Destinar todos los recursos científicos a la erradicación final del Coronavirus

Trescientos mil estudiantes, cuarenta mil docentes y quince mil nodocentes tomaron nota esta semana de que el rectorado de la Universidad de Buenos Aires preparaba la realización del recambio de autoridades de forma clandestina. La popularización del proceso electoral se transformaría en una bomba de tiempo que pondría, primero, a toda la comunidad educativa a discutir el rol político de la universidad en una de las etapas más duras de la historia reciente y, como consecuencia, pondría a las masas mismas a discutir la orientación social del régimen académico.

Como no podría ser de otra manera, los secretos del rector se hicieron públicos por los dos factores principales que movilizan la vida política de la UBA. Por un lado, o por abajo, la denuncia del estudiantado de la Facultad de Ciencias Sociales según el cual la decana se dispone a modificar un calendario electoral otrora conquistado y defendido hasta por La Cámpora. Por otro, o por arriba, la gestión de la Facultad de Psicología estalla en una guerra de camarillas que defienden negocios opuestos y el oficialismo decide censurar a la lista opositora.

El caso de psicología es crucial para comprender lo que está en juego en este proceso. Ya en Mayo de 2020 el decano Biglieri se despachó por los medios de comunicación colocándose del lado de lo que, en aquellos días, eran las posiciones de Donald Trump. Fue el vocero que eligió el radicalismo universitario para defender la presencialidad, si se podía, en escuelas y universidades y, sino, al menos en fábricas, bares y comercios.

Los radicales tuvieron compañía. Si la dirección kirchnerista de la Facultad de Filosofía y Letras suele pasar desapercibida, el 2020 tuvo como protagonista a la cabeza de la camarilla directiva, ex decana y actual funcionaria ministerial, Graciela Morgade, quien junto a Nicolás Trotta impulsaron la renuncia de la viceministra Adriana Puiggrós por exigir el reparto de notebooks entre las barriadas populares.

La paradoja era que, mientras tanto, los médicos y enfermeros recibidos en la UBA comenzaban los primeros meses de muchos que aún no acaban. Al contrario, la Facultad de Medicina de la UBA no movió un dedo frente al avance de la pandemia y hasta se dieron el gusto de rechazar públicamente la llegada de médicos cubanos.

La posición criminal de la UBA frente al COVID se explica solamente por la función social que ejercen sus administradores. Los planes de estudio, los materiales, los cursos de posgrado, toda la orientación académica de la Universidad está supeditada a los dictámenes del gran capital. En el caso sanitario, son las grandes farmaceúticas las que establecen la orientación social de la medicina. Los decanos de la Facultad de Farmacia y Bioquímica no son más que CEOS dedicados a reclutar fuerza de trabajo especializada para sus laboratorios. La Facultad de Odontología provee ella misma los insumos odontológicos dolarizados que profesionales de todo el país se acercan a comprar a los alrededores de Plaza Houssay. El pueblo argentino llegó a lo que quizá se transforme en la pandemia más fulminante de la historia humana con su universidad de espaldas al pueblo y absolutamente dominada por el capital financiero. El Banco Santander maneja todas las transacciones económicas de la universidad, cotiza gracias a ello millones de dólares anuales mientras diez mil docentes trabajan ad honorem.

Como quien dice, kirchneristas y macristas han sido responsables de la “neoliberalización” de la UBA, proceso que del otro lado de la Cordillera ha llevado las contradicciones sociales al límite y ha transformado a una gran camada de jóvenes universitarios a la lucha revolucionaria. Los constituyentes electos de Chile exigirán una universidad gratuita y orientada de acuerdo a los intereses populares. Es esa la etapa en la que se llevará a cabo la asamblea universitaria de Diciembre.

Para la clase obrera, el primer paso es abrirse un camino propio en los comicios universitarios, colocando en el centro de la escena la crítica de la administración capitalista de la academia, esto es, el poder, con un programa acorde a los intereses de las grandes masas, que transforme a la UBA en una palanca científica para el progreso de la humanidad.

Maxi Laplagne | Filósofo UBA, maestrando en Estudios Clásicos, ex Consejero Directivo.
Cata Flexer | Historiadora UBA, maestranda en Estudios Medievales ex Consejera Directiva.