La salud dental está vetada al pueblo

Siete de cada diez niños de seis años tienen caries en Buenos Aires, la ciudad más rica del país. En la mitad de los casos, el proceso es tan avanzado que perderán los dientes infectados. En los barrios más vulnerables, en el sur, son 9 de cada diez. A los seis años. Esto mostró un estudio de la Facultad de Odontología de la UBA en 2017, que visitó la totalidad de las escuelas públicas de la Ciudad.

Si el acceso a la salud es deficitario para la población trabajadora, la salud bucal está vedada. Los avances en el conocimiento y las técnicas en el cuidado dental de las últimas décadas se contraponen con el avance silencioso y endémico de las infecciones y otras enfermedades en la boca. No, nuestras dentaduras no están mejor que en el pasado. La enfermedad de mayor prevalencia es la caries. Esta infección, si bien es causada por bacterias y es contagiosa, se desarrolla producto de las condiciones favorables que encuentra en la boca, y nuestra bocas son un ambiente cada vez más favorable. ¿Por qué? La placa dental, una amalgama de bacterias que habita nuestros dientes se alimenta de carbohidratos, mayormente azúcares y almidones, y en este proceso se producen ácidos que “se comen” el esmalte dental (y luego avanza hacia adentro hacia el resto del diente). ¿Siempre tuvimos tantas caries? No, la humanidad vivió durante milenos sin pasta de dientes y no por eso perdió la dentadura. Lo que sucede es que la industrialización cada vez mayor de la alimentación modificó lo que comemos. Cada vez más alimentos tienen azúcares, incluso aquellos que nadie sospecharía.

Las caries (y otras enfermedades odontológicas) son un verdadero flajelo. No solamente niños y adultos pierden parte de su dentadura, lo que trae consecuencias un mal procesamiento de la comida y contracturas o dolores por la mala mordida (además del problema estético). La falta de atención de estas dolencias trae dolores crónicos y agudos y todas sus consecuencias (como la falta de sueño).

Los odontólogos coinciden: falta información. Educación. Campañas públicas sobre la higiene bucal. Muy cierto. ¿Sabía usted que a los niños hay que lavarle los dientes incluso antes de que tengan dientes, luego de alimentarlos? (Yo no). Los niños y adultos llegan a las guardias cuando la caries es tan avanzada (empiezan a doler cuando la enfermedad llegó a la raíz) que no queda otra que realizar un tratamiento de conducto o incluso sacar el diente o muela.

Pero no alcanza con señalar esto. La salud dental, incluso con educación, es económicamente prohibitiva. La salud de la dentadura comienza por la alimentación, incluso con la alimentación de la madre cuando está embarazada, y el consumo suficiente de calcio y vitamina D. Se estima que un niño tiene que tomar al menos un vaso de leche por día. El litro de leche en la argentina no baja de $50 (la de precios cuidados). El lavado de dientes requiere de una pasta de diente con fluor (en la cantidad adecuada de acuerdo a la edad) que no baja de los $300 y el cambio frecuente de cepillo. El fluor no solamente no es necesario, lo hizo necesario el cambio en la alimentación, sino que es un producto mineral que requiere de cierto cuidado, ya que en exceso también tiene consecuencias, pero es hoy imprescindible.

Mientras la salud pública, con todos los límites que se pueden señalar, es de acceso universal incluso para quienes no tienen cobertura de obra social o medicina prepaga (el 50% de la población), la atención odontológica pública es casi inaccesible. A su vez, la cobertura de obras sociales y prepagas es mínima. Podríamos decir que cubre el control de daños (tratamiento de problemas que no requieran procedimientos, la extracción de una pieza, un tratamiento de conducto) y los controles de rutina, pero esto con suerte. Además, conseguir un turno puede ser una odisea: unos pocos profesionales para miles de afiliados. Lo mismo sucede con la atención pública, pero al extremo. Para toda la población de la Ciudad, los hospitales públicos, CESACs y demás dependencias cuentan con poco más de cincuenta odontólogos. La mayor parte de las prácticas (comenzando por la colocación de un perno y corona para quienes se han hecho un conducto) son aranceladas.

El arancelamiento de la atención va de la mano del arancelamiento de las carreras de Odontología. Aún en la Universidad pública y gratuita, la posibilidad de cursada está supeditada a la compra de elementos carísimos para las necesarias prácticas. Son estos jóvenes los que, gratuitamente atienden a buena parte de la población: mientras un hospital público da 14 turnos por día, en la Facultad de Odontología de la UBA atienden a 3000 pacientes por día. Una vez terminada la carreta, la mayor parte de las prácticas se aprende en posgrados, ahora sí, con aranceles de cientos de miles de pesos. En última instancia, el profesional que nos cobra el implante $100.000, está pagando sus estudios y los altos costos de los materiales, todos importados. Sin embargo, como la medicina, la odontología se ha proletarizado. El alto costo asociado a instalar y mantener un consultorio ha llevado a los profesionales a trabajar para los grandes consorcios médico-odontológicos, para quienes trabajan a destajo.

Tener una dentadura sana es, hoy un privilegio. Y un negocio para unos pocos. La salud dental requiere de un plan dental integral para toda la población, que comience por la educación pero sobre todo que garantice el acceso a la atención profesional gratuita para toda la población. El mismo estudio con el que comenzamos este artículo proponía que todos los niños de la Ciudad recibieran un tratamiento de fluor una vez al año en la propia escuela. Estimaban que tendría un costo de un millón de pesos. Apenas unas monedas para el estado, sin embargo tres años antes el mismo gobierno de la Ciudad había desmantelado el programa de atención odontológica a niños vulnerables. Toda una orientación social.

Cata Flexer

1 comentario

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[…] La atención en los hospitales públicos está minada por el desfinanciamiento de décadas, con profesionales (muchas veces los mejores) terriblemente mal pagos y saturados, con el grueso de la atención en manos de residentes con salarios de pobreza, concurrentes sin salario y enfermeras superexplotadas en dobles y triples jornadas para llegar a fin de mes. Sin insumos y en instalaciones que reciben a lo sumo, cada tanto, una mano de pintura. Conseguir turno en un hospital público es una odisea, no sólo por la disponibilidad de turnos (unas pocas decenas por días, por lo que muchas familias hacen vigilias en los establecimientos para conseguir atenderse) sino por la lejanía (como mostramos, hace algunos meses, para el caso de la salud dental en esta nota). […]

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