La objeción de conciencia pone en riesgo la aprobación

14/12/2020 | 16:00 hs

Al contrario de lo que pretende difundir la prensa oficial, la discusión alrededor del aborto legal no es la simple discusión entre senadores sino, al contrario, la deliberación acerca del ordenamiento social en el que vivimos. El problema del aborto, en el capital, sigue siendo que existe de hecho y que las clínicas privadas que lo realizan mantienen el servicio en la clandestinidad para poder lucrar y no tener competencia gratuita en los hospitales. Los costos de un negociado millonario lo pagan las obreras sin capacidad adquisitiva para acceder a la interrupción.

Bastardeando el proyecto discutido durante años por la campaña nacional, el gobierno quiso hacer creer que lo transformaba en un trámite, sin la necesidad de ir a una discusión profunda sobre la opresión política que representa la ilegalidad. Entre las modificaciones, la objeción de conciencia funciona como la defensa acérrima de los principios de la sociedad capitalista porque preserva la propiedad privada de la conciencia en contraposición al progreso social.

La ley, por su parte, se discute en un contexto particular: el del ascenso imparable de las reivindicaciones democráticas en todo el mundo, que en Argentina tomó color femenino. Quienes lucran con el aborto conocen esto al dedillo y por ello se aferran con el cuchillo entre los dientes a no conceder ningún derecho que pueda poner un mínimo de riesgo a su acumulación monetaria y a su dominación política. El aborto de hoy será la estatización del sistema sanitario del mañana.

Ahora, el dato informado por varios medios es que los representantes cordobeses en el Senado se han mostrado en desacuerdo con la objeción de conciencia de las instituciones porque, lo tienen clarísimo, en el contexto de luchas que se avecinan y de la ley de aborto aprobada, el rechazo por parte de las instituciones a realizar abortos gratuitos podría recaer en rebeliones imponentes contra las mismas instituciones privadas y escraches feministas contra quienes salgan a defender su «conciencia celeste». La maniobra del gobierno que ha rechazado ir hacia una discusión política general de cara a las masas y, sobre todo, ha eliminado del debate a los sindicatos, ¡podría teerminar jugandole en contra! Mientras, tanto, la guerra judicial no se detiene, CFK queda en el medio de un debate entre castas y el impasse político le da pie a la iglesia para tomar la posta.

La lucha recién empieza. Vayamos a las calles, a las fábricas y a los hospitales a ganar la libertad de las mujeres a decidir.

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