No bajamos ninguna bandera

Escribe Maxi Laplagne

Compañeros, escribo este texto en la creencia de que han captado tanto como yo un problema que madura al interior del movimiento que lucha por la legalización y aplicación de la interrupción voluntaria del embarazo. Colgados de la profundidad histórica de la crisis que atraviesa al mundo, quieren instalar que se ha transformado en un problema secundario la lucha por el aborto legal. 

Falso. Al contrario de lo que quieren hacernos creer, el crecimiento exponencial del hambre y la miseria acrecientan la necesidad de legalizar el aborto sobre todo cuando la aceleración de los niveles de desocupación se han elevado exponencialmente en un año dónde ningún adolescente del país pudo contar con sus clases presenciales de educación sexual ni, mucho menos, existen condiciones financieras para garantizarles psicólogos y ginecólogos de calidad. 

La aprobación del aborto legal disminuiría considerablemente el trabajo de los hospitales porque se restarían los miles de casos anuales de hospitalización por la realización de abortos clandestinos. 

Sí, el aborto legal requiere de una partida presupuestaria propia para que sea realmente aplicable. Y sería, en todo caso, una partida presupuestaria general a los hospitales incompatible con los miles de millones de dólares pagados a los acreedores privados de la deuda. 

Su aprobación abriría puestos de trabajo porque se habilitarán centros públicos de atención para que la mujer que acceda a la decisión pueda antes contar con todo el apoyo que la sociedad le pueda brindar. Se abrirán las licitaciones para la construcción de centros integrales para los problemas femeninos e infantiles en general. 

La aprobación del aborto en el Congreso reduciría el gasto de millones de pesos en fármacos de empresas que lucran con los componentes químicos del misoprostol, el cual debería pasar a ser producido por el mismo Estado a la vez que se implementan e investigan nuevas formas de investigación anticonceptiva. 

Pero, con la legalidad del aborto, sobre todo, se cortaría un símbolo histórico de dominación política contra la mujer y los oprimidos en general. 

Desde 1917 convocamos a la realización masiva de actos, pañuelazos, piquetes, barricadas y movilizaciones en defensa de la aprobación del proyecto presentado por la Campaña Nacional del Aborto, el cual consideramos debe ser tratado antes del 31 de diciembre de 2020. 

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