Escribe Maxi Laplagne

Una contradicción flagrante rige entre los dichos del intendente Mussi recorriendo canales de televisión a diario en los que anuncia la escasez de camas de terapia intensiva para los ciudadanos berazateguenses. Y no se trata solo de que han dejado en claro que en trece meses de pandemia no han invertido un centavo en la salud del pueblo, sino porque todas las actividades inesenciales del distrito continúan su funcionamiento como sí nada. En el caso de las fábricas más grandes de Berazategui, ya sean Rigolleau, Coca Cola o Zucamor, ninguna de las cuales fabrica productos de primera necesidad, por decreto municipal, en ningún momento de la pandemia frenaron su producción bajo el argumento de las perdidas que acarrearía poner la maquinaria en off. Esto ha sido una confesión de principios, pues en nombre de las perdidas monetarias se ha dado lugar a las perdidas humanas. A los editores de 1917 nos llena el pecho de angustia la noticia del fallecimiento de Daniel Espinoza, obrero de Rigolleau contagiado en la fábrica, quien nos ha abandonado para siempre y vivirá de ahora en adelante en el espíritu obrero de Berazategui. En el comunicado donde los trabajadores dan a conocer esta tragedia agregan «exigimos medidas sanitarias urgentes. No somos sólo un número de legajo. Que la muerte del cabezón no quede en vano» (publicado en Centro Informativo Berazategui).

Ya en 2020, el COVID avanzó en el deterioro de la salud de varios trabajadores fabriles del distrito. Cada día son más numerosos los casos conocidos de secuelas dejadas por el virus ya sea en los pulmones o en el sistema psíquico, es decir, que contraer coronavirus no es «una gripecita» como alguna vez dijo Bolsonaro y ahora parecen repetir los gobernantes de nuestro país. La muerte del trabajador de Rigolleau parte de esa política. Los trabajadores de la fábrica denuncian que jamás se puso un centavo en el desarrollo de verdaderos protocolos, los cuales solo constan de tomarse la fiebre en la puerta y mojarse las manos en alcohol, un replay de lo que pasa en las escuelas de la Provincia que, otra vez, el minsitro Trotta pretende reabrir bajo una utópica «reapertura programada». Del otro lado de la cuestión, las ganancias de Rigolleau han crecido exponencialmente en el 2020. El prestigioso diario BAE informa que sus accionistas accedieron a mitades del año pasado a un crédito de mil millones de pesos, los cuales no fueron nunca a parar a la inversión en producción, protocolos o aperturas de puestos de trabajo, sino a la especulación financiera para continuar manejando en mercado de producción de vidrio.

Conclusión: con hospitales colapsados, ¿toda la producción sigue siendo esencial? ¿No es crucial defender la vida de quienes producen? ¿No es importantísimo bajar el ritmo de circulación al máximo, cerrando escuelas y todas las fábricas que no produzcan elementos esenciales para atravesar la pandemia más grande la historia latinoamericana y, quizá, mundial?

Justicia por Daniel Espinoza, el cabezón.
Cierre de toda fábrica no esencial
Protocolos aprobados en asamblea