Contra el retorno a la Argentina Oligárquica
De acuerdo a la información periodística, que fue reforzada por declaraciones del gabinete nacional, el gobierno estaría a punto de lanzarse a reformar el conjunto del régimen electoral en la Argentina. Se plantea elevar exorbitantemente el número de afiliados necesarios para presentar listas presidenciales además de la cantidad de habilitaciones provinciales totales para avalar las candidaturas nacionales. Los partidos contarían con menos de nueve meses de tiempo (contando desde ahora, no desde que se apruebe la ley, que sería mucho menos) para cumplir con las obligaciones. Vale decir que las dificultades técnicas ya existentes son de por sí un desafío extraordinario para los obreros que pretenden participar del “juego democrático”. La reforma llega al extremo de que, así dadas las cosas, hasta la propia Libertad Avanza quedaría afuera de la legalidad, lo cual solventaría con un movimiento acelerado de los recursos del Estado para subsanar.
En general, la ley pretende meterse a todos los partidos de régimen en el bolsillo: peronistas, radicales y macristas que serían los únicos habilitados. Si bien la izquierda, hoy día, no cumpliría los requisitos, tampoco ha abierto la boca contra las restricciones. En realidad, el autodenominado “Frente de Izquierda” hereda miles de afiliaciones de organizaciones que luego logró expulsar y que le servirían de base para apuntar a la legalidad nacional. Eso, en todo caso, sería lógico. Pero teniendo en cuenta el silencio de misa y, sobre todo, la formación de bloques parlamentarios con el Partido Justicialista, el apoyo a la obra pública irregular que dio a los intendentes municipales desde los Concejos Deliberantes y la conformación reciente del bloque de 133 diputados junto a los dialoguistas libertarios, la UCR y el kirchnerismo, estamos obligados a colocar a la izquierda como parte de la constitución del régimen político oligárquico que se pretende constituir. Por su puesto que la hipótesis no es nuestra, los propios miembros del Frente de Izquierda se han acusado entre ellos de apoyar la reforma política que impulsa Milei, como se puede leer aquí: https://www.laizquierdadiario.com/El-PO-apoya-la-reforma-de-Milei
Las organizaciones de trabajadores que enfrentan la “motosierra” se cuentan de a miles, la mayoría de las cuales carece de un canal de organización político general que los pueda establecer como una alternativa de poder.
En nuestro caso, en las últimas elecciones dimos nuestro voto a la pequeña organización Política Obrera, de la cual hemos apoyado la orientación política general aunque hemos sido sumamente críticos de varios métodos políticos. Por ejemplo, el mismo día de presentación de candidatos a legisladores porteños nos enteremos que no habían podido reunir los avales necesarios para la presentación. Por su puesto que no los hacemos responsables de los requisitos exigidos por la justicia y de las restricciones del régimen para pelear una elección pero sí somos estrictamente críticos del secretismo organizacional. Una campaña de sinceridad abierta a la clase obrera podría habernos dado la posibilidad de reunir los avales necesarios para la presentación de candidatos en una Ciudad fundamental para la historia de movimiento obrero argentino. Fue en Buenos Aires donde los socialistas lograron sus primeras victorias que le dieron impulso sin precedentes a la organización obrera. Ni hablar de la importancia estratégica de la lucha política actual en la Capital Federal contra el régimen fascista que intenta imponer Jorge Macri, levantando villas, reformando el sistema educativo, despidiendo docentes, etc, etc, etc. Finalmente, vale decir que nuestro recorrido político es idéntico al de Política Obrera, fruto de la delimitación profunda contra la burocratización de la izquierda argentina. En la misma orientación se encuentran decenas de organizaciones tanto políticas como sindicales en todo el país.
Lo dicho tiene que ser suficiente para que se ponga en discusión la conformación de un frente electoral de la clase obrera, primero, con el objetivo de derrotar la reforma oligárquica de Milei y compañía y, con ello, preparar las condiciones para una campaña electoral internacionalista, contra la guerra en Gaza e Irán, por el cese de los bombardeos en Rusia y Ucrania, por el derrocamiento del régimen fascista de Trump y Milei, por la revolución y por la transformación de la revolución en un gobierno obrero y socialista. Manos a la obra.
1917
