Una propuesta a la tendencia del Partido Obrero

Escribe Maxi Laplagne

No deben leerse nunca de forma literal los mensajes de los medios de comunicación de la burguesía pero, siempre, expresan, al menos intenciones. La sección económica de La Nación acaba la jornada del día de hoy recordando que “el mundo del trabajo” sigue vivo y tras difundir el proyecto explícito de reforma laboral que presentarán Bullrich y Pichetto el diario de los Mitre salta la grieta y confirma que Claudio Moroni, el banquero ministro de trabajó que nunca trabajó, “discute la modernización de los convenios colectivos de trabajo”. Aunque el regreso a clases presenciales corra por unos días el eje de los problemas políticos cruciales de la Argentina, los ataques al proletariado no se resumirán en pandemia a las aulas y el problema, ya de características históricas, de la burguesía por avanzar en una reestructuración general de las relaciones laborales en la Argentina sigue vigente. El gobierno intentará explotar la desorganización política general que ha gestado la pandemia entre el movimiento obrero para meter cuña. La imagen del Gordo Mortero, al menos como emblema, vuelve a decir presente.

No se trata de obrerismo de mameluco. Menos cuando los obreristas de los dos mil llegaron al 2021 pidiendo la libertad de Lázaro Báez en La Izquierda Diario. No, al contrario, se trata de intervenir en la crisis dándole una fisonomía propia al movimiento obrero para hacerlo emerger como variante política organizativa. Y, digamos, hablar de crisis por fuera de la pandemia es pedalear en una bicicleta fija. Tanto los editores de 1917 como los militantes de la tendencia del Partido Obrero defendimos a fin del año pasado en el plenario abierto del SUTNA que para avanzar políticamente la tarea más importante era que la izquierda impulse entre la clase obrera una deliberación sobre la gestión capitalista de la pandemia y sus consecuencias mortales para la humanidad en general. La posición del resto de la izquierda, se sabe, fue completamente opuesta y recurrieron a la convocatoria a una movilización en diciembre que no agrupó a ningún obrero del país, no preparó una campaña y, sobre todo, le dio la espalda a las luchas de los trabajadores de la salud, enfermeros y residentes que crecían exponencialmente en todo el país. Al contrario, la pandemia ha vuelto al centro de la escena mundial. Teníamos razón.

Una campaña política, siempre, implica dos variantes, la organización interna tiene que ser perfecta para poder golpear hacia afuera. Por ejemplo, no existe nada más vacío que exigir un paro a la CGT si nuestras fuerzas tienden a cero. En cambio, una campaña de movilización política, pronunciamientos, mesas en las esquinas, panfletos en las fábricas y toda la creatividad política dispuesta a cumplir los objetivos, necesariamente aumenta las fuerzas de nuestra trinchera para, después sí, avanzar contra la trinchera enemiga. Allí radica el problema crucial de un partido que consiste en poder unir los cabos de la teoría revolucionaria con su práctica. Un recorrido al respecto lo hace el libro editado por nuestro partido hace unos años titulado La Revolución Rusa en el Siglo XXI que da consistencia a las demostraciones de Trotsky para demostrar que la dirección bolchevique no se constituyó en la dirección general de todo un movimiento revolucionario solamente por las tesis de Lenin sino, sobre todo, por la intervención activa de los militantes en las calles y en las fábricas, en particular, agitando la consigna de “guerra a la guerra”. La actividad insistente de este lado, luego, se expresó en la organización masiva de los que estaban del otro lado. Descubrir la dialéctica de la organización política forma parte de un trabajo activo.

En los tiempos revolucionarios no existen fórmulas mágicas que destraban la sucesión de los hechos porque, al contrario, son los hechos los que imponen las fórmulas. Si en diciembre se trataba de denunciar la gestión capitalista de la pandemia en sus rasgos genéricos, a la expectativa del estallido de una burbuja financiera creada a partir de subsidios multimillonarios al capital, ahora, también se trata de abordar en terminos socialistas la crisis gestada por la distribución capitalista de las vacunas (que incluye a los amigos del poder, como muestra Ramal, por ejemplo, en el caso de Guzmán) y, (al contrario de lo que buscarán hacer los macristas convocando movilizaciones con consignas derechistas), nosotros tenemos la tarea y la obligación de convertir la indignación política en indignación revolucionaria. Por momentos de la pandemia, Política Obrera intentó orientar a la militancia a dirigirse al movimiento obrero porque fue en las fábricas el primer lugar donde estallaron los centros de contagios mientras gran parte de la población aún permanecía en cuarentena y hasta se discutía la viabilidad de hacer movilizaciones. La tapa “las patronales contagian” apuntaba a demostrar la responsabilidad capitalista a la hora de fomentar el coronavirus y a ello le oponíamos la convocatoria a comisiones internas y trabajadores en general a discutir sus propios protocolos. Debe decirse, sin embargo, que esta situación no se ha modificado un ápice y que, en vez de correr el eje de las fábricas, la reapertura general las vuelve a poner en el centro porque a los contagios internos ahora a cada trabajador se le sumará el contagio familiar de sus hijos en la escuela y el transporte saturado mientras si quiera se habla de en qué momento la vacunación llegará a los centros de producción. Por su puesto que no se trata de que nosotros establezcamos las prioridades de la vacunación en un país donde el 40% de la población trabaja informalmente y no sabemos ni cuando tendrá lugar a su vacunación pero sí, en cambio, se trata de explotar la crisis de la vacunación vip entre el movimiento obrero. Será la fuerza organizada del proletariado le que conquistará la vacuna, incluso, para los millones de desocupados. Creo que he utilizado demasiadas palabras pero, la realidad, es que se trata de una de las campañas más simples en la historia del movimiento obrero ¿Cómo es que Duhalde está vacunado y nosotros no? Nosotros sabemos cómo, lo explicamos… es la naturaleza política de la sociedad capitalista la que contrapone el lucro a la vida. Altamira agita en los medios el aniversario de la Comuna Francesa, excelente, seamos pedagógico en ellos, un panfleto, por ejemplo, podría explicar brevemente qué fue la comuna, cómo funcionó, qué orientación tenía, qué objetivos y qué límites históricos presentó.

La campaña en las fábricas no se desliga, claro, de la campaña electoral. Al contrario, la potencia porque ubica a toda una clase social interviniendo políticamente en la crisis.

Dicho esto, no me cabe duda de que la gran mayoría de los compañeros, muchos probados en años de lucha de clases, acordarán en los términos planteados. Sin embargo, de lo que se trata, es de llevarla a la práctica, lo cual, sin dudas, ha sido el desafío más complejo desde la formación de la tendencia. Por ejemplo, si no fuese por los textos en la web, nunca podríamos defender que verdaderamente convocamos a las masas en el 2018 a expulsar a Macri porque jamás imprimimos un volante, nunca juntamos firmas por convocar a una asamblea constituyente, nada. Creo que radica allí la necesidad de avanzar en organismos políticos realmente democráticos en el partido en los cuales se coloquen objetivos inmediatos a cumplir y que hagan coincidir los enormes esfuerzos teóricos realizados hasta el día de hoy con una organización consecuente de los planteos.

La campaña en el movimiento obrero que propongo debe ser nacional y, sobre todo, detallado en todos sus rasgos. El primer paso de una planificación socialista del poder debe ser que nosotros podamos planificar nuestra propia actividad, calculando exactamente en qué fábricas intervendremos, con qué objetivos y qué resultados, en qué esquinas saldremos a agitar y a cuántos compañeros pudimos reclutar. Quizá algún compañero me responda “ahhh… pero le hablas a toda la tendencia… ¿por qué no lo haces vos?” y tendrá razón así como yo también le responderé que lo hago, que hace un año quienes editamos este periódico agitamos no sólo en nuestras escuelas (la mayoría somos docentes) sino en varias fábricas de la Capital pero, debe decirse, los límites de una campaña aislada son gigantes y el avance real de una campaña requiere la intervención de un partido. Creo que ello ha sido demostrado en la historia.

Sin más, discutamos la organización de un comité que planifique una campaña política que bien realizada quedará en los anales de la historia argentina y conformará a los cuadros que se pondrán a la cabeza de la toma del poder por parte del proletariado. Propongo la consigna: “nosotros producimos, ellos se vacunan” pero todo está sujeto a discusión.

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