Carlos Astarita es doctor en historia por la Universidad de Buenos Aires, y ha sido hasta su jubilación, investigador independiente en el CONICET y profesor titular de Historia Medieval en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de La Plata.

Entrevistan Cata Flexer y Maxi Laplagne
Video de la entrevista: https://youtu.be/uHeUPGS4YxQ

El Fondo Monetario Internacional sacó un comunicado alertando a los estados sobre la relación existente entre las pestes y las crisis sociales que se desprenden de ellas. Llegó al extremo de citar la revuelta campesina de 1381

Creo que habría que empezar ubicando la gran revolución campesina de 1381, inglesa. La revolución en realidad, se desata por el aumento de la poll tax, un impuesto general que se cobra para atender los gastos de la guerra con Francia porque en ese momento se estaba desarrollando la famosa guerra de los cien años que había empezado en 1337.

De todas maneras, sí es cierto que en la Edad Media las pestilencias estuvieron muy asociadas con situaciones de crisis. Si nosotros tomamos la primera aparición de la peste bubónica en la Edad Media, que fue en el siglo VI, por ello se la llama la peste justiniana, lo que vemos es que en el siglo VI había una situación de regresión general demográfica, de regresión económica, de estancamiento global de las fuerzas productivas. Y la peste que reparece en Europa en el siglo XIV, más precisamente, a partir de 1348, lo que hace es agravar una situación que, desde el punto alimenticio y de las condiciones nutricionales de la población ya estaba en problemas. Fundamentalmente hubo un primer episodio grave que fue una hambruna generalizada que se desata entre 1314 y 1318. Ello ya está predisponiendo unas condiciones desfavorables para abordar la pestilencia. Porque la peste, en realidad, en el siglo XIV, que es la que más conocemos, está íntimamente relacionada con condiciones de vida, con condiciones sociales y no sólo abstractas generales sino relacionadas a la deficiencia en la alimentación y que, a su vez, se relaciona con la explotación feudal.

Es interesante detenerse en este problema. La epidemia golpea más a la gente que tiene menos condiciones físicas para enfrentar la situación. Los medievalistas saben, es una common opinion que entre los siglos XI y XIII hubo un desarrollo de los cultivos, se ganaron espacios, hubo un mayor consumo de leguminosas que, a su vez, servían para la regeneración de los suelos. El suelo ya no sólo se regeneraba con el barbecho y con sistemas de rotación, sino también con la intervención de las leguminosas y hubo una serie de desarrollos tecnológicos como una nueva forma de tiro del arado, el mayor empleo del caballo en vez del buey, que acelera la velocidad de arar, se pasa en muchos lugares de la rotación bienal de cultivos a la trienal con lo cual se reduce significativamente la superficie en barbecho porque el barbecho pasa de ser el cincuenta por ciento de un terreno a ser un tercio, además de la posibilidad de cosechas que reemplazan a las que fracasaban. Esto produce crecimiento demográfico y una expansión generalizada que se va a cortar, más o menos, hacia el año 1300, es decir, en los inicios del siglo XIV. Pero hay un hecho que no han tenido mucho en cuenta los historiadores que analizaron esta expansión general, y es que entre los siglos XI y XIII, si bien hay un crecimiento de la población, un crecimiento económico y un crecimiento de los cultivos, al mismo tiempo se desarrolló la explotación social, y esto llevó a que gran parte del producto y de las tierras mismas fueran apropiadas por los señores feudales, es decir, mientras que se ganan espacios, al mismo tiempo se privatizan, o sea, se señorializa una cantidad de espacios. Lo que quizá era originariamente una tierra comunal pasa a ser una tierra privatizada por el señor.

La producción en la Edad Media estaba dividida entre las parcelas que tenía cada uno de los campesinos y los comunales, que son las tierras que a partir del siglo XIV en Inglaterra y van a tener los cercamientos que notoriamente ha descripto Marx en su famoso capítulo XXIV de El Capital. En realidad, este proceso de privatización de comunales es muy visible en el siglo XIV pero ya se había iniciado con anterioridad (y no solo en Inglaterra), es decir, no es un invento del siglo XIV. Marx lo estudió en las actas parlamentarias inglesas desde 1351, pero la privatización de tierras había empezado antes de la misma manera que entre el siglo XI y el XIII, con la renta feudal, hubo una apropiación desequilibrada del producto general. Esto lleva a problemas globales de tipo alimenticio.

Acá hago un paréntesis. Esta es una situación que un marxista inglés, Maurice Dobb, trató en su libro Estudios sobre el desarrollo del capitalismo, que recomiendo a todo el mundo que lo lea para que lo incorpore a su acervo cultural (Bueno… a todo el mundo medianamente culto, no se lo recomendaría a Macri obviamente). En ese libro que se publica en el año 1946, Dobb planteó que en el feudalismo hubo un excesivo de consumo o de gastos improductivos por parte de los señores, y los académicos no le dieron mucha importancia a esa afirmación. Sin embargo, los estudios arqueológicos que se han hecho hoy en día comprueban que, efectivamente, con la disminución de los espacios comunes hubo una disminución  de la expectativa de vida de la población, también hubo una disminución en la talla de las personas (relacionada con deficiencias alimenticias) y un deterioro general de las condiciones de vida. Lo podemos comparar con las condiciones que había en el siglo V o en el VI, cuando existía lo que un historiador inglés ha llamado una “sociedad de base campesina”, (es decir, una sociedad donde se habían destruido los sistemas estatales antiguos pero todavía no se había recompuesto una relación de explotación feudal). En el siglo V o en el VI, período en que el campesino tenía un acceso más libre a las comunales y a las tierras de cultivo, también tenía (a pesar de la regresión económica y de que no hubo construcción monumental) mejor alimentación que en los siglos XI y XIII cuando hubo crecimiento económico, pero buena parte de esos nuevos recursos fueron apropiados por los señores. Esto es algo que lo muestra – repito – la arqueología; es un conocimiento que lo podemos tener más o menos seguro. Y es algo que lo había planteado hace un tiempo un historiador italiano, Montanari[1], y que remite a que hubo una apropiación desigual del producto social por la desigualdad en las relaciones de clase, por la explotación de clase.

Este es el problema importante en la historia de la peste. Entre las descripciones que se hicieron de la historia medieval a veces se habla de la muerte por inanición, por hambre. Obviamente hubo episodios de muertes por hambre. Están reflejados en algunas descripciones impresionistas (e impresionantes) como el hecho de que se desenterraban cadáveres para comerlos o que se comían cadáveres de animales o se consumían alimentos en evidente mal estado, podridos. Estas son situaciones existieron pero son más bien puntuales. Importantes, repito, pero puntuales ¿Cuándo se desencadenaban estas hambrunas? Cuando había dos o tres años malos en que fracasaban las cosechas de manera continua. Esto provocaba que el campesino, acuciado por el hambre, se comiera la simiente de la próxima cosecha. Entonces esa cosecha futura también estaba comprometida. Estas eran situaciones extremadamente graves pero el problema fundamental en la resistencia física no estaba tanto en la hambruna sino en la mala alimentación permanente. Por un lado, había preponderancia de hidratos de carbono: el pan era una comida central. Lo que me pasa a mí y le pasa a mucha gente, que no podemos comer sin pan, es una especie de inversión de la centralidad que tenía el pan en la Edad Media. El resto de los alimentos acompañaban al pan y hoy el pan acompaña a otros alimentos.

Hay que tener en cuenta que muchos recursos que estaban destinados a la alimentación del campesino fueron privatizados. Tenemos que recordar que el bosque, por ejemplo, proporcionaba la bellota que comía el cerdo. Obviamente no era el cerdo como los que compramos ahora para navidad, sino un animal más salvaje pero fundamental para las proteínas. Se habían privatizado espacios para llevar ganado como la oveja. Incluso se habían privatizado los ríos en los cuales muchos campesinos adquirían alimentos proteicos a través de la pesca. Esto es muy interesante; voy a publicar un pequeño trabajo sobre un conflicto de una aldea del siglo XII lindante con el dominio del monasterio de Sahagún, donde los monjes tenían los molinos movidos a agua y los campesinos hacían presas para contener el agua y pescar. Esto llevaba a que los monjes rompieran esas presas. Fíjense que esto no se trata de una pesca deportiva sino de tener ese complemento proteico. La señorialización de estas estructuras es lo que llevaba a que este tipo de alimentos disminuyera en la dieta del campesino. Este conflicto, obviamente lo terminan ganando los señores, los poderosos, pero lo que está reflejando – y este tipo de conflicto se dio en todos lados, a veces mezclado con la lucha contra los molinos manuales campesinos para que se usaran los del señor, situación que en la abadía inglesa de St. Albans se dio con frecuencia – es que disminuía la resistencia física del campesino para hacer frente a las pestilencias.

Un último dato en este sentido. La peste bubónica se expande por todo Europa, pero en algunas lugares sus efectos no fueron tan graves. Uno de estos lugares fueron los Países Bajos, y una hipótesis que se ha barajado sobre por qué la peste bubónica no afectó tanto allí es que la población con mayor consumo de pescado y de proteínas tenía mayor capacidad de resistencia.

Además la peste bubónica se reintroduce en Europa en el XIV con la diferencia de que es para quedarse. No se va como sucedió con la del siglo VI. A partir de 1348 se reiteran las situaciones de pestilencia con un agravante. Los nuevos episodios de la peste afectan en general a la población joven por ser población no inmunizada, con lo cual sus efectos son cada vez peores con algunos lugares, por ejemplo Cataluña, que ya había tenido un mal año en 1333, que se agregaba a las crisis de principios del siglo XIV, y después del golpe de 1348 la peste reapareció de una manera más o menos regular. Pero ojo, no solamente hay un problema de mala alimentación sino también un problema de condiciones de hábitat y sociales. Hacinamiento, malas condiciones de vida.

La peste bubónica se origina en el centro de Asia. De allí se transmite por una pulga que se aloja en la rata negra que no vive mucho más lejos que doscientos metros del hábitat humano y se traslada con las mercancías. Por ello la peste bubónica desembarca en el Cercano Oriente por barco llega a Italia, también por vías comerciales desde Italia se va transmitiendo por toda Europa. Esto es paulatino. El desembarco en Italia se da en 1348 y, por ejemplo en Castilla está datada la llegada de la peste en 1351. Paulatinamente se va transmitiendo de un lugar a otro.

¿Por qué dar tanta importancia a las condiciones de hábitat? La rata vive en lugares donde las viviendas son precarias, es decir, de madera, de adobe. Y el segundo aspecto está dado por el hacinamiento que tenían las casas y las familias, sobre todo los sectores más populares. Bueno, en los sectores de poder tampoco había vida íntima porque, incluso, cuando la gente iba de una habitación a otra lo hacía sin pasillos, el pasillo es un invento que individualiza y privatiza los espacios. Pero si nosotros reparamos en como vivía el campesino vemos que todos vivían y comían en el mismo espacio y en muchos casos introducían al animal que tenían para el cultivo adentro de la casa. Esto no solamente en las llamadas long houses de Escandinavia, que eran casas grandes donde podía vivir más de una familia, sino en las casas más pequeñas correspondientes a familias nucleares. Todos duermen en la misma casa, en la misma cama, uno al lado del otro en condiciones higiénicas deplorables. Esto lleva a que los contagios hayan sido muy frecuentes.

Otro aspecto en el que quiero llamar la atención es que, posiblemente, no haya sido solamente la peste bubónica, sino que ha existido un cóctel de pestes diferentes. La bubónica existió por las descripciones. Hablan de que efectivamente la gente tenía una inflamación en los ganglios. Ahora, hay un elemento y es que la peste bubónica tiene en el Medioevo una muy alta tasa de mortalidad y se desarrolla en áreas con temperaturas no tan apropiadas para su propagación como Inglaterra, que tuvo una situación catastrófica. Entonces es posible que hayan existido una serie de enfermedades infecto contagiosas que acompañaban a la peste bubónica. Pero las condiciones de hábitat y de higiene son fundamentales. Esta situación hace que haya sido tan popular la lepra. Por ejemplo los paños que se utilizaban como vestimenta eran de lana, no se conocían las prendas sintéticas que ahora usamos y se ponen en el lavarropas. La prenda de lana de usaba directamente sobre el cuerpo y eso, más la falta de higiene hacía que una fauna variada recorriera el cuerpo entre el paño y la piel y provocaba enfermedades de la piel que, siguiendo a la Biblia, la gente interpretaba como lepra. Cuando se descubre el bacilo de Hansel baja considerablemente el número de leprosos. Esto también está hablando de condiciones económico-sociales que llevaban a que despiojarse haya sido una actividad social más o menos permanente. Además al hacinamiento urbano se agregaba lo difícil que resultaba el tratamiento de los detritos. A veces yo les decía a mis alumnos cuando dictaba historia medieval en la Facultad, algo que decía un historiador italiano, Ruggiero Romano: que la ciudad medieval no implica solo el estudio de sus murallas o de su decoración, tema preferido de muchos profesores, sino que había que imaginarse a la ciudad medieval con el olfato, y preguntarse cómo olía. Por pudor no querían responder cuál era ese olor penetrante. Esto es historial real; se trata de las condiciones de vida de una sociedad explotadora.

Recién nombraste a Macri. Él fue uno de los que decía que la cuarentena era una medida medieval.

¡Es cierto! Bueno, muchas cosas son medievales. Todas las categorías fundamentales del mundo moderno son casi todas medievales me parece, originadas en la Edad Media. El sistema racionalista, los bancos, el sistema capitalista. Es mucho más fácil hacer el inventario de lo que no es medieval, como las computadoras, que de lo que es medieval. El Estado moderno, el parlamento… Pero bueno, muchos macristas notables tienen ideas muy vagas sobre lo que es la Edad Media. Y ojo, eso no sólo le pasa al jefe, sino a Lino Barañao, que hablaba de desfinanciar los estudios de historia medieval en el Conicet. Barañao no solamente es una persona inculta sino un aventurero del pensamiento en el mal sentido. Es cómo que yo me ponga a determinar qué es lo que tiene que estudiar un químico. Yo no sé nada de química pero no opino. Él no sabe nada de historia pero opina.

Ahora, con respecto a que la cuarentena es un invento medieval ¡efectivamente! ¡Es un buen invento medieval! Yo tengo entendido que la primera vez que se decreta una cuarentena es en Ragusa, ciudad mediterránea que hoy es Dubrovnik, en Croacia, donde en 1377 cuando la pestilencia estaba plenamente instalada en Europa, se declara un sistema de cuarentena. Cuando se hace por primera vez son treinta días en los cuales los barcos que llegaban del exterior quedaban en algún lugar al resguardo para tratar de evitar el contagio. Esto es interesante porque los medievales ya en esa época tenían consciencia de que el contacto social era transmisor de la peste. Es lamentable que Rodriguez Larreta no haya sido un poquito más medieval de lo que ya es.

Al principio no eran cuarenta días, sino treinta. Después en Italia toman la misma práctica, en Venecia y en otras ciudades, y allí sí ya son cuarenta días ¿Por qué cuarenta y no treinta? Una respuesta puede ser que se había más o menos medido que el tiempo de evolución de la enfermedad eran unos cuarenta días y estaban aproximadamente en lo cierto. La otra cuestión es que el número “cuarenta” es un número bíblico. Jesús va cuarenta días al desierto antes de lanzarse a predicar. Moisés está cuarenta días en el Monte Sinaí orando. Cuarenta años son los que duró el exilio de Egipto. Cuarenta fueron los días del diluvio. No soy especialista en la Biblia pero “cuarenta” es un número significativo.

Entonces los medievales tenían esta idea de algo que se transmitía por el aire o por algún medio.

Hay otra cosa interesante. Vos fíjate que ahora nosotros vemos “conductas antisociales”, por ejemplo, en la señora Bullrich que con gran imprudencia convoca a una movilización o estos jóvenes “transgresores” derechistas sin nada en la cabeza, que hacen fiestas clandestinas, etc. En la Edad Media también había este tipo de conductas antisociales, aunque de otro tipo, que llevaban al auge del antisemitismo, por ejemplo. Pero el tema es que estas conductas están conectadas con la idea de que efectivamente había contagios. Se podía llevar a juicio a miembros de la comunidad judía de una ciudad acusándolos de que habían infectado los pozos de agua para hacerle mal a los cristianos y que por ello había llegado la peste. Esto llevaba, a su vez, a los progromos. La diferencia es que hoy estas reacciones se dan en la clase alta mientras que en la Edad Media se daban mucho más en sectores populares, que eran los que más sufrían la peste y las hambrunas asociadas a la enfermedad. Muestra esta desigualdad la arqueología de los silos, de los graneros. En el siglo V, cuando cae el mundo antiguo, los silos son campesinos. A partir de los siglos XI, XII y XIII los silos o los graneros pasan a ser cada vez más de los sectores de poder y el préstamo que los señores daban por situaciones de hambre (préstamos muchas veces en alimentos) llevaba a que el señor se quedara con las tierras de los campesinos.

La llamada cuarentena, volviendo, sí, fue un invento medieval, un buen invento medieval como muchos otros.

Hay un poeta y filósofo llamado Jens Jacobsen que escribió en 1876 un libro que se llama La Peste de Bérgamo y dice que una de las características de las etapas de peste es la apertura hacia la ilustración y el racionalismo porque le demuestra a la masa que no iba a tener ninguna respuesta del cielo ¿Te parece que se puede demostrar esta concepción de forma científica?

Mirá nunca lo pensé porque, al contrario, lo que se ve con la peste, una de las respuestas sociales, es casi lo contrario. La peste es un castigo de Dios. Lo que llegó sin saber muy bien porque se ha desatado es un castigo de Dios por los pecados. Las respuetas generales que se dan en esto son la multiplicación de procesiones, de oraciones y de ese tipo de cuestiones. Lo que sí, se dan a un nivel popular. Hay que diferenciar algo: a partir del siglo XII se va a ir pasando a una religiosidad popularizada donde Dios se interioriza, hay una interiorización de la divinidad. Es un problema que lo estudiaron los clásicos de la Ciencia Sociales. Weber lo estudió concentrándose en la funcionalidad que tuvo esto para el desarrollo del capitalismo y también lo estudió Marx en su crítica al sistema de Hegel en relación al concepto de alienación. Para sintetizarlo, Marx dijo que con la nueva religiosidad el hombre dejó de depender del cura para pasar a depender de su alma curesca, es decir, Dios está adentro del individuo. Esto obviamente es Lutero, y tanto Marx como Weber ven que el fenómeno está inicialmente en Lutero, pero, en realidad, es previo. Lutero es lo mismo que un hereje medieval, de los que se dan después del Siglo XI, que discutían la intermediación de la iglesia para llegar a Dios. Y discutían eso porque Dios estaba en el interior de la persona, en su alma. Por lo tanto, el elemento fundamental acá es que Lutero es un hereje exitoso al punto de que funda una nueva religión. Es un hereje exitoso pero que reproduce lo que proclamaban muchos disidentes desde mucho antes.

Hay una idea equivocada de que en el Siglo XI empezaban los signos del pensamiento racionalista del Siglo XVIII y que ahí estaban los gérmenes de lo que iba a ser el ateísmo, cuando, en realidad, desde mediados del XI lo que se ve no es el germen de un pensamiento ateo sino de un pensamiento híper religioso, que es la concepción de religiosidad que va a tomarse en la masa y estará bien vigente en los siglos XVII y XVIII. Hay que pensar en dos procesos que son inversos. En el siglo VIII la religión es un asunto de la elite culta y la masa era pagana o religiosa a su manera, a su aire, con escasa ortodoxia. En el siglo XVIII, por el contrario,  la elite se descristianiza, aparece el pensamiento racionalista ateo, y la masa es religiosa, tiene una religiosidad cristiana acentuada. Esa religiosidad de la masa va a empezar a variar en otro sentido hacia un ateísmo distinto a partir de la difusión del socialismo.

Recién hablábamos de la cuarentena y de las reacciones religiosas frente a las epidemias, ¿qué otras acciones se encontraron en la Edad Media para palear estas situaciones? ¿Fueron efectivas?

Que yo conozca no hubo ninguna medida muy efectiva además de la cuarentena. En general, lo que hacían los poderosos era irse del lugar. Si lees una Crónica de realengo te puede decir, “bueno, en tal año (del siglo XIV) el rey llegó a tal ciudad y se marchó inmediatamente porque allí había peste” o podés tener la situación del Decamerón, donde un grupo de jóvenes florentinos se van a una residencia del contado, que en Italia es el hinterland de la ciudad, a contar cuentos divertidos porque en la ciudad estaba la peste. Lo que hay allí es una situación de mucho temor. Ese temor coincide con descripciones de que los cadáveres se abandonaban porque nadie se animaba a enterrarlos. La otra reacción que aparentemente hay es una disminución de la relación sexual, y una alteración por lo tanto, en los intervalos de la concepción.

Esto está relacionado con situaciones que se repiten en las epidemias que es que empiezan a actuar una serie de microrreguladores. En la Edad Media vos tenés un alto nivel de celibato y una tardía edad de casamiento que, en general, aparece en la Baja Edad Media, es decir, el período de la pestilencia ¿Qué quiere decir tardía edad de casamiento? Que la mujer se casa a eso de los veinticuatro años de promedio, que es muy diferente a la temprana edad de casamiento de la mujer que era, en la época de los siglos IX y X, apenas llegada la pubertad, es decir, a eso de los trece o catorce años. Esto se corresponde con una demografía en crecimiento amplio.

Ahora, ¿qué pasa con la epidemia? La peste atacaba por coyunturas críticas. Llega la peste y tenés dos o tres años en un lugar determinado donde la coyuntura es muy crítica y donde hay sobremortalidad, es decir, una mortalidad fuera de lo normal. En ese momento en que hay una mortalidad fuera de lo normal es cuando se frenan las concepciones. Cuando pasa ese momento crítico, entonces empiezan a actuar estos microrreguladores, pasándose a una más temprana edad de casamiento y también se reducía el nivel de celibato. Ahí empiezan a actuar estos microrreguladores compensatorios ante el protagonismo que ha tenido la mortalidad. Claro que esos mecanismos compensatorios nunca llegan a restaurar la baja que hubo de mortalidad, es decir, son mecanismos compensatorios de efectos menores ante el protagonismo que ha tenido la mortalidad. La mortalidad es el microrregulador fundamental de la demografía de tipo antiguo, y eso recién empieza a cambiar con el capitalismo.

En el Medioevo hay un lento crecimiento vegetativo secular de la población, porque se da a través de los siglos, es decir, del siglo XI al XIII. En realidad hubo un primer momento preparatorio del crecimiento desde el siglo IX al XI, en el XI se acelera ese crecimiento y posteriormente se pasa a una caída de población abrupta a partir de la llamada crisis del siglo XIV que se desata por crisis de alimentación, mortalidades por hambruna agravadas posteriormente por la pestilencia. La recuperación sucede a partir de 1450 y abarca el siglo XVI, ascenso demográfico que se vuelve a cortar por la crisis del siglo XVII. Lo que tenés son crecimientos vegetativos más o menos lentos y caídas abruptas demográficas por alta mortalidad. Crecimientos vegetativos lentos que, a su vez, están regulados por controles de nacimientos o de concepciones que hacen las familias. Las mujeres controlan la cantidad de nacimientos. Esa idea de que hay que tener tantos hijos como Dios provea, bueno, en la Edad Media la gente regulaba la cantidad de hijos, la cantidad de concepciones y tenía la cantidad de hijos que las situaciones económicas y sociales le permitían tener. Los controles de natalidad eran permanentes. Había diferentes tipos de controles de natalidad. La idea católica de que hay que tener tantos hijos como se generen, esa idea no funcionaba en la Edad Media, y la cantidad de hijos que tenían las familias eran dos, tres, cuatro, cinco a veces. Esto en las familias populares, en las familias campesinas; en los sectores de poder se tenía más hijos.

Invitando al historiador a reflexionar un poco sobre el presente, hay un debate interesante porque el marxismo sostuvo como un esquema del último siglo que las revoluciones burguesas habían logrado modificar el hecho repetido en la historia universal de que las condiciones sociales de producción estaban dominadas por las condiciones climáticas o las condiciones que imponía la naturaleza, por ejemplo, las pestes. El debate plantea modificar este esquema a la luz del abordaje burgués de la pandemia del coronavirus.

La gran maquinaria que existía en la Edad Media era la naturaleza y la naturaleza tenía en determinados momentos fallas. Esta idea de “la gran maquinaria de la naturaleza” es de Marx, y es acertada. La naturaleza era una gran maquinaria y, a veces, fallaba. Pero los efectos sociales de muchas situaciones de hambrunas, carestías, etcétera, en realidad, estaban dados no solamente por la naturaleza sino por la apropiación privada del producto.

Hace un rato te mencione el problema de los silos. Si los estudios de los últimos años de los arqueólogos muestran que en el siglo V hay silos campesinos y en siglo XII los silos son señoriales o si en el siglo IX o en el X una persona pide un préstamo para comer (se le presta comida, cereal, un animal) ahí ves que alguien acaparó el alimento. También la limosna que se le da al hambriento está mostrando que alguien puede ganarse el cielo porque ha acaparado suficiente cantidad de alimento como para dar y esto te está diciendo que el problema del clima actúa, sí, pero los efectos sociales hay que verlos desde otro punto de vista.

Una segunda cuestión con respecto al clima es la siguiente. Un historiador francés, Le Roy Ladurie, cuando los historiadores empezaron a interesarse por los ciclos climáticos, hizo una especie de correlación entre los ciclos climáticos y la situación económica social. Esto puede ofrecer algunas cosas interesantes pero es un mecanicismo muy fuerte que no explica el problema porque las condiciones climáticas en Europa no son las mismas. Las tierras arcillosas, pesadas, de Europa del Norte no necesitan más humedad.  Esto llevó a que en Europa septentrional se aplicara un tipo de arado para los suelos pesados, llamado carruca, con reja asimétrica y ruedas, que no es el aratrum de origen romano que hay en los suelos livianos del área meridional, que es un área seca, de un clima mucho más seco. Ahora, sabemos efectivamente que el clima no es estable y que hay ciclos climáticos, por eso, ojo, cuando a mí me están diciendo “estamos en un calentamiento global” yo tengo una duda, no soy climatólogo ni nada por el estilo, pero por lo que conozco en historia, tengo duda, a veces, si esto es un período acotado o es permanente. Obviamente acá tiene que actuar la industria capitalista, estoy de acuerdo, pero tengo alguna duda.

Más allá de ello se ha planteado que en el siglo XIV hubo un empeoramiento de las condiciones climáticas. Ahora, si hay un aumento de la humedad media, eso favorece a los territorios más áridos meridionales y desfavorece a los territorios húmedos de Europa septentrional. Entonces, ahí no podemos decir que la crisis (que se dio tanto en el nrte como en el sur) fue provocada por el clima, de la misma manera que si nosotros decimos que si hubo un efecto negativo del clima en el hemisferio norte europeo, tuvo que haber habido también un efecto negativo en el hemisferio norte americano. Sin embargo, cuando se compararon los efectos del clima del siglo XIV entre Europa y América, en América no tuvo las consecuencias deplorables, regresivas que tuvo en Europa. Bueno, los climas teóricamente eran los mismos. Entonces, hay que salir de la idea de un determinismo climático, más allá de que sí es cierto que el clima podía contribuir en determinados momentos y lugares a la crisis. Por ejemplo, varias veces se planteó que en áreas áridas, por ejemplo en el centro de Castillo no tuvo tanta incidencia la peste porque era un clima seco, como sí tuvo en Inglaterra, donde la peste bubónica tuvo un efecto desastroso. Algunos dicen que murió la mitad de la población. Bueno, es difícil saberlo pero el efecto fue desastroso.

Lo que diría, entonces, es que se puede tomar eso, pero hay que evitar una especie de determinismo climático o geográfico absoluto. Muchas veces uno se olvida del viejo Engels, injustificadamente, que decía que, salvo en algunos lugares del globo muy particulares, en general la civilización humana puede desarrollarse en todos lados. Me parece que Engels tenía razón y que las ciencias sociales en tiempos posteriores comprobaron que esto era así.

Tu palabra como para cerrar…

Esto que voy a decir no hace falta decírselo a ustedes porque ya lo saben y lo están haciendo, pero sí a lo mejor debemos decírselo a los lectores de la revista de ustedes, y es acerca de lo necesario, o diría, lo imprescindible que es estudiar la Antigüedad, que es estudiar la Edad Media, que es estudiar la Época Moderna, porque lo que decía el bruto de Barañao de para qué vamos a estudiar la Edad Media – bueno al menos Barañao sabe que hubo una Edad Media, no sé si Macri lo sabe – es una opinión que la tiene mucha gente y no necesariamente una persona con una opinión reaccionaria. Hay gente bienintencionada políticamente, progresista, y dicen eso. Yo lo que les quiero decir es que los pensamientos más profundos, en realidad, fueron los pensamientos que tuvieron la aprehensión ecuménica, global, de la historia. Marx decía que la única ciencia que él conocía es la historia. Es una frase de sus manuscritos. Pero, ¿cuál era la historia que concebía? ¿La historia que empieza en el siglo XVIII como se estudia ahora en sociología? ¡No! ¡Toda la historia! Él se doctoró en un tema de filosofía griega, pero no solamente el Marx del proletariado, sino también el Marx de la burguesía, me refiero a Weber, también estudió mucha historia y, mal o bien, sigue siendo el pensamiento más interesante que produjo esa clase social a la cual él representó y defendió en la Constitución de Weimar, etcétera. Pero él también estudiaba mucha historia, y estudiaba historia medieval.

Entonces, creo que tenemos que hacer una revalorización de toda la historia, salir de la historia del presente, de la historia anecdótica, de la historia inmediata que es lo que siempre se está viendo y que es también la historia de perspectivas muy cortas, la historia del miope, solo preocupado en si lo que pasó el año pasado explica lo que pasa en este año. No, lo que pasó en el desarrollo de toda la historia es lo que nos explica el presente y esa relación dialéctica entre pasado y presente me parece fundamental.

La otra cuestión que quiero decir, ¡ojo! Hay toda una tendencia actualmente en la cual se está planteando que esta conexión entre pasado y presente es una visión teleológica. No. El pasado sigue viviendo en nuestro presente, el presente tiene mucho del pasado y el pasado explica el presente, esa relación, esa interconexión dialéctica entre el pasado y el presente es fundamental en el pensamiento, sino no sé cómo se puede hacer un análisis más o menos contundente, profundo, de lo que pasa en la actualidad.

Por eso les agradezco, sinceramente, que me hayan llamado para hablar de historia medieval que es lo que más me gusta, y para decirle a los lectores de la revista que la historia antigua y la historia medieval, en realidad, son parte del conocimiento del presente.


[1] Montanari, M., Lalimentazione contadina nell’alto Medioevo, Nápoles, Liguori, 1979.