El vendedor de algodón de azucar

Acto I | El vendedor de espejos.

Acto II | El vendedor de copos de nieve

Escribe Maxi Laplagne

Otras calles. Otro barrio.
¿Lejos? No tanto.
Vende ahora otro señor copos de nieve
caminando camino al centro
por Avenida Corriente.

Lo corre Joaquín.
Quince años.
Sí, ya lo sabe, está grande para copos.

Chifla.
Quien copos vende arquea los ojos y se vuelve a Joaquín.

Dame dos, dice. Uno para mí y otro pal´ Pamelito.
Pamelito, hermanito suyo que venía corriendo de atrás.
Oh Pamelito.
Pamelito tose. De la ansiedad será. Es verdad que es común el copo de nieve pero es también verdá que no es cosa de todos los días.

El vendedor se llama Samuel.
Por razones estéticas es importante que el lector no le ponga acento en la é. Samuel. So english.

Es un tanto mágico el proceso de la transformación de azúcar en algodón. Si. Pamelito está estupefacto y si pudiese comunicarlo le contaría a todos los conocidos suyos y hasta lo publicaría en la prensa escrita porque bueno, no, en verdad no podía ser lo que estaba viendo. Un universo de estrellas y planetas revolviéndose vio en la fuente caliente que batía el copo de azúcar que le tocaba comer a él.

Su lenguaje es rudimentaria, de niño de 3.
Lo dice como puede: “¡Estella!”.
“No Pamelito, copo de nieve”, corrige Joaquín.
Ni la peleó. Se rindió facil Pamelito.

Cuestión es que se come el copo de nieve y como ya se habrán dado cuenta no me hubiese gastado en escribir esta historia si no fuese porque obviamente los trasladó a algún lugar distinto, un tanto ideal si se quiere. Todo rosa. Todo acolchonado. El mundo se vuelve azucarado y un impulso lo inspira a Pamelito a correr grito salvaje mediante. Estado de naturaleza si lo quiere usted llamar así.

*

Que de que
que qué está pasando.
No cabe en mi explicar lo que sucede en la cabeza de un niño.
Corre. Ya lo dije, eso es todo. Sus piernecitas aún recuerdan a lo bebé del ser en el mundo que ya era nuevo para él y ahora es como nuevo de nuevo.

¡Waw! ¿Será que habrá madurado tan rápido?
Llegó al obelisco. Influido por el algodón lo ve color de rosa.
Siente una especie de llamado divino, una fortaleza que le llena el espíritu y haciendo caso a sus antepasados primates trepa el obelisco, toma la bandera argentina y la empieza a flamear.

Qué que está pasando ya no lo sé.
Pensaba sólo en otro mundo
o acaso haya sido solo el efecto del azúcar.
Bue, no importa. TN manda un camarógrafo que llega antes que los mismísimos bomberos. Númeral. Pamelito ya es tendencia.

Algo representa
¿Por qué el obelisco? Bueno, de psicología social yo nada sé. Pero de repente Pamelito es héroe nacional. Se corre el pañal a un costado y le hace pipí al camarógrafo que le enfoca.

Carcajadas. Ya no sólo en su ciudad porque Pamelito es tendencia internacional. Un bebé colgado del palo ese que sale del medio de Buenos Aires. Y sí, imaginate, los padres toman nota antes que conclusiones y captan que ahora todos sus niños prentenden disfrutar de su infancia al menos una vez trepándose a lo más alto del obelisco.

Dato, no opinión.