Escribe Cata Flexer

La Ciudad de Buenos Aires protagoniza una huelga docente sin precedentes. Al estilo de las famosas huelgas neuquinas y rionegrinas, que la burocracia sindical dejó a la buena de dios, a pesar de expresar los reclamos del conjunto del país, hoy, al escribir esta nota, los maestros y profesores de la capital paran, hace dos semanas, rechazando la presencialidad en las escuelas en plena pandemia de coronavirus y sin vacunación masiva. La huelga ha dejado de ser solamente de docentes. Numerosas escuelas no tienen un sólo estudiante en sus aulas, aún cuando algunos docentes no pueden sostener la medida de fuerza por los descuentos salariales, porque los estudiantes de secundaria se decretaron en paro y las familias deciden no mandar a los niños.

La huelga docente importa más allá de las escuelas por dos razones. En primer lugar, la exigencia de educación virtual es para evitar la circulación y preservar la salud de la población en su conjunto (un contenido de la huelga de alcance nacional). En segundo lugar, porque en el enclave de PRO/Cambiemos, pone en pié un movimiento de lucha. 

La insistencia en la presencialidad tiene un motivo general y otro local. Larreta, como Fernández, necesita de la escuela para cuidar a los chicos mientras los padres están en el trabajo. Si el gobierno nacional ha decretado la suspensión de clases en una parte del territorio ha sido solamente por la fuerza del reclamo docente y por el miedo a que un colapso sanitario traiga consecuencias aún mayores: los políticos “bolsonaristas” no han tenido un buen desempeño electoral, como lo prueba la derrota de Trump en los EE.UU. AF, además, ha dejado hacer a Larreta. Localmente, Larreta no puede permitirse faltar al lobby de los principales negocios de la ciudad: el mercado educativo.

El lobby de la educación privada necesita de las escuelas abiertas para cobrar cuotas. Pero no se trata sólo de las escuelas. Buenos Aires se ha convertido en capital latinoamericana de la educación superior paga (privada y pública) que necesita tanto de los establecimientos abiertos como de un funcionamiento “normal” de la vida urbana, para atraer a decenas de miles de estudiantes en busca de las carreras de grado y posgrado (pagas) que no pueden pagar en sus países de origen. Estamos hablando de la Ciudad de la Unicaba, pero también la de la UADE, las privadas en general, y, principalmente la UBA, cuyas camarillas, encabezadas por el puntero radical Jacobitti, forman parte del armado de la UCR/PRO. 

La única educación que preocupa a Larreta es ésta. Durante todo 2020 ni Larreta ni Fernández hicieron algo para garantizar la continuidad escolar: reparto de computadoras o tablets, acceso a internet, ni que hablar de alimentos saludables.Tendrían que lavarse la boca antes de hablar de los “barrios populares” porteños, donde 300.000 personas, el 10% de la población de la capital, a las que en plena pandemia no les llega ni el agua potable. El crecimiento de las villas es la contracara del crecimiento exponencial de la especulación inmobiliaria desde los gobiernos de De La Rua e Ibarra la fecha, encareciendo la propiedad del suelo y expulsando a los vecinos de los barrios ahora “gentifricados”. La pandemia ha expuesto el flajelo de los alquileres impagables, la falta de vivienda propia y el hacinamiento. Sin embargo, en plena pandemia, la UBA inaugura su primer cátedra de “desarrollo de proyectos inmobiliarios”, el otro gran negocio porteño. En el negocio inmobiliario, Larreta tiene de socia a la pseudo oposición. Lammens, candidato del kirchnerismo en 2019, es el principal impulsor, junto a Tinelli, de la “vuelta a Boedo” (que lejos de representar la recuperación de los espacios del Club San Lorenzo para los vecinos viene a usurpar la legítima reivindicación con un shopping y emprendimiento comercial). En este campo, sin embargo, Larreta también tiene nuevas dificultades. Su proyecto de venta de Costa Salguero para la construcción de barrios de lujo acaba de ser vetado en la justicia, luego de que en la audiencia pública por el proyecto participara una cantidad sin precedente de vecinos rechazando la privatización del acceso al río. Mientras tanto, en las villas porteñas, como en el 2001, crece el movimiento piquetero. 

Larreta y sus compañeros de la UCR Capital se han convertido definitivamente en el sector negacionista de la pandemia. Defienden la presencialidad criminal tal cual lo hizo Bolsonaro llevando a Brasil al colapso. Con 96 niños en el Garraham, Larreta abre las escuelas.  

La oposición a las políticas derechistas crece en las calles. Buenos Aires no sólo fue el epicentro de grandes movilizaciones nacionales como el rechazo 2×1 a los milicos, el Ni Una Menos y el aborto, sino de movilizaciones plenamente “porteñas” contra el alcalde: Docentes,vecinos cotra la especulación, trabajadores de los hospitales y del subte son los ejemplos más prominentes.