La agitación docente impuso un paro nacional
El asesinato de Nancy Godoy desnuda las calamitosas condiciones de trabajo de la docencia. Su femicidio está directamente relacionado con el encubrimiento de las denuncias que Nancy había hecho sobre las condiciones de la escuela y sobre el abandono de los directivos (un director que cobraba y no iba, la supervisora que jamás controló), conmociona a la docencia de todo el país.
Nancy era una docente rural. Sus hijos cuentan que tomó este cargo porque al haberse recibido “grande”, como muchas mujeres madres, le costaba más encontrar cargos en su ciudad. Así fue que recaló en una escuela en la que, para llegar, debía ir en auto hasta la entrada de una estancia, de allí la llevaban en camioneta hasta un puesto dentro de la misma y desde ese último lugar viajaba tres horas a caballo hasta la escuela, a la que concurren los hijos de los peones rurales. Obviamente dormía en la escuela e incluso podían pasar semanas si que volviese a su casa porque la zona se inunda. En nuestro país hay unas 10.500 escuelas primarias y unas 3500 secundarias rurales, muchas veces a cargo de una sola o unas pocas maestras a cargo de plurigrados. Algunas de ellas son también escuelas-albergue para los niños, dadas las distancias entre los hogares, dispersos por el campo y la escuela. Las maestras muchas veces duermen en la escuela, porque aunque no estén tan aisladas como la de Nancy, es económicamente inviable volver. Son incontables los casos de maestras muertas en accidentes viales camino al trabajo, así como víctimas de todo tipo de delitos por la ruta. Si bien cobran un plus por ruralidad, no compensa estos gastos.
La escuela de Nancy, la 626 de Corrientes, era sinceramente una choza. La docente contaba que no podía dormir allí y se iba a la casa de una paisana que la alojaba porque no se podía soportar el ruido y el olor de los murciélagos que vivían entre el techo. No había agua potable, ni luz ni señal de celular. Cuando llegó, necesitó la ayuda de las madres de los niños para limpiar el lugar, que estaba inhabitable. Los materiales de estudio estaban destruídos. El director titular de la escuela (y único maestro) no había asistido a la escuela en dos años. El “edificio” estaba cerrado con un candado oxidado. Los niños de la zona o habían quedado desescolarizados o concurrían a escuelas a varias horas de distancia, teniendo que vivir alejados de sus familias. Nancy denunció todo esto a la supervisión, y a la propia supervisora ante el ministerio de educación provincial, que ha mantenido absoluto silencio sobre el tema, dado que es el máximo responsable de la situación.
La denuncia hacia la supervisión y el director titular no deben caer en saco vacío. Las autoridades escolares tienen en las reformas educativas (como BA Aprende) cada vez más poder sobre los docentes, mientras que se lavan las manos de su tarea y hacen el trabajo sucio de lo gobiernos en las escuelas y colegios. Yendo para arriba, la supervisión depende directamente de la gobernación. Nancy denunció la forma en que los directivos y la supervisión se quedaban con el presupuesto destinado para la escuela rural para semanas después aparecer asesinada. El estado provincial es responsalbel directo del asesinato de Nancy.
La CTERA acaba de convocar al paro para el día de mañana, reclamado desde temprano en todas las escuelas. La presión fue imponente, en Florencio Varela una movilización de docentes y vecinos marchó directo hacia el edificio de SUTEBA a reclamar el paro nacional. En CABA hay una convocatoria a la Casa de la Provincia de Corrientes. Nancy es el eslabón más extremo de una larga cadena de precariedad laboral y abandono educativo. Justicia por Nancy, que se investigue hasta el último responsable.
Catalina Flexer
