No pasa nada, si todos los traidores se van con Massa

Escribe Felipe Gonzáles

A veces es necesario volver a repetir con claridad que en la política argentina ya no existe aquello de los principios. Los frente de gobierno que se constituyen para presentarse a elecciones son rejuntes para zafar del momento aunque, con la obviedad de la coincidencia en los puntos centrales. El kirchnerismo puro jamás se ha sentado a explicar detalladamente cuáles serían los beneficios para el pueblo de tener entre el gobierno a Sergio Massa, quien según medios de todo color se convertirá en la rueda de auxilio ante el desgaste y disolución absoluta del actual gabinete.

Massa es un experto neoliberal, cuyo pase por el Estado quedará eternamente registrado por haber sido quien remató los fondos jubilatorios de la ANSES para pagar deuda externa, de la cual él mismo es un gran acreedor y beneficiario. Fue él mismo el personero encargado por la oligarquía para rescatar al país de la crisis política a las que nos llevaba la “sintonía fina” de Cristina Kirchner encargándose de desdoblar las listas del PJ y derrotar al gobierno en el 2013. Desde allí Massa ha sido militante ferviente de la mano dura. Es él mismo representante directo de las agencias inmobiliarias dueñas de terrenos y edificios vacíos destinados a la especulación inmobiliaria y por ende impulsor incesante del desalojo de las tierras tomadas por familias sin techo. Massa termino en la lista del Frente de Todos porque analizó que las encuestas lo daban ganador, es decir que fue llevado a su lugar de gobierno por un plan político digitado por el propio Estado.

Hombre de Sergio Massa entre los ministros es nada menos que Nicolás semáforo Trotta, representante educativo de la burocracia sindical y las camarillas dueñas de las universidades privadas que venden cursos de formación a docentes de escuelas públicas.

Es evidente que los rasgos nacionales y populares de Sergio Massa son inexistentes y, sin embargo, el ex intendente de Tigre vuelve a ubicarse como el represente de una salida ordenada a la crisis política que golpea las puertas de la Casa Rosada.

Los rumores de su ascenso a jefe de gabinete, el cargo que popularizó en su tiempo a Alberto Fernández, se dan en el marco de varias definiciones políticas: reviente absoluto de la cuarentena y paritarias a la baja para los trabajadores de la salud, rediscusión de los convenios laborales en búsqueda de reformas laborales que intensifiquen la jornada laboral y eliminen derechos históricos de los trabajadores, la búsqueda de una nueva obediencia de vida por parte del Ministro Rossi hacia las fuerzas armadas y, finalmente, la reubicación de Argentina en el plano internacional a las posturas que defendió el país durante el gobierno de Macri, esto es, el ataque al gobierno Venezolano en nombre de los Estados Unidos y la neutralidad cuando no el acompañamiento frente al bloque derechista que intenta reagrupar Bolsonaro, quien hace unas semanas fue felicitado por el embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli.

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