La lucha docente recién empezó | Cata Flexer

El (los) gobierno(s) de la Ciudad(y Nación) paracen haber impuesto por el momento y parcialmente el retorno a clases presenciales. Ademys, el único sindicato que lo rechazó con medidas de fuerza, no dió continuidad al paro de 72 horas con el que inició el ciclo lectivo. Las palabras a destacar en este corto enunciado son el caracter parcial y momentáneo (aunque criminal). 

Parcial. Lejos va a estar del “todos los chicos, todos los días, toda la (media) jornada escolar” anunciado por los medios. Los edificios no dan. Los propios directivos (generalmente correa de transmisión de las políticas gubernamentales) no comen vidrio y han hecho una aplicación del protocolo “sui generis”: partición de cursos, presencial en días alternados, horarios reducidos. En este sentido, se puede pensar que el gobierno ha reculado; sin embargo es en los niveles inicial y primario dónde más a fondo han podido avanzar, donde es imperioso para el capital “liberar” a los progenitores para el trabajo. La aplicación de los protocolos ha dado lugar a una lucha escuela por escuela (sobre la que volveremos). 

Momentáneo. La reapertura de las escuelas porteñas (y del todo el país) fue sujeto de una campaña furibunda de todos los bloques políticos desde agosto de 2020 (en pleno pico de la pandemia) pero especialmente a partir de enero. En esto, políticos y opinólogos vernáculos no se han elejado un ápice de lo que ocurre en el resto del mundo. En el hemisferio Norte, el fin de la vacaciones de verano (la epidemia comenzó a fines del invierno, en febrero, por lo que las clases se suspendieron dos meses antes de finalizar el año escolar) dio lugar a fuertes capañas por la reapertura de escuelas y una lucha sin cuartel por parte de docentes y en muchos casos familias. Los mismos países que en Argentina se colocan como ejemplo de apertura de escuela hoy tienen las escuelas cerradas, ya sea por una nueva ola del virus (Alemania, Francia, Italia, Inglaterra) o por huelgas docentes (en numerosas ciudades de Estados Unidos, como Chicago; es también el caso de los docentes de San Pablo, frente al negacionista Bolsonaro). Israel, con la mayor tasa de vacunados del mundo (merced de que el gobierno acordó con los laboratorios entregar los datos médicos de toda su población para ser utilizados como laboratorio en masa) hoy continúa con las escuelas cerradas, luego de que la reapertura en verano desatara la segunda ola.  

Los Estados Unidos y la Unión Europea sostienen una política de apertura total de la economía sobre la base del disciplinamiento absoluto de la población. Es lo que en estas páginas hemos dado a llamar el modelo alemán de “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, con una combinación de toques de queda y la obligatoriedad de máscaras que anteriormente eran reservadas para el personal de salud (N95), una clara política del capital a la clase obrera y al conjunto de la población. Esto toma forma en nuestro país (como ocurrió también en Italia) de discurso en contra del ocio juvenil, a pesar de que es el propio gobierno el que habilitó los boliche-balneario en la costa atlántica y las reuniones de centenares de personas, con un límite horario cosmético. Con el humor ácido que la caracteriza, la revista Bercelona ha publicado un meme con el siguiente texto “¿Fiesta clandestina? Denuncian encuentro masivo en una escuela con 2000 niños, 24 docentes, 8 no-docentes, una directora, la vice y dos bibliotecarias”. En las redes sociales se muestran los amontonamientos de trabajadores en trenes y colectivos, sin siquiera ventilación. 

La reapertura de las escuelas nada tiene que ver con la preocupación por la educación o la socialización de los niños, descubrimiento reciente de quienes negaron medidas mínimas como la liberación de internet o entrega de dispositivos para las clases virtuales. Es, en cambio, un punto fundamental de la “nueva normalidad” que Biden pregona desde los Estados Unidos, etapa superior de la política de inmunidad de rebaño iniciada por su predecesor Trump; unos niegan el virus, sus opositores invitan a la convivencias, como se tratara de una mascota y no una plaga. 

Lo momentáneo del triunfo de Acuña-Trotta viene dado por la naturaleza misma de la epidemia y la precariedad material en la que se imparte la educación, por un lado, y la deliberación y acción de los trabajadores de la educación, del otro. De una lado, los mismos que ante lo desconocido no tuvieron otra que cerrar las escuelas sin ningún plan de contingencia, nos hacen retornar con la conciencia del contagio seguro. Del otro, la docencia no ha sido derrrotada, hay todavía reservas de fuerza y la conciencia de haber impedido duranta todo 2020 el retorno con medidas de fuerza y pronunciamientos contundentes que arrastraron a las familias tras de sí (esto vale para la especie de que los docentes, de negarse a la presencialidad, se enfrentaría a las familias trabajadoras). La crisis de las vacunas VIP acelerará la consciencia docente.  

Se abre una nueva etapa de debate y acción escuela por escuela para mitigar las consecuencias criminales de la reapertura, experiencia que nos permitirá construir, desde cada colegio y asamblea, una verdadera huelga educativa por la salud y por la vida. Para que crezca, se consolide y triunfe un gran movimiento que imponga el cierre de los establecimientos y el retorno a actividades virtuales mientras dure la crisis sanitaria, tenemos que ser muy críticos en dos puntos fundamentales respecto a la conducción multicolor de Ademys. La burocracia de la UTE-CTERA hace rato ha abandonado a la docencia, esto no es una novedad y lo hemos desarrollado ampliamente en otras ocasiones, son una pata del ministerio de educación. Ademys sin embargo fue el canal de organización del activismo durante 2020 que se expresó en asambleas masivas y el paro a la presencialidad, refrentado una y otra vez bajo la consigna “en pandemia no volvemos”.  

 
Hemos insistido en que la docencia que había derrotado con su lucha todos los intentos de reapertura debía, con su sindicato a la cabeza, movilizarse políticamente por el cierre de toda actividad no esencial y la movilización de todos los recursos del país para el combate de la pandemia. La conducción de Ademys (la multicolor/el FIT-U) se negó en una política en este sentido. Recordemos que se trata de las mismas fuerzas que consideraron que la suspensión de clases se trataba de una “virtualización forzosa” y la cuarentena un estado de excepción contra los trabajadores, cuando en realidad se trató de una medida desesperada ante el desconcierto de lo desconocido, que pronto mutó en reapertura protocolizada. Esta misma conducción comenzó el año rechazando la consigna votada en asambleas masivas y reemplazándola, sin ningún mandato, por la exigencia de un “retorno seguro”. Este giro se ha dado en la Multicolor/el FIT-U en todo el país, pasando a una defensa del mantra de que no es posible educar sin presencialidad e incluso que defender la educación a distancia era fomentar la privatización de la educación (hemos discutido este punto en ésta nota), cuando de los que se trata no es de la presencialidad en si, sino en un contexto determinado que convierte las escuelas en centros de contagio masivo. 

Así, el propio frente político que supo canalizar la lucha contra la burocratización de los sindicatos docentes, ha adoptado la línea aperturista de las patronales. Para la multicolor “el gobierno debería garantizar una serie de condiciones para plantear una vuelta a la presencialidad de manera segura”, tal como sostuvieron los miembros del consejo directivo de Ademys desde enero. Así las cosas, el retorno de las vacaciones encontró a los docentes con el macrismo y el kirchnerismo defendiendo la vuelta con protocolos, y a izquierda defendiendo volver con protocolos, la diferencia, sólo de grado. A pesar del estado de deliberación en las escuelas, Ademys llamó a asamblea recién para el jueves anterior al inicio de clases, por lo que evitó orientar esos debates e impulsar medidas de lucha, que podrían haber sido preparadas con tiempo y refrendadas en la asamblea. En los hechos, la asamblea fue utilizada por la conducción para refrendar el cambio de orientación de hecho, para la que ya venía haciendo campaña hace rato. En ese contexto, una parte no despreciable de los compañeros votamos sostener la campaña por el no inicio y la consigna  de “en pandemia no volvemos”. 

El paro de 72 horas fue sin embargo un canal para la organización, aún cuando su cumplimiento fue dispar. El balance del paro, sin embargo, fue utilizado por la misma conducción que le colaboró con su poca masividad al vaciarlo de contenido, para evitar darle continuidad. El debate en la segunda asamblea de Ademys, fue aleccionador. Mientras unas pocas agrupaciones y muchos activistas sostuvimos la continuidad del paro para darle un canal de lucha a los compañeros en las escuelas, fue la conducción la que rechazó la continuidad. A la hora de votar, la multicolor no quiso arriesgar. Como ya había hecho a la hora de modificar la consigna sostenida durante 2020, se amañó la votación para que las medidas y consignas fueran votadas en bloque y evitando que las mociones de distintos compañeros se pudieran unificar, a lo que se sumó que la conducción muteó los micrófonos de todos los participantes para que no pudieran denunciar estos hechos más que por el chat. En esas condiciones, el 25% de la asamblea votó por la continuidad. Lo sucedido en Ademys, no es sin embargo aislado, la misma semana, el Partido Obrero (oficialista) boicotó el paro convocado por el SUTEBA Escobar y realizó una campaña de desprestigio contra su secretaria adjunta luego de que una masiva asamblea votara “No retornar a las escuelas. No a la presencialidad hasta que estén dadas las condiciones, en defensa de la salud y la vida”. Huelga, a esta altura, un balance general de la experiencia de la multicolor, que parece haberse agotado como medio de organización de las experiencias de lucha contra la burocracia en todo el país, a lo que nos abocaremos a la brevedad. 

Queda por delante, en este contexto, organizar las medidas de lucha en cada escuela, se abre una etapa en la que cada docente, en cada establecimiento, se enfrentará a la imposibilidad de cualquier “presencialidad cuidada” y se dará los medios para salvaguardar su vida y la de sus estudiantes. Es momento de impulsar acciones en cada colegio y distritales, de hacer un balance colectivo y seguir adelante con la fuerza que nos dió la experiencia de 2020. Nuestro norte sigue siendo, en Capital y en todo el país (donde ya se organizan acciones de luchas y medidas para enfrentar el inicio en numerosas provincias), la huelga general educativa en defensa de la vida. 

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