La producción no para un minuto

Lo que aún existe de la cuarentena es por obra total de los trabajadores. Si no volvieron las clases en Capital es por la organización de docentes, estudiantes y auxiliares. Las fábricas que aplicaron protocolos sanitarios lo hicieron mediante la presión y la huelga. Cuando los trabajadores de Unilever Pilar descubrieron que la empresa incumplía los protocolos de producción en complicidad con el municipio, los tres turnos de trabajo fueron al paro, según su comunicado, “hasta que se cumpla con los protocolos correspondientes y la empresa se comprometa a abonar las horas, los premios y todo lo correspondiente a los días que se prolongue esta situación en la que estamos metidos por su exclusiva responsabilidad”. 

Pero presos de la política de la burocracia sindical que intenta contener la generalización de las huelgas diciendo que se trata de casos aislados y dejando la aplicación de protocolos “en manos de especialistas” amigos de los patrones miles de trabajadores ya han contraído coronavirus en fábricas de todo el país, la mayoría de las cuales no son esenciales pero que de todas formas no han parado de producir un minuto. En el ingenio Ledesma de Jujuy y en la Seabord de Salta los casos ya se transformaron en obreros fallecidos o, digamos, asesinados por los empresarios. 

Los medios de comunicación hacen lo imposible para que esta situación no se coloque como agenda de discusión del país porque podría gestar una verdadera rebelión en defensa de la vida a la que se sumarían, necesariamente, las paritarias a la baja, la reforma jubilatoria, la situación educativa de los hijos de los obreros y las condiciones deterioradas en las que funcionan cientos de fábricas del país. Contrariamente a lo que quiere hacer creer el capital, según el cual el desarrollo tecnológico optimizó las condiciones del ambiente fabril, en la Provincia se denuncia que miles de talleres funcionan sin acceso al agua potable, baños saturados y que las condiciones de higiene dependen enteramente de los mismos operarios que trabajan en las máquinas. 

Entonces, en defensa de la vida, se deben cerrar ya mismo las fábricas con casos activos y sólo deben ser reabiertas con protocolos sanitarios adecuados. Será este el mejor apoyo para los trabajadores de la salud que se movilizarán el 21 de septiembre denunciando que están dejando la vida en hospitales carentes de insumo y apoyo presupuestario. Para que el cierre no sea el puntapié de despidos, cada fábrica debería constituir su propio comité o asamblea en la que se discutan todos los procedimientos, es decir, que no se toque el salario, no se suspenda y se desinfecten las instalaciones. La inflación creciente y los costos para las familias que acarrea una pandemia requieren de aumentos acordes, es decir, que se reabran ya mismo las paritarias. Para no aislar la lucha de cada fábrica, coordinación con el resto mediante planteos y ejes en común. La cabeza en alto siempre recordando que nuestra vida vale más que las ganancias de cualquier empresario. 

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