Paro y vigilia hasta que se apruebe

Por Comité de Redacción de 1917

Que el 29 de diciembre se resuelva la aprobación de la interrupción voluntaria del embarazo habla de lo incansable de una crisis social y política que no dará un minuto de tregua a ninguna clase social. Luego de un año de abrazos con el clero, el gobierno debió acabar presentando un proyecto propio porque tenía claro que si no lo hacía la rabia de un país que se intenta sumir en la pobreza se los hubiese llevado puestos. Pero, aún con el aval de la Casa Rosada, aún con la objeción de conciencia impuesta por la iglesia, el proyecto puede ser rechazado o devuelto a diputados para “correcciones” que lo dilatarían (y harían aún mas restrictivo, por ejemplo, al poner un límite de tiempo a los abortos por las causales hoy ya no pubibles), quizá, eternamente en el tiempo. Dado que ninguna de esas “reformas” es la eliminación de la objeción de conciencia, la vuelta a diputados haría simplemente las veces de una maniobra para lograr vetar la discusión depositando expectativas en las mujeres movilizadas de que “ya llegará su tiempo”. 

Pero, así como es posible su rechazo, también esta vez es más posible que nunca una victoria en el Senado, la que, sin dudas, será fruto del sacrificio desmedido de una generación de luchadores que irrumpido en la escena política con reivindicaciones que al poner en debate el atraso político de la cultura argentina ponen en jaque todo sus sistema de dominación, desde el régimen jurásico del Senado, hasta las direcciones retrogradas y celestes de la burocracia sindical. La aprobación del proyecto del día 29, debe saberse, iniciará una batalla todavía más dura porque, por un lado, el proyecto intentará ser elevado a la Corte Suprema para su supresión en nombre de la Constitución Nacional y el Código Civil que defienden la existencia de vida humana en el vientre materno y, por el otro, abre paso a la lucha para su real aplicación, lo que requiere de un crecimiento singular de partidas presupuestarias a los hospitales que luchan, al contrario, contra el vaciamiento y los salarios de miseria de sus trabajadores. Por su parte, la ley conllevará la objeción de conciencia institucional, es decir, vamos a un enfrentamiento directo contra aquellas instituciones que pretendan continuar lucrando con el aborto clandestino o que directamente apliquen sus criterios en provincias enteras para vetar que se realicen abortos. Es lo que los celestes dicen que sucederá, por ejemplo, en Salta. Sería adecuada una campaña de escraches contra cada institución que se niegue a practicar abortos. 

El 29 nos movilizaremos sin condiciones, incluso bajo la maniobra del gobierno que aprobará ¡el mismo día! la reforma jubilatoria que expandirá como nunca antes las jubilaciones de miseria. Alertamos que los sindicatos dirigidos por la burocracia han dado la espalda a esta lucha crucial porque, lo tienen claro, una huelga general obrera impondría la ley en menos de veinticuatro horas. Preocupa, además, que sindicatos clasistas como el SUTNA, que actualmente enfrentan con uñas y dientes ajustes y despidos, hayan sido incapaces de realizar una campaña por la aprobación del aborto legal por miedo de las direcciones a perder autoridad entre las bases que, consecuencia de la educación conservadora de la Argentina, rechacen la aprobación del aborto legal. Aún estamos a tiempo de que el movimiento obrero emerja en la escena política defendiendo los derechos de las mujeres y, en particular, de las mujeres obreras, quienes realmente acaban en la clandestinidad ante la falta de recursos para abortar con los cuidados de una clínica privada. 

Más que nunca: aborto legal en el hospital. 

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