Esperando la vacuna

Escribe Cata Flexer

Europa está ya en la segunda ola, mientras la primera no parece tener fin en la Argentina, al pasar el pico en el AMBA pero se desarrolla la epidemia en el interior, especialmente en las grandes ciudades como Córdoba, Rosario y Tucumán. Frente a este panorama, la esperanza ha llegado en la forma de varios anuncios sobre el avance de las investigaciones en curso para producir vacunas.

Iremos al grano, ya en otra nota hemos profundizado sobre el negocio de las vacunas, sin dejar de señalar todo su potencial. Actualmente hay once vacunas en la última fase de experimentación (III, con decenas de miles de voluntarios), y de hecho algunas ya se aplican a personal de salud y militares de Rusia, China y Emiratos Árabes. La tecnología que utilizan estas potenciales vacunas son varias, pero las que han mostrado más potencial son dos: las de vector viral (AstraZeneca-Oxford, Sputnik V, Johnson y Johnson, CanSino) y las de ARNm (Moderna y Pfizer). Ambas entran dentro de la categoría de “genéticas” (para diferenciarlas de las vacunas tradicionales de virus inactivados o atenuados) pero las de vector viral llevan dos décadas de estudio y existen algunas aprobadas para otras enfermedades (de hecho los equipos de Oxford y Gamaleya desarrollaron esta tecnología para vacunas contra el Ébola), mientras que todavía no existe ninguna vacuna probada para humanos de ARNm.

La novedad de la semana es que se han conocido los resultados preliminares (todavía no fueron publicados en revistas especializadas para ser evaluados por otros científicos) de la vacuna de Pfizer y la Sputnik, con un 90 y 92% de eficacia respectivamente (una vacuna se considera útil si supera el 60%). Excelente novedad, si se corroboran los datos. Pero entonces nos enteramos ahora que el problema no es sólo el descubrimiento de una vacuna, sino que tenemos al menos otros tres problemas:

1) La logística. Todas estas vacunas necesitan de una cadena de frío, que en el caso de la Pfizer (y la de Moderna) implican temperaturas de -70ºC (muy muy frío, no alcanza con un los freezers comunes que tienen los servicios médicos. De hecho, han subido exponencialmente las acciones de dos compañías que fabrican los medios para mantener el frío. En fin, Argentina no tiene los medios para poder garantizar la cadena de frío de estas vacunas. 

2) La disponibilidad. Todas estas vacunas ya se están produciendo a la espera de que sean aprobadas (claramente son un negoción, porque las farmacéuticas se arriesgan a perder millones de dosis). Aún así, la producción no alcanza. Las grandes potencias ejercen una política de imperialismo de la vacuna, acaparan para sí la mayor parte de las partidas. Por esta razón todos los estados se lanzaron a hacer acuerdos de compra previa, como hizo Argentina con AstraZeneca y Rusia. Además, la duración de la inmunidad (aún no probada) es limitada, por lo que habría que seguir vacunándose regularmente. Hay que agregar que algunas compañías estarían vendiendo la vacuna “al costo” (el real nunca lo sabremos) mientras dure la pandemia a la que le han puesto fecha de vencimiento a mediados de 2021. Así, una vacuna que hoy valdría 4 dólares puede valer 40 en pocos meses (el precio a la que venderá Pfizer, que tiene menos escrúpulos de los investigadores de Oxford).

3) Lo más importante ¿funcionará? En caso de que la eficacia no sea tal  incluso si tiene efectos adversos a largo plazo, los costos humanos y económicos los pagará la población. La emergencia sanitaria ha hecho que se salten muchas etapas que normalmente se seguirían a la aprobación de una vacuna, que suele llevar años porque se deben hacer estudios de seguimiento a largo plazo. A esto se agrega que ante los efectos adversos las demandas deberán realizarse bajo la jurisdicción que elijan las compañías. Quienes escribimos en 1917 apoyamos abiertamente la vacunación obligatoria (y gratuita) de toda la población, sin embargo, señalamos que la seguridad de vacunas y fármacos debe poder ser estudiada por el conjunto de la comunidad científica. Las leyes de patentes hacen que la fórmula de las vacunas sea secreta, salvo para las autoridades regulatorias, de modo que los científicos solamente conocen la investigación sobre los efectos, pero no conocen cómo se hace la vacuna. Exigimos, por lo tanto, que todo el proceso de investigación sea público para que la comunidad científica pueda trabajar de conjunto para el progreso de la humanidad, cosa que las leyes burguesas prohíben porque anularía el monopolio de los laboratorios privados sobre sus formulaciones, que podrían ser replicadas por cualquier laboratorio público.

Por último, debemos señalar que los anuncios de la (posible) llegada de la vacuna a la Argentina, han sido el telón de fondo para que el gobierno levante tanto las medidas de aislamiento como de ayuda social por la pandemia, al punto de no incluir una sola partida para combatir la enfermedad en el presupuesto 2021.

1 comentario

Añade el tuyo

«Prensa Obrera» presenta un artículo de una bióloga, Lucia Maffey, que explica las vacunas disponibles pero no disponibles; no menciona para nada Maffey, ni le debe sorprender, que las vacunas aparecen como hongos después de la lluvia después de las elecciones Yankees.
Pregunta Maffey: » Cuando tendremos una vacuna efectiva para Covid 19?». Bueno Lucia, apuesta para el 20/1/21, si es que se certifica el fraude del Partido Demócrata. El seudo-trotskismo, como todas las Fake News Yankees no mencionan, ni dan crédito, a la administración Trump por su inversión de miles de millones de dólares en las compañías farmacéuticas para que trabajen en la producción de la vacuna » a ritmo de guerra»; y si trabajaron pero no para darle crédito a Trump, aguantaron la vacuna y ahora aguantan la distribución.
Maffey menciona el interés de estas compañías en las ganancias, lo que es correcto, pero esto no se supedita al interés político. Las estafas están a la vista: Pfizer anunció primero que su vacuna era un 90% efectiva, pero cuando salió Moderna anunciando que la suya era 95% efectiva, de inmediato Pfizer descubrió que la suya es también efectiva en un 95%. Maffey menciona a estas dos vacunas y la vacuna rusa Sputnik y dice que las tres tienen la misma posibilidad de ser aprobadas por la Food and Drug Administration de los Estados Unidos; debe ser una broma de Maffey, los rusos pueden esperar sentados que la FDA le apruebe su droga. Ingenua o falaz?.

Deja una respuesta