Sobre una crisis de carácter apocalíptico

Aportes al XXVII Congreso del Partido Obrero

Escribe Maxi Laplagne

La prensa internacional refiere desde hace varios días al interés creciente que generan las ciencias sociales entre los nuevos grandes empresarios. Los grandes Best Sellers que recorren Londres y Nueva York refieren a estudios sociales sobre las transformaciones que generará la crisis del coronavirus en la política mundial. Desde el camino de ida sin retorno a regímenes autoritarios hasta la vuelta al comunismo, todas las variantes se discuten entre la intelectualidad. La novedad es que parecería haber una homogeneidad creciente entre varios sectores que refieren al 2020 como “el año en que se acabó el capitalismo industrial”. Según los mentores de tan mentado análisis, la masificación del teletrabajo y el crecimiento exponencial de la economía de la inteligencia durante la pandemia nos han empujado a un nuevo orden mundial. La industria habría sido reemplazada por los algoritmos.

Truchadas. Politiquería vulgar y terraplanista. Junto al descubrimiento de la gravedad, la otra gran ley de la naturaleza descubierta en la modernidad es la del valor. Según ella, las mercancías esconden detrás de su materialidad la esencia que las hace posible, esto es, el trabajo humano. Incluso los algoritmos son lanzados a la red por jóvenes hiperexplotados en todo el planeta. Al contrario de los opinólogos de La Nación, la industria ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. La alimentación ha sido transformada en el último siglo hacia las series industriales empaquetados al igual que los medicamentos, los vehículos y, sobre todo, la tecnología. Poseemos a nuestro servicio los más grandes descubrimientos técnicos de la historia de la humanidad, con megatorres que se construyen en apenas meses. Las redes sociales han comunicado políticamente a la masa de la humanidad. Cuando los sociólogos del poder hablan de que se terminó la industria lo que quieren decir, en verdad, es que la gestión capitalista de la industria ha colapsado. Los descubrimientos técnicos de la humanidad han sido manipulados bajo la ley del lucro y cuando se ha vuelto imperante una respuesta de conjunto a la humanidad, los intereses individuales de cada capitalista se imponen al conjunto de la humanidad.

Las relaciones sociales de producción han entrado en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. Esta ley de la ciencia funcionó como tendencia de la sociedad durante los últimos siglos. Las grandes pestes como el sida la habían elevado al plano de elemental porque mientras las grandes naciones lanzaban cohetes al espacio, nadie ponía un peso para erradicarlo. Lo que sucedía es que las grandes empresas farmaceúticas lucraban con los enfermos de HIV por lo que decidían no investigar la cura. Una pandemia de alcance mundial como la actual ha recrudecido esta tendencia. En todo el mundo o bien los sistemas de salud se muestran impotentes para sanear a los países del virus o bien la aplicación urgente de cuarentenas ha acelerado las tendencias anteriores a los quiebres financieros. Ningún organismo internacional se muestra capaz de financiar a ningún país en quiebra porque quebrarían ellos mismos. Así, la crisis financiera de Buenos Aires golpea la bolsa de Londres y sacude Wall Street a la vez que la caída histórica de Inglaterra y Estados Unidos acelera la descomposición económica de los países en que hacen negocios; es decir, todos.

A una ley tan general le corresponden respuestas generales. Si bien la articulación política de la realidad universal debe enfocarse en situaciones concretas, la primera funciona como una guía teórica ineludible para la práctica revolucionaria. Si es realidad la contradicción social a la que referimos, lo que corresponde son respuestas de carácter universal, es decir, que además de englobar al conjunto de las naciones las piense en términos de su desarrollo común. Sólo desde este punto de vista el marxismo ha logrado comprender políticamente las atrocidades más crueles de la historia de la humanidad, como la conquista española en América o la colonización inglesa en la india. La burguesía de sus orígenes empujaba con ella el ímpetu revolucionario de los pueblos que abolieron la servidumbre y practicaba deliberadamente la libertad mercantil que se expresó luego en libertades políticas y científicas. Es decir que la fuerza natural de la revolución inglesa rompió el tabú religioso de la india antigua sumándola al mercado mundial.

Pero las revoluciones burguesas no son procesos lineales, sino, al contrario, repletos de pujas internas por la orientación de la revolución. Tan así que la gran mayoría de los partidos políticos dirigentes de las revoluciones burguesas fueron posteriormente aplastados por la reacción. Por caso, Cronwell asesinó a los levelers ingleses, el termidor a los jacobinos, la contrarrevolución de 1816 a los seguidores de Mariano Moreno. Las mismas contradicciones de la burguesía empujaron a una guerra interna de posiciones entre revolucionarios y conservadores.

El eje que unifica la historia de la revolución mundial, no es, justamente, el de las fuerzas políticas que aplastaron con apoyo y en defensa de la reacción a los agitadores populares de su tiempo, sino, al contrario. es el de los partidos que pudieron elevar a la conciencia de sus contemporáneos las fuerzas centrípetas de las revoluciones que les tocó vivir.

La Nación y todo el resto de los medios que han defendido las posiciones de Trump desde el inicio de la cuarentena, se encuentran en un ataque descarado a las grandes victorias de la burguesía revolucionaria. En nombre de la democracia, atacan el jacobinismo, es decir, se posicionan del lado de la reacción histórica de la burguesía y no de su progreso. Conocen al dedillo que ya no existe clase dominante capaz de sostener tales principios y temen como a la peste que las conquistas democráticas del pasado se reflejen y potencien las revoluciones del presente. Así, las defensas de los derechos elementales de las mujeres podrían abrir en Argentina un proceso revolucionario. El parlamento fue, en su momento, el bloqueo para lo que hubiese sido una conquista histórica de la democracia burguesa.

Compañeros, no me cabe duda que se han hecho enormes esfuerzos por acompañar y orientar al movimiento por el aborto legal. Lo que hace falta, otra vez, es una caracterización política adecuada a las circunstancias. Por su parte. quien desconecte la crisis política actual de los movimientos revolucionarios del 2018 quedará fuera de juego. Si bien el balance es contradictorio porque el movimiento ni conquistó el aborto legal ni se manifestó en conquistas materiales fue, sí, la expresión más concreta de las aspiraciones de una época. Las reivindicaciones democráticas más profundas de la burguesía, aquellas que incluso ya satisfizo en los países avanzados, quedaban en manos de la clase obrera, la cual se dotaba de nuevos métodos de organización ya no sólo contra la dictadura patronal en los lugares de trabajo sino contra la ideología conjunta del régimen político. Es decir que las masas de nuestro país asisten a la presente crisis luego de una experiencia inmediata de experiencia política que contrastó el método de la acción directa al de la república parlamentaria. La constitución de asambleas permanentes entre el millón y medio de asistentes a las movilizaciones por el aborto legal hubiese significado el primer paso de un gobierno revolucionario. Incluso el proceso adquirió tal amplitud con el paso de los días que la lucha por el aborto legal se transformó en la lucha por dejar de financiar a la iglesia. En cambio, los enérgicos defensores del parlamento pusieron todas sus fichas en orientar al movimiento hacia la salida electoral que en el 2019 ganarías las elecciones para aprobar el aborto. La pedagogía a veces es simple cuestión de relatar las cosas tan simples como son.

No tantos meses después de que “La vida de miles de mujeres sea radicalmente transformada por el feminismo”, Chile ha saltado varias etapas de un salto, incluso antes del coronavirus. La respuesta al régimen pinochetista de Piñera no fue entre el pueblo el llamado a un gobierno parlamentario democrático sino la convocatoria a una asamblea constituyente libre y soberana. Es decir que ya desde antes de la pandemia los pueblos del mundo manifestaban entre sus panfletos el agotamiento histórico de una forma de organizar el mundo en el que habitan. En apenas dos décadas el neoliberalismo chileno arrasó contra conquistas elementales del pasado como lo eran la salud, la educación y al agua pública. Bajo la égida de la guerra civil contra los subversivos la dictadura chilena pretendió injertar el glamour de la perfumería europea en un país que apenas una década atrás luchaba incansablemente por la reforma agraria. La aceleración de la degradación social del capital aceleró también procesos que habían tardado varias décadas en madurar. La democracia se mostraba continuadora del régimen dictatorial y los desafíos del presente traían a colación las reivindicaciones pasadas de los revolucionarios. El ejército ahora servía no a la dictadura, sino al régimen parlamentario que había avalado la privatización completa del sistema educativo. Los diputados se transforman en “los políticos de siempre”, las masas toman en cuenta su rol retrógrado en la sociedad y en la conciencia de la nación chilena el parlamento se esfuma como posibilidad histórica de consagrar las demandas elementales.

Y bien, pensar el desarrollo histórico argentino separado del chileno lleva cualquier conclusión al error, sobre todo si lo que se está estudiando es la relación del proceso revolucionario chileno en nuestro país. Como casi nunca antes en la historia, la burguesía pujó por la unidad política de América Latina como en la liberación de Chile, en el que Venezuela y Argentina presentan un frente único de combate contra el ejército real. Mucho más acá en el tiempo pero mucho más allá en profundidad histórica, las coordinadoras obreras de 1975 imitan los métodos chilenos de 1972. Es decir que cada vez en la historia que el problema de la forma que adquiere el gobierno se ha puesto en debate, las clases revolucionarias chilenas y argentinas han respondido de forma unificada.

La revolución chilena cubaniza a los milennials. Sus imágenes se vuelven estandartes y horizonte de lucha para procesos, quizá, más agudos que el chileno. En una lucha de carácter nacional, la revolución chilena se gana el apoyo de América Latina, se la califica como proceso revolucionario y se debate en toda la prensa cómo va a estar organizado Chile luego de Octubre de 2020. A kilómetros de Buenos Aires los principios históricos de la revolución francesa se materializan adaptándose a las nuevas circunstancias mientras que la crisis “de verdad”, “la grosa”, está en Argentina. LA BURGUESÍA ARGENTINA SABE ESTO AL DEDILLO. Traducido: vamos a una crisis política que supera los alcances del 2001 pero, esta vez, en medio de un proceso revolucionario que sacude al continente y al cual el coronavirus ha acelerado el ingreso de los pueblos estadounidenses que ya estaba previsto. Está claro que la burguesía tendrá en su cabeza la posibilidad ideológica de tener que enfrentar mediante la respuesta contrarrevolucionaria los procesos crecientes de lucha. Todas las conclusiones teóricas le indican a los capitalistas que lo que está en juego es la defensa de su método de organizar la sociedad.

Los científicos sociales ofrecen a la burguesía un método. Lo toman del marxismo, le roban todas sus premisas de análisis, sus estructuras, sus conclusiones, sus postulados históricos y de verdades objetivas sacan conclusiones contrarrevolucionarias CONSCIENTES. Esta capacidad histórica de la burguesía por predecir, de alguna manera, los acontecimientos históricos le otorga una determinada posibilidad de anticipación a los hechos, lo que en nuestro partido ha llevado a varios compañeros a plantear que aún hoy existen sectores democráticos de la burguesía, esto es, capaces de planificar de conjunto una estrategia política. Pero la realidad es que la desintegración cada vez mayor de la burguesía, dividida en infinitas ramas e intereses internacionales, hace que las conclusiones ciertas a las que pueda llegar la ciencia social liberal sea imposible de resolver en la práctica. De esta manera está planteada en este momento, como nunca antes en la historia, la reorganización social del sistema capitalista, pero lo único que puede ofrecer la burguesía es la posibilidad (supuesta) de reemplazar la producción por algoritmos. Pero incluso los algoritmos forman parte de la lógica matemática y no superan las inconsistencias y hasta Google Argentina manifiesta haber crecido como nunca antes desde el mes de febrero hasta el mes de abril de 2020. Luego, la caída también es histórica porque los niveles de crecimiento masivos imponen también la superación aún más masiva del mercado. La sobreproducción también llega a las empresas tecnológicas y es que sus desarrollos sólo son aplicables si tenes PC, celular e, incluso, si el nivel de su tecnología se adecúa a los requerimientos de los nuevos Softwares. En un país donde se ha demostrado que el 80% de las familias carecen de accesibilidad a la educación digital, ni Google se salva.

Así, todas las ramas del capitalismo caen. Pero siempre, incluso en las crisis más foribundas, los humanos han continuado alimentándose, vistiéndose o satisfaciendo sus necesidades más elementales. Es decir que, la crisis capitalista lleva los sistemas económicos al colapso, pero aún así, nunca la parálisis productiva es absoluta por su propia cuenta. En otro lenguaje, sólo mediante la intervención subjetiva hacia el paro de la producción, es que la producción capitalista cesa y entra en impasse absoluta dándose lugar en términos científicos a un vacío de poder revolucionario. Las revoluciones son procesos objetivos emanados del proceso histórico del proceder propio de la naturaleza. No puede no haber no revoluciones, haya o no haya partidos, haya o no haya consignas, haya o no haya organizaciones. Lo que es subjetivo, e incluso en términos relativos, es la orientación con la que se leen los procesos y se interviene en ellos. Una combinación aguda entre la interpretación del proceso y su desarrollo, mostrada en la experiencia, gesta a la vanguardia de la revolución. Los levelers de 1640 lograron entender que lo que estaba en juego en Inglaterra en ese momento era el futuro de la humanidad. Su agitación política, siendo ellos mismos artesanos, no se restringió a los intereses artísticos, sino a la intervención consciente en el desarrollo de la historia de la humanidad. En esa lucha, es decir, de carácter global, el parlamento se transforma en una conquista histórica de la revolución mundial.

Se ha dicho hasta el hartazgo estético que “el paro es el método de la clase obrera”, “que las revoluciones se hacen con la huelga general”, etc., La verdad es que no existe preconcepción de los métodos con los que la clase obrera interviene en las revoluciones. Lo que sí puede hacerse, en cambio, es discutir qué orientación podemos intentar imprimir a los procesos revolucionarios. Por ejemplo, en Berazategui varios compañeros hemos militado durante toda la primera mitad del 2019 por la coordinadora de trabajadores de Berazategui, conscientes de que la crisis política había abierto una deliberación política creciente. Sabíamos que la constitución de la coordinadora podía transformarse en un principio de organización política. Con el paso de los días la coordinadora se fue transformando en asamblea y la asamblea, al adquirir sus propios temas, se transformó en el organismo de lucha más importante en la historia del distrito, que lucha por la supervivencia del pulmón de aire más grande de la provincia de Buenos Aires, los humedales de Hudson. Para intervenir y preparar esa orientación habíamos discutido que la crisis política alcanzaba desde ya niveles históricos y que retrotraía a la humanidad a la defensa de la naturaleza. La orientación la tomamos, justamente, del movimiento leveler, pero ya no de 1640, sino de 1381, del movimiento de los siervos que, entre varias reivindicaciones, pasó a la popularidad por la aguerrida defensa de los bosques comunales. La situación de los bosques ahora estalla en todo el mundo, es decir, que la tendencia es a pequeñas experiencias repetidas por todo el mundo de asambleas de Berazategui militando por la conciencia del cuidado de sus reservas naturales. El coronavirus, la existencialidad que ha impuesto ante la desinformación, el trastorno histórico que dejará en la psiquis de la humanidad, no ha hecho más que elevar a la quinta potencia tendencias ya existentes en el desarrollo vivo de la sociedad.

Ahora bien, no se puede vivir en 1640, es decir, no se puede vivir de haber conquistado el parlamento. En el Siglo XVII, la democratización de los asuntos públicos fue la máxima conquista de un movimiento que llegaba hasta allí por su naturaleza histórica, por la carencia de una clase social que pudiese superar las fuerzas revolucionarias del capital. Sin embargo, al parlamento inglés aún le faltaban casi cinco siglos de desarrollo de las fuerzas productivas que, en cierta forma, volvieron obsoleta hasta su misma existencia. La centralización del poder entre las fuerzas políticas actuantes, mediante la presión de la competencia capitalista, se transformó en la representación política de clases sociales divergentes. Las clases poseedoras se adueñan del parlamento mediante la utilización de las armas y el fusilamiento de las ramas opositoras por lo que para el resto de las clases participar en el parlamento se transforma en la victoria de una lucha. Es decir que sí, participar en el parlamento forma parte de las tradiciones históricas de los oprimidos pero, justamente, para denunciar que el parlamento se ha transformado en la representación política de una sociedad que vive del fraude porque promete libertades y democracias al pueblo pero se muestra incapaz de garantizar los elementos fundamentales como la vivienda y la comida. La función del parlamentario revolucionario en el 2020 es luchar por la anulación del parlamento, por su eliminación, por su boicot masivo por parte del pueblo y su reemplazo por un organismo que represente la totalidad de los intereses de la sociedad. No es lo mismo si en el partido a vos te toca militar en una escuela, en la que lucha por ponerla al servicio de la verdadera educación popular, que si militás en una cueva de corruptos incapaces de cualquier salida histórica de conjunto.

Ahora bien, los levelers ingleses funcionan de horizonte histórico al igual que los bolcheviques pero ello de ninguna manera significa que las características de los movimientos revolucionarios pueden ser preconcebidas, es decir, prejuzgadas. La estética de los procesos revolucionarios se adapta a las variantes que enfrenta y, si bien es verdad que toma tradiciones del pasado, justamente, por ser procesos revolucionarios, si las tradiciones del pasado les son insuficientes para sus demandas políticas, entonces crea sus propias tradiciones. Es decir que antes de empezar a decir que la revolución será peronista, católica y bostera como se dice desde hace tantos años, lo que se debe preguntar en realidad es si en términos reales el peronismo, el catolicismo y el bosterismo le son funcionales a las clases revolucionarias. Si hacerse peronista no le sirve al joven que arma su comisión interna para dirigir su call center y arrancarle conquistas al jefe, entonces el peronismo será obsoleto. En cambio, si el peronismo se presentase como una fuerza revolucionaria, que decide intervenir en la crisis del coronavirus con un planteo universal, de superación de la naturaleza, entonces el peronismo podrá ser revolucionario. Y, desde ya, debemos decir que entre pago infinito a los acreedores, aumentos históricos a la policía y acuerdos con el FMI contra los jubilados, el peronismo de ninguna manera puede hacer de bandera de un movimiento que deberá hacerle frente a una crisis de características universales.

Se ha discutido bastante, pero creo que no lo suficiente, sobre el catastrofismo. Pero creo que de alguna manera el debate se ha tergiversado porque se ha pretendido hacer del catastrofismo un esquema científico preconcebido en el cual la agitación revolucionaria siempre debe presentarse en términos de catástrofe ultimatista. Falso. Una cosa es la caracterización histórica del proceso de descomposición capitalista y otra su intervención. Cuando los catastrofistas tuvieron que plantearse el pase a la clandestinidad por el alcance persecutorio que tendría la dictadura militar, entonces no existió caracterización gigante de la crisis que no avale el reflujo general del movimiento como consecuencia de una ofensiva violenta por parte del poder. Es decir que el mismo catastrofismo fue utilizado en las épocas de reflujo como un método científico y es que, justamente, hablamos de catastrofismo para referirnos, en realidad, al análisis metódico de las ciencias sociales regidas por la ley del valor y la explotación capitalista. Luego, la agitación adquiere un matiz catastrófico y esto, de ninguna manera, es una creación de “los troskos” sino que ha sido el método histórico de lucha de los pueblos. Los campesinos que luchaban por la liberación a fines del primer milenio presentaban la llegada del año mil como un proceso apocalíptico que explicaba la “irracionalidad” de los movimientos de masas que luego de miles de años de servidumbre celestial se lanzaban a la toma de tierras.

Y sí, justamente, de eso es lo que hay que hablar. La toma de Guernica debe ser caracterizada en términos políticos imbuidos en esta caracterización general. Es decir que no se trata de la simple toma de tierra por parte de un grupo de familias, sino de la materilización, pero sobre todo la popularidad que adquiere un movimiento de vecinos que se ve obligado a romper las leyes del capital para sobrevivir. Es decir que la legalidad capitalista ha entrado en disolución porque todas sus restricciones se suponen existentes previo a satisfacer las demandas elementales de los ciudadanos. Es decir que nuestra agitación no puede estar sumida al sentimentalismo por la tierra, el cual además sería una desviación de movimientos campesinos que tomaban tierras para producir y no sólo habitar, sino que debe servir como una tribuna de agitación de la agonía del capital que muestra su cara real a sólo un par de kilómetros de la capital federal, pero que a su vez muestra una respuesta a la barbarie y como consecuencia de la respuesta real la gestación de un movimiento de lucha. Son las leyes de la historia materializándose.

Por su parte, los niños de Guernica van a la escuela pública y si por algo se ha caracterizado el trabajo docente en 2020 es por la solidaridad surgida desde abajo, es decir que, incluso desde el estudio de la caracterización de la sociedad, la toma de Guernica funciona como un faro de lucha para la clase obrera. Y esto, debe decirse, porque pone en juego la propiedad privada, ya no sólo en el interés a estas tierras, sino como foco central de un debate. Es decir que la crisis capitalista es incluso la crisis de la concepción histórica de la propiedad privada.

Hay que reemplazar el método de la intriga por el volanteo en las calles y en las fábricas. La crisis impulsa a la iniciativa, es decir, que el futuro del movimiento se encuentra en manos de quienes intervengan en la realidad presente. Es una dialéctica extraña, pero quien durante años milita por el desarrollo natural del progreso histórico, finalmente se termina transformando también él en parte del progreso porque representa determinados intereses, posiciones y alcances de una determinada época.

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LOS METODOS DE LA TROIKA TERMIDORIANA

Los instigadores del PO se lanzan en un furibundo ataque a Jorge Altamira y el grupo de escindidos; el artículo de Jorge Navarro, otro nuevo, se titula “Altamira y los estatutos del PO”, los argumentos causarían risa si no fuera por el retorcido análisis histórico que presenta, el que causa repugnancia.
Empieza, como apoyo a “los estatutos del PO”, escribiendo que “Los estatutos toman el legado del Partido Bolchevique de Lenín y Trotski, y especialmente las resoluciones de la III Internacional”, sigue mas adelante con que “el Partido comunista solo podrá desempeñar su papel si está organizado del modo mas centralizado posible, si es mantenida una disciplina de hierro quasi militar y su organismo central está munido de amplios poderes, ejerce una autoridad incuestionable y cuenta con la confianza unánime de los militantes”= “1984”.
Este fué el modelo de Lenín que resultó en la expulsión y asesinato de la “Oposición de Izquierda” y de Trotsky, es la “autoridad incuestionable”; por suerte el PO no tiene el poder del estado y solo puede expulsar a los “cuestionadores”. Aquí están expresados los argumentos que sustentan mi caracterización de “seudo-trotskistas”.
Sigamos con el escriba: “el Comité Central predomina sobre los otros organismos de la organización. En caso de conflicto es siempre la posición del Comité Central la que prevalece” y “El Comité Central controla toda las publicaciones externas e internas y designa los comités de redacción bajo responsabilidad de uno de sus miembros. Controla también la participación de todos los militantes en cualquier publicación”= Mas “1984”. Para Lenín y los leninistas el Comité Central reemplaza al planteo de Karl Marx de la Dictadura del Proletariado, se auto asignan su representación.
Con una falacia que enfurece el escriba , después de esta descripción del funcionamiento partidario, se queja de que “El documento fundacional del grupo (de Altamira) no fué presentado a CC (Comité Central)” y ” NO se solicitó el reconocimiento al CC”, como si Altamira no supiera que “es siempre la posición del Comité Central la que prevalece”. ¡ A buen monte iría por leña!
Como si fuera poco, otro párrafo del estatuto declara que “Toda fracción debe constituirse a través de un documento anunciando tal decisión, dirigido al Comité Central, solicitando su reconocimiento y exponiendo las bases políticas”. O sea, advertirles de antemano para que puedan iniciar las purgas antes de que se expanda; ya sabemos lo que les pasó en la Unión Soviética con los estatutos de la Tercera y adonde terminó; no es por casualidad que el seudo-trotskismo caracterizaba a la Unión Soviética como un “Estado obrero”, es que para los pequeño burgueses un estado puede ser “obrero” cuando ellos gobiernan, pero se les cayó y entraron en una bancarrota ideológica mayúscula.
Acusan que “Altamira y su grupo lanzaron hace ya tiempo sobre todos los dirigentes del PO la acusación sin pruebas de ‘burocracia’ ” y “…nunca hubo una resolución, una investigación y tampoco una denuncia de burocracia” ¿Alguien puede seguir este razonamiento retorcido?. Continúa con que “Altamira promueve el distanciamiento cuando no el enfrentamiento directo de viejos contra jóvenes, de hombres contra mujeres, de las provincias contra el centro, de obreros ocupados contra obreros desocupados, del conjunto de la militancia contra los compañeros rentados, del Partido Obrero contra el Frente de Izquierda”.
Esta última acusación resulta ilustrativa pero al revés: Han sido los jóvenes intelectuales pequebú , apoyados por no pocos carcamanes como Rafael Santos, que buscan escalar, los que iniciaron los “enfretamientos”; lo mismo con las feminazis que claramente impulsan el odio hacia los hombres; en cuanto a los “rentados”, estos de por sí generan desprecio ya que hay muchos que llevan décadas de “rentados”, aunque hoy día, aparte de que son subsidiados por el partido, nadie está ya obligado a “proletarizarse”.
En cuanto a los “de las provincias contra el centro”: Es el centro que envía a sus feminazis a sus “Encuentros de Mujeres” a las provincias, una clara provocación, desde donde han sido expulsadas a cascotazos; no “entienden”. Lo “de obreros ocupados contra obreros desocupados” es una estafa mayúscula lo de “obreros desocupados”; se trata del “Polo Obrero” uno de los sectores con los que empacaron el XXVI Congreso, que se compone de carneros tercerizados, lúmpenes y delincuentes, de los que los obreros son las víctimas de su carneraje y su delincuencia a los que los intrigantes buscan convertir en sus patotas de choque. Al pan, pan…
En cuanto a lo del PO y el FIT, esto solo puede entenderse por su molestia por la acusación que hace Altamira de “electoralistas”, o sea, que el “partido” debería tener una línea ideológica, mientras el FIT es una alianza sin principios donde cada uno tira hacia la dirección que se le antoja, y después hablan de adherirse al “estatuto”.

Ahora bien, Altamira fué el creador de este engendro y “descubrió” toda la bosta en la medida que era desplazado; los que se van con el , lo hacen por múltiples razones, muchos están asqueados con la línea política, otros son oportunistas; lo que es claro es que el desangre del PO recién empieza, hay muchos que esperan y miran desde donde sopla el viento o, quizás porque no tienen clara aún la salida; después de todo, Altamira no es ningún ejemplo proletario, ni siquiera un ideólogo revolucionario. Sea como fuere, la debacle del PO no es de lamentar, en el movimiento obrero han sido grandes conductores de derrotas. El destino del resto de las organizaciones que conforman el FIT-U será el mismo una vez que comprueben el repudio a su política en las próximas elecciones, todos ellos provienen de otra implosión en el MAS pero no han asimilado la lección.
Creo que a través de casi 30 años de crítica a su política, puedo acreditarme una pequeña porción del aporte a la clarificación ideológica, no en vano el cerdo judío Rafael Santos , claramente molesto, hace unos veinte años , en un evento político, trató de ridiculizarme diciendo “este es el que se la pasa escribiendo e-mails”, los que han ido a cientos de recipientes; creo que mis 40 años de prole me dan un poco mas de autoridad que la de los pequeño burgueses “rentados”.

“Si es que hay alguna esperanza, esta reside en los proles” : “1984”
¡Ni un voto obrero al FIT-U; Vote en Blanco!
Gati

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