Marcelo Ramal sale al rescate de Kicillof

Escribe Maxi Laplagne

Cuando de la mano de Barbara Carrillo Política Obrero volvía a recuperarse de los tres pasos atrás en que la había dejado el análisis político de Jacyn en relación a la crisis abierta por Guernica, Ramal escribe para hacer verdad esa ley de que luego de un pequeño progreso se viene otro retroceso.

A diferencia de Jacyn, Carrillo pone en discusión el problema político del poder, lo que finalmente colocó a nuestra tendencia en el carril científico del marxismo. La represión del jueves por la madrugada dejo en claro que la lucha por la vivienda que implica a más del ochenta por ciento de la población del conurbano bonaerense es irresoluble, en las actuales condiciones, con la mera ocupación de tierras porque el armamento policial del Estado que se muestra políticamente dispuesto a reprimirlas sin pudor resulta invencible. Sólo la lucha política por un gobierno revolucionario que imponga una reforma urbana abre un cauce de progreso a la crisis habitacional ¿Cuá es la otra solución, Ramal? Debes ser claro.

Para Ramal, de todas formas, el problema del poder se cuela por el costado porque concluye que la campaña que surge plantea la formación de coordinadoras u otro tipo de organismos similares. Se trata de un clásico del «basismo», una posición política muy difundida entre los foquistas de los sesenta que analiza los términos del poder solamente en relación con lo que sucede «por abajo», es decir, desprendido del poder político «por arriba». El propio Lenin en 1917 fue muy crítico de estas posiciones contra los bolcheviques que hacían de los soviets un fetiche histórico en vez de un lugar de organización y combate contra «los ministros capitalistas». Por ello en ningún momento, de abril en adelante, el llamado a los soviets a tomar el poder se encuentra desprendido de los vaivenes de arriba. Un seguimiento pormenorizado, siempre remarcando una y otra vez que Kerensky ya no podía seguir en el poder, es lo que le garantiza a los bolcheviques capitalizar el giro masivo de las masas luego del golpe de Kornilov. Traducido al Sur de la Provincia de Buenos Aires, un planteo de poder «basista» debe unir estrechamente las dos partes del poder, el de arriba y el de abajo, el desarrollo de asambleas populares con la salida de Axel Kicillof ¿Qué otra cosa deberían sino, hoy, discutir los incipientes soviets del «Petrogrado de la Argentina»?

Ramal sabe que esta cuestión se está discutiendo en el partido ( si no lo sabe es hora de que se decrete el fin de la censura a las posiciones revolucionarias). Pero como lo tiene claro, decide posicionarse del lado que rechaza exigir la renuncia de Axel Kicillof parándose en argumentos inventados por la socialdemocracia hace muchos años pero re contra utilizados por Néstor Pitrola hace unos meses. Para ver si la lucha por Guernica plantea la salida de Kicillof del poder, Ramal dice que «hay que esperar a ver que pasa». Es llamativo, porque no existe texto firmado por toda la dirección de la tendencia que no sea claro sobre el carácter humanitario, histórico, universal, apolcalíptico de la crisis política y revolucionaria que azota a los capitalistas de todo el mundo, incluso en el centro del imperio mundial, los Estados Unidos. También coincide Ramal en que la crisis plantea la ruptura de la base de masas del gobierno con su dirección y, también, claro, que ninguna de las medidas financieras sacan a la Argentina de una imponente crisis económica que ya se ha tornado sumamente política al punto de que los poderes del país se mueven como en un ajedrez, con intentonas golpistas y contragolpistas de todo tipo. Todo esto sumado hace que la situación sea solamente en términos «objetivos», plenamente revolucionaria, pero claro que a eso le sacamos las enormes luchas que la clase obrera está dando incluso en pandemia. Los docentes de la provincia somos de los únicos en todo el mundo que logramos sostener el trabajo virtual contra el gobierno contagiador. Las tomas de tierra son en sí mismo una expresión quasi bélica del actual estado de la lucha de clases pero que en realidad expresa la situación desesperante de muchos que crecimos en la decadencia que atraviesa la provincia de Buenos Aires, donde nuestros familiares pasaron de tener trabajos estables en fábricas a tener que ser cuentapropistas, ubers o hasta cartoneros. Los hospitales de la provincia están saturados porque los médicos no dan a basta y saben que no tendrán vacaciones próximas pero los refuerzos no llegan, ni humanos ni presupuestarios. Los médicos viven ellos también en situación de hacinamiento y se vuelven factor de contagio masivo de toda su familia, que vive en frente de casillas ocupadas por miles de desocupados. Y así se puede seguir incansablemente demostrando que la situación es tan o muchísimo más critica que en abril de 2019 cuando las luchas callejeras no eran masivas pero, igual, nuestra tendencia defendió ferreámente en el XXVI Congreso del Partido Obrero que Maria Eugenia Vidal tenía que irse, que era inclaudicable la lucha por el poder político y la convocatoria a una asamblea constituyente. Se podrá decir que en ese momento la situación todavía arrastraba las luchas obreras de diciembre de 2017 y junio de 2018, pero ¿qué? ¿ahora ya no cuentan como antecedente? En fin, Vidal se tenía que ir pero Kicillof no, es el argumento perfecto que busca la derecha para marginalizar a la izquierda de la vida política. Cuando la burguesía nacional hace frente con la oligarquía, la clase obrera está obligada a LUCHAR por su separasión tajante de los opresores, algo que no sucede por su propia cuenta sino mediante la lucha consecuente. Sobre todo en una situación donde la burguesía nacional que enfrentamos se encargó ella misma de destruir todo el progreso técnico de la nación rifando el capital en la bolsa de Nueva de York. Los trabajadores debemos expulsar a quienes destruyeron la Argentina.

El problema de la vivienda en la provincia sólo se resuelva en términos políticos porque es un problema de conjunto del capitalismo. El que tiene casa, la comparte con toda su familia, el que no tiene, se veía obligado a tomar tierras pero ahora sabe que un ejército de cuatro mil policías los va a desalojar en defensa de la propiedad privada, ¿qué prtende Ramal, hacer una campaña para tomar tierras? ¿Cuál es la contrapropuesta a que Kicillof se vaya del poder dando lugar a un gobierno obrero? ¿Más diputados en 2021? Si Ramal quiere ser legislador, y me parecería un gran avance obrero que así sea, debe levantar entre las masas las consignas populares que plantea la lucha de clases.

Los militantes de la tendencia debemos ser todavía más duros con la posición de que «hay que esperar a ver que pasa», sobre todo, cuando lo que está pasando es que el pueblo se lanza por su propia cuenta a tomar terrenos en masa y hasta organiza la resistencia. Así como en el 2019 todos teníamos en claro que exigir la renuncia de Vidal cuando las masas no estaban todas ellas movilizadas singifica toda una orientación política, lo mismo sucede en la actual etapa, donde lo que está planteado no es la salida esta semana del gobierno pero sí la situación misma ha puesta ante los revolucionarios las posibilidades históricas de una campaña de delimitación política hasta las últimas consecuencias con que lo que será el último intento nacional y popular. Exigir la salida de Kicillof se ha convertido hoy, además, en una campaña solamente popular porque los golpistas saben que agitando esa orientación ellos mismos pueden terminar presos de una rebelión popular contra todo el régimen político. En la Provincia, los militantes del PO deberíamos estar ya mismo pasando por casa explicando a la masa que Kicillof se debe ir. Se trata de una explicación pedagógica y de alguna manera también novedosa para la clase obrera argentina que nunca vio tan de cerca el desarrollo del arte de la insurrección. Que se vaya el gobernador y los intendentes, lo que por su propia cuenta lleva al poder de la nación y a una asamblea general constituyente.

No quiero cerrar sin LO MÁS GRAVE DE TODO, Ramal analiza la situación de Guernica separada de la cuestión política más importante, hoy día, para los revolucionarios de todo el planeta y que los argentinos tenemos la suerte de vivir a pocos kilómetros de avión (o hasta caballo). Chile no existe en el análisis de Ramal, para él la represión de Berni no es (entre otras cosas) la respuesta contra «el vendabal» revolucionario que sopla desde Santiago, para él no hay relación entre los vecinos de Guernica y la primera línea de lucha, pero, sobre todo, para Ramal la lucha que se ha abierto contra el gobierno de Kicillof no se da en el marco de todo un país limítrofe discutiendo la convocatoria, por primera vez en la historia, de una asamblea constituyente en la que, si las organizaciones rompen las restricciones impuestas, podrá ser el primer paso a un gobierno revolucionario a menos de dos mil kilómetros de Buenos Aires, y todo esto en menos de cincuenta días, mientras en nuestro país el PBI cae 14 puntos, en Estados Unidos la desocupación llega a un tercio de la población, cuando sucede todo esto pero los revolucionarios no podemos exigir que este gobierno no va más, que se gastaron un PBI en la timba financiera y que son obsoletos para enfrentar a la derecha.

Fuera Kicillof.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *