestro caso, también repudiamos los métodos electorales de la izquierda que votamos. Política Obrera en la Capital, por ejemplo, ha gastado todo su presupuesto en difundir la cara de un profesor universitario y una desconocida, con una estética anticuada y no justamente con las caras más bellas para juntar votos. Sin embargo, por su discurso, por ser la lista  única que se levanta contra el régimen político ficticio del capitalismo, los apoyaremos con nuestro escaño. Eso no cambia que su campaña electoral ha quedado en los márgenes absolutos por carecer de astucia, creatividad y democracia.

En la Provincia votamos a Jorge Altamira. De fondo, es la única lista que se ha forjado sobre la base de la militancia popular. Es la única lista que hace campaña electoral con recursos propios y la única que se ha hecho eco de la denuncia al FMI.

Votamos a Política Obrera como una forma de decir que se vayan todos.